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lunes, 19 de marzo de 2012

Fernando Lugo debe reclamar tierras a Pompeyo y a Humberto Rubin



El cura presidente Fernando Lugo puede aliviar la situación de los carperos reclamando las tierras adjudicadas a su hermano Pompeyo



Cuenta la historia que en el año 756 E.C., los Estados papales italianos (gran parte de la ciudad de Roma y las principales áreas de la Italia occidental) fueron oficialmente adquiridos por la Iglesia Católica. Esta transferencia de tierras fue legitimada sobre la base de un documento supuestamente escrito por el Emperador romano Constantino I, en el año 337 E.C., el cual concedía todas estas regiones al Papa Silvestre I (Papa desde 315-335 E.C.) y a sus sucesores. Hoy en día se sabe que la donación de Constantino fue realmente labrada alrededor del año 750 E.C., poco antes de que la Iglesia Católica adquiriera los Estados Papales (y muchos siglos después de la muerte de Constantino), y que se trata de un documento apócrifo, es decir, un fraude develado por Lorenzo Valla en 1440.
Se supone hoy que el documento fue escrito durante la segunda mitad del siglo VIII, como ayuda al Papa Esteban II en sus negociaciones con el Mayor del Palacio de los Francos, Pepin el Petiso. El Papa cruzó los Alpes para ungirlo como Rey en el año 754 E.C. , permitiéndole a la familia Carolingia, a la cual Pepin pertenecía, suplantar a la antigua Dinastía Real de los Merovingios que se encontraba en decadencia y sin poder. Aparentemente Pepin, en un inicuo contubernio, le había prometido al Papa otorgarle las tierras que los Lombardos habían tomado de los Bizantinos en Italia.
La promesa fue cumplida en el año 756. La supuesta donación de Constantino le facilitaba a Pepin dar las tierras en forma de restauración, otorgando así, derechos políticos económicos y sociales, los cuales la iglesia no poseía. En realidad, era un documento fraudulento fraguado para la coyuntura, a la que se atribuyó una antigüedad inexistente.

Fraudes paralelos se dan hoy en el Paraguay gobernado por un digno heredero de la jerarquía católica, el cura Fernando Lugo.

Se dice que la tierra tiene lo que quien la trabaja levanta de ella, aunque en el caso de las tierras destinadas a la reforma agraria en Paraguay, las tierras significan las puertas del paraíso terrenal para quienes negocian con ellos, vendiéndolas a terratenientes brasileños para ser utilizadas en agricultura mecanizada. Entre quienes superaron así la pobreza se encuentran varios ministros de Lugo, incluido el responsable de la cartera del Interior, así como sus mismos parientes.

Por si ello fuera poco, nos enteramos por estas fechas lo que ya todos sabíamos: el gobierno del cura Fernando Lugo también permitió robos en el Indert, de acuerdo a los documentos que muestra el mismo interventor luguista de la administración luguista.
El modus operandi de prácticas de corrupción en el Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert), que regía durante los gobiernos colorados, no desapareció durante el gobierno de Fernando Lugo, según los primeros resultados proporcionados por el equipo del interventor, Emilio Camacho, informa la prensa mediatica, gran defensora y contemporizadora con el gobierno arzobispal. Sin embargo, cuando los anteriores gobiernos adjudicaban tierras a los allegados y amigos, se trataba de un robo. Hoy se afirma desde el gobierno que la ley lo permite.

Lo peor de todo es que luego de llenarse la boca condenando al narcotráfico, y acusar a su más probable sucesor Horacio Cartes de estar vinculado a ese delito, resulta que de ese mismo negocio provino la financiación de la campaña arzobispal. El diputado Víctor Bogado, líder del nuevo movimiento Avanzar Colorado dentro de la ANR, retrucó al precandidato Horacio Cartes, y le recordó que fue él como empresario uno de los que financió la pasada campaña electoral de Fernando Lugo, en abril del 2008 en contra del Partido Colorado.

La polémica se inició cuando referentes del movimiento de Cartes afirmaron que el mismo cura presidente Fernando Lugo intenta contactar con el personaje que acusan de narco, para realizar “arreglos” con miras al traspaso de poder.

El gran hermano

No solo los ministros y otros allegados al gobierno del cura Fernando Lugo fueron beneficiados con tierras sin ser sujeto de la reforma agraria, también algunos de sus parientes.
Pompeyo Lugo, el hermano del presidente de la República, Fernando Lugo, fue uno de los beneficiados de la reforma agraria en 1990 con 21,5 hectáreas en Edelira, kilómetro 11, de la Colonia de Repatriados del Sur, en el distrito de Natalio, Departamento de Itapúa.
Pompeyo pagó la irrisoria suma de G. 6.412.955 por la propiedad, destinada a la reforma agraria para contribuir al desarrollo económico de los campesinos.
Según el título de propiedad otorgado por el IBR, las tierras de Pompeyo habían sido expropiadas de los sucesores de Domingo Barthe, finca 422. Actualmente el Gobierno sigue buscando las tierras de los herederos de Domingo Barthe, de manera a realizar una mensura judicial. Anteriormente, quienes hoy ocupan los cargos en el gobierno del Paraguay hablaban de robo cuando se revelaban que tierras habían sido adjudicadas a personajes identificados con el viejo régimen, hoy justifican al gran hermano afirmando que “la ley lo permite”.

La misma impunidad rige para los ministros del gobierno luguista, incluido el ministro consorte Humberto Rubin, gran beneficiario de la reforma agraria de Stroessner en pago por animar la fecha feliz. Nadie recuerda la opulenta estancia del jerarca estronista Hugo de Jesús Araujo, ni las tierras recibidas por el ministro Francisco José Rivas, Paulo Reichart, ni las extensiones que heredó el ministro del interior Carlos Filizzola.

Nepotismo escandaloso y con raices

El estilo inquisitorial y la práctica del nepotismo son algo natural en jerarcas de la iglesia católica como Fernando Lugo, con una raigambre en el tiempo que se remonta a varios siglos atrás.

La historia de la iglesia católica recoge la memoria del Papa veneciano Eugenio IV, proclamado Sumo Pontífice en el año 1431. La carrera política de Eugenio, cuyo verdadero nombre era Gabriela Condulmer, había sido fulgurante. A los 24 años se había convertido en Obispo de Siena, a pesar de la repulsa de la clase política en dicha ciudad, contraria al nombramiento de un obispo extranjero. Poco tiempo después, Eugenio IV accedió al puesto de tesorero Papal, luego se convirtió en Cardenal de San Marcos y San Clemente, para posteriormente llegar a Cardenal de la Basílica de Santa María en Trastevere, antes de convertirse en Papa tras firmar con los demás cardenales un acuerdo que se parece bastante a los que suscriben los políticos paraguayos de nuestros días para sus alianzas electorales. El tratado consistía en que juraba distribuirse con ellos la mitad de las ganancias de la Iglesia, además de consultarles toda interrogante relacionada con las finanzas de la institución. Un contrato parecido firmó el cura Fernando Lugo con la mayoría de sus promotores y auspiciantes, hoy convertidos en dueños de peajes, quinielas y haciendas en todo el Paraguay.
De todas maneras, la carrera política de Eugenio no hubiera sido tan brillante si no hubiera sido sobrino de su antecesor, el Papa Gregorio XII. Entre pontífices venecianos, la transmisión de tío a sobrino esta asegurada, dado que el sucesor de Eugenio fue a su vez su sobrino Pablo II, Papa de la Iglesia católica de 1464 a 1471. Lo mismo hoy sucede con los agraciados sobrinos y parientes de Lugo.
La carrera del sobrino de Eugenio IV, cuyo nombre era Pietro Barbo, fue igualmente deslumbrante. A poco de ser nombrado su tío Papa, la carrera del futuro Pablo II inició su resplandeciente despegue, de forma similar al de los sobrinos del clérigo-presidente del Paraguay Fernando Lugo luego de los comicios del 20 de abril. De archidiácono de Bolonia, Pietro pasó a obispo de Cervia y Vicencia y finalmente, en 1440, fue nombrado Cardenal.
Cuando el sobrinazgo lo catapultó al Papado, Paulo intentó deshacerse de los funcionarios del Vaticano que tenían doble sueldo, mal que fue transmitido hasta nuestros días hasta llegar al gobierno arzobispal de Lugo. Muchos otros Papas medievales criaban a sus hijos ilegítmos como sobrinos y les daban preferencia, elevando a la mayoría a cardenales de la iglesia, y a veces lograban perpetuar una dinastía papal. Calixto III, de los Borja, convirtió a dos sobrinos en cardenales y uno de ellos llegó a convertirse en el Papa Alejandro VI. En el caso de Lugo, se sabe que sus hijos no reconocidos en varios casos ubican a sus parejas con jugosos sueldos en Itaipú o Yacyretá.

Así como fueron ubicados en importantes cargos los hermanos de Viviana Carrillo, el mismo Alejandro VI promovió al hermano de su amante Julia Farnesio como cardenal, el cual luego se convertiría en el Papa Pablo III. Este último Papa tampoco se privó de practicar el nepotismo al promover como cardenales a sus dos sobrinos (de catorce y dieciséis años).
El cura Fernando Lugo fue fiel a esta tradición al alcanzar el poder, convirtiendo en letra muerta las leyes al respecto, como la 2777, que castiga el nepotismo en la función pública, y establece en su artículo primero que “el Presidente de la República... no podrá nombrar en cargos públicos de designación directa, no electiva, a parientes comprendidos dentro del cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad, salvo que tales nombramientos se efectúen en el marco de un concurso público de oposición”. A pesar de esta disposición, hace tiempo los medios publicaron nóminas de parientes del cura presidente ubicados en zoquetes sin mayores consecuencias, entre ellos Fernando Lugo (sobrino) en la EBY,Angel Maidana (sobrino) en ANDE,.Blas Maidana (sobrino) en la EBY, Juan Lugo (sobrino) en Itaipú,Luis Paciello (yerno) en la EBY. Félix Chávez (sobrino) en el Despacho de la Primera Dama,Félix Zelaya (primo) en el MOPC,Mirtha Maidana (sobrina) en el Despacho de la Primera Dama,Sonia Maidana (sobrina) en el Despacho de la Primera Dama, Lourdes Altamirano (nuera de su hermana), Despacho de la Primera Dama,Mercedes Lugo (hermana), nombrada por decreto primera dama de la Nación a pesar de que el cura presidente tiene más mujeres que un sultán. A pesar de todas estas irregularidades hechas públicas, Lugo y los suyos no cesan de pontificar sobre los mismos males que han acentuado como si no tuvieran nada que ver con ellos.

Se dice que quien escucha un reclamo, escucha un daño, lo peor es que en el caso del cura Fernando Lugo y sus cortesanos, los mismos responsables del daño hoy hacen oír sus reclamos. LAW