La justicia paraguaya pudo constatar ayer que Fernando Lugo no sólo fue capaz de falsificar su reputación, su fe y su ideología política, también pudo adulterar hasta su propio ADN.
En una audiencia a los "tres prestigiosos laboratorios" que realizaron las pruebas al cura, se pudo verificar que no podían explicar porqué mandaron al exterior las muestras del cura dos de ellos, y porqué no adjuntaron los originales de los análisis que llegaron de Estados Unidos y Brasil.
"¿Qué tribunal autorizó la salida de las muestras del país?" fue la simple pregunta que desbarató a Marcos Fariña y los suyos. Ahora se espera la anulación de las displicentes pruebas.
Tampoco pudieron explicar la ausencia en el expediente de las pruebas del hisopado bucal, el más determinante en este tipo de análisis.
La generalizada sospecha de que se trató de un gran operativo de prensa con ayuda de los amigos, fraguado con fines electoralistas para las elecciones municipales de noviembre del año pasado, cobra cada vez más fuerza.
No es extraño este tipo de adulteraciones en Paraguay, afamado como uno de los países más corruptos del mundo, y donde los certificados medicos falsos se distribuyen con más facilidad que los caramelos.