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jueves, 19 de mayo de 2011

PT APOYA LA REVOLUCIÓN SIRIA Y LIBIA Y REPUDIA INTERVENCIÓN IMPERIALISTA

¡Estamos con la revolución libia y siria! ¡Abajo la intervención imperialista!
La revolución árabe continúa expandiéndose. Incluso, en los países como Egipto y Túnez, donde fueron derribados los gobiernos o regímenes dictatoriales, los procesos se siguen desarrollando.

Sus raíces son la lucha contra dictaduras que llevan 30 o 50 años, las terribles contradicciones sociales entre la tremenda riqueza de los recursos naturales que contrasta con la pobreza de la mayoría de la población y la corrupción de estos regímenes y gobiernos. Los efectos de la crisis económica internacional actuaron como detonante, al disparar el desempleo, especialmente en la juventud, y el alza de los precios de los productos básicos. En el mundo árabe, no hay país que haya quedado inmune a los procesos revolucionarios: Túnez fue el inicio, en Egipto dio un salto, se extendió y luego se expandió a Libia, Bahréin, Yemen y toda la región de Norte de África y Medio Oriente, incluso a Siria. Pero hoy todos esos procesos enfrentan un contraataque de la contrarrevolución que se manifiesta con una virulencia muy grande, aunque con distintas formas y personajes.

Siria es parte de la revolución árabe

La revolución árabe, en su conjunto, expresa también la lucha contra el saqueo imperialista y contra Israel. Libia y Siria no escapan a ese proceso. La explicación de sus gobiernos (la lucha popular es, en realidad, una “conspiración” contra regímenes que "se oponen al imperialismo") es una completa mentira. A pesar de los discursos, el presidente sirio Bashar el-Asad también es hoy un guardián del orden y de la estabilidad regional: sus fronteras con Israel son las más calmas de toda el área. Gadafi, por su parte, ya ni siquiera mantenía su discurso antiimperialista cuando explotó la revolución en Libia.

La lucha del pueblo sirio ya lleva más de 50 días y cada vez más ciudades y sectores se juntan al proceso de lucha revolucionaria contra la dictadura de los Assad (como si fuese una “dinastía”, Bashar heredó el poder de su padre Hafez), que responde con cada vez más violencia a la justa lucha de su pueblo.

Ya hubo más de 500 muertes de manifestantes por acción de la represión, que llega a utilizar tanques contra civiles desarmados. Cada día hay más muertos. Pero, a pesar de la represión, la lucha continua extendiéndose. Y ya aparecen las primeras noticias de divisiones en el partido de gobierno y en el ejército. El gobierno de Bashar el-Assad (cuya familia controla el poder desde hace cuatro décadas) se inició, en 2000, prometiendo algunas “reformas democráticas” pero, frente al actual proceso de luchas, desató una represión cada vez más dura que, a los centenares de muertos, suma miles de presos.

Los EEUU no quieren que caiga el régimen sirio porque, al igual que Israel, prefieren quedarse con “lo conocido” frente a la revolución siria. Incluso en Siria, cuyo gobierno tiene un “discurso” contra la agresión israelí, el mayor miedo es la “desestabilización”. Es decir, el avance de la revolución. Por eso, a pesar de las diferencias de su “discurso”, a pesar de haber sido considerado parte del “eje del mal” hasta pocos años atrás, en Siria, el imperialismo repite lo que hizo ante la revolución egipcia y está haciendo en Yemen: aconseja “reformas”, presiona por “aperturas” pero no se juega a derribar el régimen.

La respuesta del imperialismo

En el mundo árabe, existe una situación de encrucijada en que el imperialismo y las burguesías nacionales inician una contraofensiva contrarrevolucionaria frente al proceso revolucionario. En Libia, ella se apoya en una intervención militar, con aval de la ONU; en Bahréin, en la invasión de soldados de Arabia Saudita; en Yemen, en una fortísima represión del régimen. Lo mismo sucede en Siria, aunque este régimen se presente como “oposición” al sionismo y al imperialismo.

¿Cuál es la política del imperialismo frente a la revolución árabe? Intentar mantener el control y la estabilidad de la región, con regímenes que garanticen el “orden”. La revolución árabe amenaza la raíz de este “orden” y esta “estabilidad” imperialistas por su lucha contra los regímenes que son parte explícita de este dispositivo o contra aquellos que, más allá de cierta retórica, ayudan de hecho a mantenerlo.

La mayor amenaza actual para el imperialismo es la posibilidad de que el proceso se extienda a Arabia Saudita, la mayor productora mundial de petróleo y “garantía” de su abastecimiento internacional. Junto con ello, la amenaza a la existencia del enclave militar imperialista de Israel, que ahora sufre “inestabilidad” en todas sus fronteras: con Egipto, con Siria y por el reanimamiento de la lucha palestina, a pesar de la colaboración de la ANP.

Por eso, desde el inicio de la revolución árabe, hay un profundo miedo del imperialismo y del sionismo de que el proceso liquide las dictaduras que, como en Arabia Saudita, garantizan la producción de petróleo o, como en Egipto, ayudaban a la “seguridad” de Israel. Y si no se puede impedir que ese régimen caiga, que sea reemplazado por otro que también garantice esas cuestiones centrales

Con este objetivo de mantener el orden e impedir la total desestabilización regional, el imperialismo aplica distintas tácticas y políticas según los países. Hasta ahora, apoya a Assad en Siria. En Libia, había recompuesto sus relaciones con Gadafi y apoyaba su régimen, hasta que la insurrección popular y la guerra civil iniciada por Gadafi desestabilizaron completamente el país y amenazaron el flujo de petróleo hacia Europa. En Bahréin, apoyó la invasión de tropas de Arabia Saudita, para que, a través de una feroz represión, frenasen, por ahora, la revolución.

¡Abajo la intervención imperialista en Libia!

La intervención militar imperialista en Libia se da justamente porque, a partir de la pérdida de control del país por parte de Gadafi y la explosión de la guerra civil, se organizaron comités populares que se armaron, expulsaron al ejército de Bengazi y otras ciudades, y causaron una división en las fuerzas armadas, lo que hace que sea prácticamente imposible reestabilizar el país con Gadafi en el poder. Hoy hay un impasse porque los rebeldes, por su debilidad militar, no consiguieron derribar a Gadafi, ni éste, a pesar de las modernas armas que en el pasado le proveyó el imperialismo, consiguió derrotar a los rebeldes. Hace semanas que el frente militar se estancó en la práctica.

El imperialismo aprovecha esa situación e interviene, en nombre de “salvar vidas” y de la “paz”. ¿Por que, a pesar de la intervención imperialista, continúa un impase militar? Un aspecto central es la característica de la intervención. El imperialismo no envió tropas terrestres sino que, a través de la OTAN, hace ataques con la fuerza aérea y con misiles desde navíos cercanos. Ni siquiera Francia y Gran Bretaña se han atrevido hasta ahora a poner tropas en el territorio libio.

¿Cuál es el motivo? El marco es la crisis política abierta con la derrota del proyecto Bush. Dentro de la burguesía imperialista estadounidense hay una profunda discusión sobre qué es y qué no de “interés vital” de los EEUU en el área. En ese contexto, la propuesta de sectores importantes fue dejar la “carga” de la intervención en Libia en mano de los europeos e incluso se discute “pasar” la guerra de Afganistán a los nuevos “socios” (como Rusia, China, India y hasta Irán).

Es el “síndrome de Irak” (el pésimo resultado militar de la invasión a este país y el desgaste que ocasionó al gobierno de Bush) que genera una nueva política de evitar intervenciones militares terrestres. Valga como muestra las declaraciones del secretario de Defensa de Obama, Robert Gates, que dijo que sería “impensable una nueva intervención con tropas terrestres. Si algún ministro de Defensa lo propusiera, debería ser internado en un manicomio." Por eso, usan tanto los misiles, la aviación, y los drones[1].

El Consejo Nacional Libio

De otro lado, la debilidad principal del campo rebelde es su dirección: el llamado Consejo Nacional Libio, asentado en Bengazi. Es necesario denunciar que ellos le hacen el juego al imperialismo: piden mayor intervención, negocian con los gobiernos imperialistas y así permiten que Gadafi use un discurso de “víctima” de la agresión imperialista. Además, el impasse y el consecuente sufrimiento continuo de la población de las ciudades libias da espacio a que el imperialismo venga con propuestas para meterse en el país con la excusa hipócrita de "salvar vidas" a través de buscar "una solución política".

Este Consejo está formado mayormente por figuras que fueron parte de los gobiernos de Gadafi, como Mustafá Abdul Jalil, ex ministro de Justicia, quien renunció para unirse a las protestas, y el general Omar al Hariri, quien se había distanciado de Gadafi en 1975. La ausencia de una dirección en el campo rebelde dio espacio para que estos ex gadafistas ocupasen ese espacio. El imperialismo está utilizando el pedido del Consejo Nacional y su colaboración para justificar los bombardeos que matan un número cada vez mayor de civiles, inclusive de quienes apoyan la revolución libia.

Al mismo tempo, la OTAN se niega a proveer de armamento moderno y adecuado a los rebeldes, porque no confía que controlen a su base. Dentro de ella, según la agencia Al Jazeera, hay un importante número de militantes que se destacaron en los combates anteriores contra los EEUU en Irak, durante la ocupación imperialista de este país.

La “solución” de dividir el país

El imperialismo ha puesto en discusión una propuesta que repite la que ya fue aplicada en los Balcanes (Yugoeslavia) en la década de 1990. En ese entonces, frente a la guerra civil, primero la OTAN y después la ONU intervinieron en nombre de “la paz” y así trasformaron a Kosovo en un protectorado de la ONU.

Aprovechándose de la parálisis en el frente militar, la ONU y la OTAN proponen que se haga un alto al fuego y se imponga una división del país: por un lado, la Tripolitania y, por el otro, la Cirenaica (región oriental, con capital en Bengazi), y que se mantenga con la presencia de tropas de la ONU vigilando las nuevas fronteras. Si sucede eso, será una derrota grave para la revolución libia y toda a revolución árabe, lo que irá influir negativamente en todas las revoluciones del mundo árabe.

Si el imperialismo entra como “garante del orden” con un acuerdo de las dos partes, va a quedar un grave precedente. Así como en Egipto y Túnez, las masas mostraron que pueden derribar a los gobiernos odiados y apoyados por el imperialismo. En este caso, Libia daría la señal de que el imperialismo terminó ganando peso al intervenir en un proceso revolucionario y obtiene una base política suya en un territorio estratégico, basado en la aceptación de los dos lados.

La revolución árabe divide aguas

Frente a la revolución árabe, el castro-chavismo mostró que está en contra de la revolución más importante de los últimos 20 años. Esta corriente sostuvo a Gadafi desde el inicio, pero después de la intervención de la OTAN intentó justificar su apoyo al dictador, diciendo que el centro era luchar “sólo” contra la intervención.

Ahora, en Siria, después de varias semanas de que el pueblo sirio salió a las calles en forma pacífica, pero determinada, y es masacrado, los gobiernos y la corriente castro-chavista salen igualmente en defesa de Assad. En Siria no hay intervención imperialista. Sin esta excusa, queda claro que el problema de fondo es que ellos apoyan a esas dictaduras, justificando esa política en nombre de la supuesta resistencia que harían al imperialismo y a Israel. Pero ya hemos visto que eso es mentira tanto en el caso de Gadafi como en el del gobierno sirio.

Hezbolá apoya la masacre del gobierno sirio

También están siendo puestos a prueba los movimientos de resistencia dirigidos por los sectores islamistas. En Líbano, Hezbolá, que se ganó un gran prestigio por haber infligido una derrota militar y política a Israel en 2006, apoyó tardíamente la revolución libia y ahora ha salido en defensa de Assad.

¿Por qué? Por sus compromisos con la burguesía siria, iraní y libanesa. Alegan los mismos motivos que los chavistas, en este caso: decir que la revolución del pueblo sirio es en realidad una “conspiración” de políticos sunitas libaneses apoyados por el imperialismo. Han introducido en el Líbano la polarización pro o contra Assad. Usan así la autoridad política ganada en la resistencia contra Israel para apoyar una dictadura que ya vendió varias veces la lucha palestina y del propio Líbano y meten confusión en la cabeza de miles de activistas que miran las revoluciones populares buscando una nueva referencia de lucha.

La izquierda proimperialista

En el campo opuesto se ubican figuras de “izquierda” que apoyan y defienden la intervención militar imperialista en Libia. Es el caso de Ignace Ramonet, director de Le Monde Diplomatique (uno de los impulsores del Foro Social Mundial y su política de “otro mundo es posible” sin derrotar al capitalismo), y de Gilbert Achcar, principal referente del llamado Secretariado Unificado (SU) en las cuestiones de Medio Oriente. Ramonet escribió: “En este momento la ONU constituye la única fuente de legalidad internacional” y Achcar que “sería moral y políticamente equivocado por parte de la izquierda oponerse a la zona de exclusión aérea”.

Es una política criminal que apoya “por izquierda” el discurso imperialista de que interviene para “defender la democracia”. Con su posición, estas figuras y corrientes avalan los bombardeos y las víctimas civiles que producen, ayudan al imperialismo a meterse con tropas en la región e ilusionan a las masas y activistas libios y árabes de que esa intervención militar va a favor de su lucha y es para apoyarla.

No hay un imperialismo “malo” en Bahréin y uno “bueno” en Libia. Toda la acción del imperialismo en la región es contrarrevolucionaria, sólo que, volvemos a afirmarlo, se ve obligado a actuar con diferentes tácticas.

En el mundo árabe, está el campo de la revolución, es decir, el de las luchas revolucionarias, de las masas, y el de la contrarrevolución, integrado por el imperialismo, las burguesías nacionales asociadas, los regímenes dictatoriales y su represión, y también todas las maniobras que se hacen para frenar y desviar las revoluciones, si éstas han conseguido derribar esos regímenes.

Nuestra posición

Estamos del lado de las masas árabes, por la victoria de la revolución y por eso, frente a estas dos posiciones simétricamente criminales, que llaman a las masas a capitular ante las dictaduras o ante el imperialismo supuestamente “democrático”, la LIT-CI se pronuncia por:



¡No a la intervención militar imperialista, sea por la vía de la OTAN o de la ONU!

¡No a la división de Libia!

¡No a los "planes de paz" intermediados por la ONU!

¡Abajo Gadafi en Libia, abajo Assad en Siria y Saleh en Yemen! ¡Abajo todas las dictaduras del mundo árabe!

¡Viva a revolución árabe! ¡Viva la revolución en Libia y Siria!



San Pablo, 12 de mayo de 2011

Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional (LIT-CI)


[1] - NdR - vehículo aéreo no tripulado operado a distancia

lunes, 9 de noviembre de 2009

LA REVOLUCION RUSA ES INMORTAL

LA REVOLUCION RUSA ES INMORTAL



El 7 de noviembre se cumplieron 92 años de la Gran Revolución Socialista de Octubre, en Rusia, que instauro por primera vez en el mundo la democracia obrera, derrocando a la dictadura de los zares y del capitalismo internacional, que dominaban en uno de los países más grandes y poblados de la guerra.



No fue un golpe de estado, como ahora se difunde insidiosamente, sino una revolución de masas. Fue el inicio de una revolución que cambió el mundo.



Aunque la Unión Soviética dejó de existir y el extenso grupo de países que en su momento implantaron el socialismo ha quedado reducido a una mínima expresión, la luz de Octubre llega hasta nuestros días y aún se escuchan sus ecos.



Bajo el zarismo, Rusia era una cárcel de los pueblos, era el furgón de Cola de Europa. El Mujik (campesino pobre) ruso, descripto por León Tolstoi como una paria en su propia tierra, fue liberado gracias a la revolución socialista dirigida por el proletariado en alianza con los campesinos y los soldados. La tierra y los principales medios de producción fueron nacionalizados.



En pocos años se liquido el analfabetismo. La alimentación alcanzaba a todos, la educación y la salud eran gratuitas y se alcanzo un incomparable nivel cultural.



Pronto la Unión Soviética se convirtió en la segunda potencia mundial después de los EE.UU.



La revolución tuvo sus logros históricos que los capitalistas y sus servidores nunca podrán borrar con sus mentiras y deformaciones.



La Unión Soviética fue el principal factor para la derrota y el aplastamiento del fascismo en la 2da guerra mundial.



Fue la primera potencia en la conquista del Cosmos con los sputnik (satélites artificiales) y los primeros cosmonautas.



Fue un pueblo solidario e internacionalista que ayudo a muchos pueblos para su liberación.



Los errores y las desviaciones de Stalin al apartarse de los principios y de la moral comunista, no hacen sino reforzar los ideales de los miles y millones de mujeres y hombres, que adhieren al socialismo.

Qué queda en el año 2009 de esa revolución que aterrorizó a la burguesía y entusiasmó a los trabajadores? ¿Qué ha sobrevivido de ese 7 de noviembre que puso en pie a los parias del mundo?.



Aparentemente, nada. Y ese es el mensaje que difunden los propagandistas y voceros de las clases dominantes. La desintegración de la URSS y la vuelta al capitalismo en Rusia y en los países del este de Europa vendrían a demostrar el fracaso histórico de cualquier experiencia anticapitalista. El socialismo firmó su acta de defunción en 1991. Fin de la historia.



Pero nada más lejos de la realidad que los deseos de los intelectuales orgánicos de la oligarquía. La revolución rusa vive en la memoria histórica de los trabajadores, por más que historiadores sin escrúpulos, periodistas obedientes y tertulianos de todo pelaje se dediquen a tiempo completo a intentar sepultarla en el olvido, arrojando fango y difamaciones sobre Lenin y los bolcheviques. A noventa y dos años vista de aquel asalto a los cielos que tuvo como escenario Petrogrado, las lecciones de Octubre siguen presentes.



La revolución de 1917 demostró en la práctica que era posible una alternativa al capitalismo. Hasta ese momento, el socialismo era la teoría de Marx, Engels y Lenin encerrada en sus libros, ensayos y artículos, pero los bolcheviques convirtieron esa teoría en realidad visible y concreta. Los trabajadores y campesinos de Rusia fueron capaces de levantar un nuevo orden económico, social y político sin burguesía ni explotación del hombre por el hombre.



Haciendo frente a dificultades gigantescas, difíciles de imaginar desde la distancia de tantos años, se hicieron dueños de su propio destino y demostraron que otro mundo era posible. Y si entonces fue posible, también puede serlo hoy, porque la miseria, la explotación y la barbarie no sólo no han desaparecido de la faz de la Tierra, sino que se incrementan día a día.



El fin de la URSS no ha clausurado el ciclo de revoluciones socialistas. Ha terminado una experiencia concreta desarrollada en unas condiciones hostiles.

En la larga lucha de la clase obrera por su emancipación hay períodos de avance y de retroceso; fases de auge revolucionario y de reflujo contrarrevolucionario; momentos de agudización de luchas sociales y momentos de repliegue; guerra de movimiento y guerra de posiciones.



Desde 1991 el movimiento obrero y popular ha sufrido derrotas a escala mundial, pero la derrota es también una escuela de aprendizaje de la que surgirá inevitablemente una nueva oleada revolucionaria. El socialismo sigue siendo posible; es más, es el único camino para evitar la barbarie a la que nos conduce el capitalismo.



El marxismo continúa plenamente vigente como método de análisis de la realidad e instrumento teórico de la acción revolucionaria. Es un bisturí para diseccionar la sociedad y formular una política correcta en la lucha contra el capitalismo.



Es una lección que la economía planificada convirtió a la atrasada Rusia en una potencia mundial. Los economistas neoliberales intentan ridiculizar los logros económicos conseguidos por la URSS, pero lo cierto es que un país que en 1917 se encontraba entre los más atrasados de Europa, que fue arrasado por cuatro años de guerra mundial (1914-1917) y tres de guerra civil (1918-1920), fue capaz de derrotar a la Alemania nazi y, a pesar de sus gigantescas pérdidas, salir de la segunda Guerra Mundial con un potencial militar, científico y técnico equiparable al de Estados Unidos.



A menudo escuchamos que una revolución como la bolchevique no es posible en el mundo actual. ¡Vaya descubrimiento! Ningún acontecimiento histórico se repite de forma mimética porque las circunstancias se modifican. Pero los palacios de invierno siguen ahí y los habitan nuevos zares. Lenin dijo refiriéndose a la revolución rusa:



“Hemos empezado nosotros. No importa dónde , cuándo ni qué trabajadores o en qué país sean los que finalicen este proceso, lo verdaderamente importante es que se ha roto el hielo, se ha trazado la senda, el camino está libre”. Esa es efectivamente la gran lección del Octubre ruso. Abrió un camino que aún estamos recorriendo. No será sencillo. Está lleno de dificultades y sacrificios. Pero no hay otra alternativa. El socialismo es la única opción de supervivencia para el género humano.





Los inmortales ideales socialistas y comunistas florecen hoy en Cuba y guían los pasos liberadores en Latinoamérica y en el mundo, donde China y Vietnam dan también ejemplo de que otro mundo más que posible, es necesario.

lunes, 20 de julio de 2009

30 AÑOS DE LA ÉPICA VICTORIA REVOLUCIONARIA DEL SANDINISMO


Rosario Murillo : Vamos hacia el sol de la libertad, hacia nuevas victorias

Nicaragua y su revolución acogen el pensamiento y el caminar de los procesos libertarios que avanzan en América Latina, afirmó ante la enorme multitud que abarrotó la Plaza de la Fe


La compañera Rosario Murillo, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, dio apertura al acto oficial del 30 aniversario de la Revolución Popular Sandinista, manifestando que Nicaragua y su revolución acoge el pensamiento y el caminar de los procesos libertarios que avanzan en América Latina, a pesar los esfuerzos del imperialismo norteamericano tratando en vano de detenerlos.

Manifestó que la revolución sandinista condena los intentos de golpes de estado que pretenden impulsar las fuerzas oscuras de la extrema derecha y rechazó la asonada perpetrada contra el gobierno constitucional de Honduras, presidido por Manuel Zelaya Rosales.

“Desde esta plaza de La Fe, desde la Plaza 19 de julio, rechazamos y condenamos los intentos de golpes imperiales a la voluntad suprema de los pueblos, hoy en particular al valiente pueblo de Francisco Morazán y de Manuel Zelaya Rosales,.Nuestra condena desde lo más profundo de nuestra experiencia de lucha con la misma mano blanca y mano negra que también quiso aplastar esta revolución, que, a pesar de sus pesares, vive, se agita y hoy 19 de julio crece y avanza mas que nunca, porque en Nicaragua siempre será 19”, dijo Rosario.

En lo que constituyó el primer discurso de este acto de 30 aniversario, la compañera Rosario, confirmó que, dentro del proceso de adhesión de nuevos militantes, un total de un millón 109 mil 37 nicaragüenses se sumaron a las filas del FSLN, mientras el proceso de captación de militantes continuará en las próximas semanas.

“Esta es la patria latinoamericana y caribeña, donde vamos hacia el sol de libertad, hacia la vida, hacías nuevas victorias”, dijo.

Manifestó que el FSLN y el pueblo de Nicaragua celebra este 30 aniversario en pie de lucha y acompañando a las naciones que avanzan en ruta soberana y plena de independencia y autodeterminación.

En sus palabras, Rosario resaltó que Nicaragua vuelve a ser declarada libre de analfabetismo, gracias a la revolución sandinista que impulsó e impulsa la alfabetización, y gracias a la solidaridad de Cuba y Venezuela.

“Desde esta tierra libre y luminosa de Sandino, de Carlos Fonseca, de Julio Buitrago, de Leonel Rugama, de Arlen Siu y de Luisa Amanda Espinosa, declaramos, pregonamos, predicamos, proclamamos, que en Nicaragua, en América, en el Caribe, desde el ALBA, la marcha hacia la victoria no se detiene”.

Indicó que, durante las últimas semanas, se realizaron los congresos de mujeres sandinistas, las cuales, junto a la juventud sandinista, forjan la patria libre y la Nicaragua de la luz y la verdad, donde tienen participación las 109 alcaldías sandinistas logradas en los comicios electorales del año pasado.

Rosario ,al referirse al trabajo que realizan los gobiernos locales, tuvo palabras para recordar a nuestro campeón Alexis Argüello, recientemente fallecido y que ostentaba la Alcaldía de Managua.

Calificó al entrañable Alexis como el campeón de la humildad y de la reconciliación y de la unidad.

sábado, 23 de mayo de 2009

LA REVOLUCIÓN ES UN DERECHO DE CUBA.


LA REVOLUCIÓN ES UN DERECHO DE CUBA.

Manuel E. Yepe

“La Administración del Presidente estadounidense Barack Obama debía trabajar por lograr la reincorporación de Cuba a organismos internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional”, manifestó Paulo Nogueira Batista, un funcionario de dicho Fondo que representa a Brasil y a un grupo de otros 8 países latinoamericanos en el FMI, durante una conferencia sobre turismo mundial que tuvo lugar a mediados de mayo en la ciudad brasileña de Florianópolis.



El llamado no es algo excepcional. De hecho, se incorpora a los muchos que, tanto en Estados Unidos como en otras naciones, se formulan constantemente contra un bloqueo económico que ha sido condenado, casi unánimemente, por la comunidad mundial en la Asamblea General de las Naciones Unidas, año tras año.



Son denuncias que forman parte de las críticas más generales a la política de Estados Unidos contra Cuba que ahora están brotando en muchos escenarios, como es el caso de los pronunciamientos a favor de la restitución a Cuba sus derechos de pertenecer a la Organización de Estados Americanos que proliferaron en ocasión de la Conferencia Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, pese a que es sabido que la nación caribeña rechazaría tal reinserción.



Es tangible la incongruencia que existe entre el significado de las promesas de cambios que propiciaron al nuevo presidente de los Estados Unidos su elección. Para las masas de votantes significan muchas reivindicaciones sociales enajenadas no obstante la opulencia del país, en tanto que, para las élites que detentan el poder verdadero son las correcciones imprescindibles para evitar el derrumbe de un orden imperial gravemente amenazado.



Pero la impunidad con que la superpotencia se ha permitido mantener el evidente crimen de lesa humanidad del bloqueo a la pequeña isla vecina durante medio siglo, pone de relieve lo inicuo y absurdo de ese orden mundial a que se halla sometido el planeta y, así mismo, prueba que éste no se limita a los factores económicos sino que ha marcado profundamente la orientación política de mucha gente y grupos sociales.



Es evidente que hoy, en Estados Unidos, son muchos y muy fuertes los intereses que se movilizan contra el bloqueo económico de Cuba, la prohibición de los viajes de estadounidenses a Cuba y la ausencia de relaciones oficiales con la isla antillana.



Pero también es irrebatible que aún la mayoría de quienes abogan por el retorno a la normalidad de los vínculos diplomáticos, económicos, culturales y de todo tipo entre los dos países, se ven obligados por las huellas de cincuenta años de malintencionadas campañas de difamación, a acudir a la justificación de esta posición rectificadora con el argumento de que la revolución cubana no ha podido ser derrotada con las mañas agresivas hasta ahora utilizadas y es preciso adoptar otras más sutiles.



Son minoría aún en Estados Unidos, a mi juicio, aquellos que –al abogar o respaldar un cambio en la política de Estados Unidos respecto a Cuba- parten del argumento de que la revolución es un derecho inalienable que tienen los pueblos de todas las naciones del mundo y que los cubanos se han visto obligados a ejercer tal facultad siempre obstaculizados por una injustificable hostilidad de la potencia militar y económica mayor del mundo, su vecino más próximo.



Por eso, no sorprende encontrar ahora a furibundos defensores de las políticas más terroristas de EEUU contra Cuba abogando en contra del bloqueo. Incluso entre cubanos residentes en los Estados Unidos que han hecho de la agresividad contra Cuba su medio de subsistencia aprovechando los abundantes recursos financieros que Washington ha destinado al propósito de derrotar a la revolución cubana, se encuentran hoy nuevos propagadores de la idea del cambio de los métodos agresivos por los de la penetración, sin variar los objetivos.



Es obvio que esta idea de intentar la derrota de la revolución cubana desde adentro no es privativa de la nueva corriente política estadounidense y de los contrarrevolucionarios cubanos que sirven a Washington. Nadie ignora que los gobiernos de casi todas las naciones del Norte, que durante muchos años han aconsejado a los de la superpotencia líder del capitalismo mundial que levante el bloqueo a Cuba, temen tanto el ejemplo de Cuba como el de EEUU.



Pero la revolución cubana, cuyo pueblo y sus líderes han dado muestras de decisión y capacidad para librar las batallas más complejas por afirmar su identidad y los derechos populares, no sería verdadera si rehuyera el enfrentamiento ideológico como terreno de lucha para su reafirmación.



La propaganda contra la revolución pagada por Estados Unidos acuñó como consigna la de que Cuba se aprovechaba del bloqueo para justificar sus errores o deficiencias, mientras impúdicamente se trataba de aislar, hambrear y desalentar los bríos de los cubanos por llevar adelante un hermoso proyecto revolucionario al que el pueblo no ha renunciado ni renunciará jamás hasta verlo convertido en realidad.

viernes, 10 de abril de 2009

La Revolución salvadoreña derrota a la oligarquía


Heinz Dieterich

1. 75,000 mártires en el triunfo electoral



El triunfo electoral del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el pasado 15 de marzo en El Salvador, es un evento de dimensiones históricas. Por primera vez, en quinientos años, la voluntad de las mayorías se ha impuesto sobre la de una de las oligarquías más sangrientas de América Latina. Así, el martirio de 75,000 caídos en la heroica lucha contra la tiranía de los años ochenta, ha sido reivindicado.



No es el triunfo que el FMLN había conquistado en la guerra popular revolucionaria (1981-1992), cuando derrotó en 1984 a la Guardia Nacional y al Ejército asesino; o cuando la ofensiva estratégica, en noviembre de 1989, tomó la capital San Salvador y demás ciudades principales, como Santa Ana, San Miguel y Usulután. En ambas ocasiones, la intervención del ejército más poderoso de la tierra en el pequeño país de 21 mil kmq evitó el colapso del aparato militar de la oligarquía.



La intervención de Washington en 1984 causó una grave crisis en el FMLN, pero el replanteamiento táctico-estratégico de las cinco organizaciones armadas y el repliegue hacia el pueblo (“la montaña de la guerrilla”) pararon el avance gringo-oligárquico y salvaron a la Revolución. La solidaridad internacional jugó su papel de retaguardia estratégica, con hospitales, entrenamientos político-militares, y, posteriormente, cohetes antiaéreos que llegaron desde lejanas tierras asiáticas hasta cercanas tierras centroamericanas. Superada la crisis, la ofensiva estratégica de 1989 obligó a Washington a negociar un modus vivendi de posguerra que planteaba el desmontaje del militarismo, importantes reformas constitucionales y la incorporación del FMLN como partido político.



2. Un gobierno de centroizquierda



Como partido, el FMLN tuvo éxito en elecciones municipales y legislativas, llegando a gobernar las alcaldías más importantes del país y teniendo una representación considerable en el Parlamento, aunque insuficiente para bloquear la política económica del gobierno neoliberal de ARENA. El Frente fracasó, sin embargo en tres comicios presidenciales consecutivos (1994, 1999, 2004), lo que parecía indicar que nunca iba a poder derrotar a la oligarquía en las urnas.



Pese a todo, superando una serie de crisis internas; escogiendo al periodista Mauricio Funes, de larga trayectoria anti-derecha, como candidato presidencial; aprovechando el desencanto neoliberal por la crisis mundial; presentando un proyecto de gobierno de centroizquierda que dio confianza a las clases medias y dividió a la clase empresarial, un sector de la cual proporcionó millonarios recursos materiales a la campaña del Frente, se logró el triunfo electoral del 2009.



El resultado de estos factores es un gobierno de centroizquierda, y no podía ser de otra forma, porque el proyecto de izquierda fue imposibilitado en 1984 y 1989 por la intervención gringa. Era el único proyecto políticamente viable para derrotar al partido de la oligarquía, ARENA. La alternativa era quedarse en la oposición.



3. ¿Qué significa ser gobierno de centroizquierda hoy en América Latina?



Ser gobierno de centroizquierda en América Latina hoy significa ser parte de la dinámica latinoamericana de avance de las fuerzas progresistas. No hay, hoy día, un gobierno socialista en Tierra firme: ni gobierno del Socialismo del Siglo XX, porque ninguno se basa en el Partido Único y la economía de mercado no-crematística, regida por precios administrativos y del mercado mundial; ni gobierno del Socialismo del Siglo XXI, porque ninguno se basa en la democracia participativa y la economía de equivalencias (valores de trabajo).



El carácter de clase de esos gobiernos, tomando en cuenta sus considerables diferencias nacionales, se define por tres grandes objetivos: el Estado de Derecho, el Estado de Bienestar y la soberanía y dignidad nacional. Esta es, también, la esencia política del gran triunfo popular en El Salvador. No es el triunfo original de 1984 y 1989 del FMLN, pero abre las vías de evolución hacia otro tipo de sociedad que estaban cerradas por el férreo control de la oligarquía.



4. La refundación del Estado



El principal obstáculo para lograr la construcción del Estado de Derecho, del Estado de Bienestar y de la soberanía, son las estructuras de poder de la oligarquía. Esas estructuras están intactas, desde sus Fuerzas Armadas, hasta la policía, el sistema judicial, el poder económico, sus medios de comunicación, incluyendo sus apoyos internacionales, como “Fuerza solidaria” que es una especie de “Brigada Mobil” internacional de guerra psicológica sucia contra los gobiernos progresistas latinoamericanos, particularmente Venezuela y Cuba, que cuenta en El Salvador con el apoyo de grandes empresarios claramente identificados.



De particular importancia es la reestructuración democratizadora del Estado oligárquico. Esto significa, en lo inmediato, la elección de los cinco magistrados de la Corte Suprema, de la recomposición del Tribunal Electoral, la dirección del Órgano Legislativo y, de parte del Frente, la configuración del Gabinete ministerial. Para las elecciones de 2012/2014, se trata de alcanzar el apoyo de las mayorías del país.



5. La lucha por el control del Estado



La derrota electoral de la derecha ha abierto un vacío del poder central en el país. Ante este vacío, ARENA ha reconcentrado su poder en una pequeña oligarquía de cuatro expresidentes, cuya misión consiste en impedir que el FMLN convierta el triunfo de una batalla electoral, en el triunfo de una guerra entre dos proyectos históricos.



Hay, por lo tanto dos dinámicas que intervienen en la refundación y la nueva distribución del poder del Estado. La negociación entre la derecha derrotada y el gobierno electo de centroizquierda, por una parte, y la negociación interna de las fuerzas triunfantes, por otra.



6. Pueblo y refundación del Estado



El triunfo electoral fue obra de tres sujetos políticos: el pueblo, el FMLN, y el Presidente. El gran debate ahora es si esos tres sujetos deben nombrar a los ministros del nuevo gabinete ---la cabeza del aparato ejecutivo del Estado remodelado--- de manera equitativa, o ponderada. Si los tres fueron los arquitectos del triunfo, ¿tendrá el pueblo el derecho y el poder de escoger el 30% de los ministros? Y si la respuesta es afirmativa, ¿cuál es el sujeto organizado que representa al pueblo?



Ante el enorme poder del binomio oligarquía—imperialismo, la unidad de los tres sujetos que construyeron la victoria electoral es esencial. Pero esa unidad solo será invencible si su centro de gravitación es el pueblo. Dos grandes lecciones del país lo confirman: el repliegue del FMLN en el pueblo ante la intervención del imperialismo estadounidense, que impidió su destrucción y el martirio de Monseñor Romero.



Previendo ser asesinado por la oligarquía, Romero decía proféticamente: Si me matan, resucitaré en mi pueblo. Y hoy está resucitando junto al otro gigante de la identidad salvadoreña: Roque Dalton, asesinado por un comando del ERP, cuyos miembros, entre éstos Joaquín Villalobos, viven hasta este día en la infamia de no entregar los restos mortales de este gran revolucionario centroamericano.



Ambos, Romero y Dalton, junto a los 75,000 mártires, resucitaron en el corazón del pueblo salvadoreño. Y así se ganó la batalla electoral por el derecho a la refundación del Estado de El Salvador. Decía Roque en un poema, “Todos los caminos de Roma llevan a la dialéctica”. En El Salvador, todos los caminos del triunfo llevan al Pueblo.