
Dr. Ladislao Piñeiro B. – pineiro@pla.net.py
Unos políticos y periodistas entonan himnos neolegionarios a los pícaros brasileños que invadieron nuestras tierras y al mismo tiempo aplauden las represiones contra los campesinos. “Una extraordinaria contribución han hecho los brasiguayos al Paraguay”, reza el título de un artículo publicado en este diario. El autor recurre a un tal Fabricio Vázquez y al francés Souchadu, quienes opinan positivamente sobre nuestros vecinos afincados aquí. Para tener una idea real de lo que ha venido ocurriendo en nuestro país no hacía falta viajar a Francia, basta leer nuestra historia y analizarla para llegar a conclusiones certeras Hay una larga tradición de los bandeirantes y mamelucos que la siguen sus actuales descendientes para penetrar en nuestro territorio, pese a que Brasil posee más del 47% del continente sudamericano; allí sobra tierra, nuestro pequeño país, desmembrado y destruido por sus ancestros, no tiene porqué solucionar el problema de los camponeneses sim terra del gigante vecino. Veamos la historia.
Época colonial. Los jesuítas venidos al Paraguay en 1609, a pedido de Hernandarias, fundaron pueblos y se extendieron al Paraná, Uruguay e Itatin. Esas reducciones fueron víctimas preferidas del malón lusobrasileño. El más famoso y sanguinario de las bandeiras fue Antonio Raposo Tavares que figura en los archivos imperiales como un héroe. Debe ser también el santo de devoción de los apologistas de brasiguayos. Los bandeirantes comandando a los mamelucos penetraban en nuestros territorios para cazar indios y esclavizarlos en las fazendas y cañaverales de San Pablo. Ante esto, el padre Ruiz de Montoya pide autorización a España para armar a los indígenas. La respuesta positiva tuvo éxito, pues los paraguayos lograron memorables victorias en Caazapa Guazú y Mbororé en los años 1639 y 1641, respectivamente. En 1750 perdimos los 7 pueblos de las reducciones jesuíticas a la margen izquierda del río Uruguay (hoy Río Grande do Sul) y Santa Catalina, nuestra costa de mar, que la corona española entrega a Portugal a cambio de la colonia Sacramento, de la Banda Oriental. El acuerdo fue ratificado el 1°.10.1777 por el Tratado de San Ildefonso (Toledo, España).
Paraguay independiente. Súbditos brasileños incursionaban en la zona comprendi-da entre los ríos Blanco y Apa, incluso, fundaron allí dos fuertes: el Fecho de Morros y el Pan de Azúcar, lo que obligó a Don Carlos A. López, en 1850, a ordenar que tropas acantonadas en Concepción recuperasen las tierras ocupadas. En menos de ¾ de hora de combate en el cerro Pan de Azúcar los intrusos fueron derrotados y huyeron a los bosques aledaños.
Misión del Almirante Pedro Ferreyra de Oliveira. Para tratar la cuestión de límites y la expulsión del encargado de negocios, José Pereira Leal, en 1855 el imperio apresta un ejército en San Borja y otro en Matto Grosso, y envía a nuestro país una poderosa escuadra bajo el mando del almirante Pedro Ferreyra de Oliveira, quien a su paso por Montevideo, Buenos Aires y Corrientes alardeaba sobre su misión de aniquilar el Paraguay. El 20 de febrero de dicho año llega a Tres Bocas, aguas territoriales paraguayas, con sus 8 vapores de guerra, 2 corbetas de vela, 2 bergantines y otros buques. El comandante de la pequeña guardia costera le ordena detenerse, a lo que obedece sin chistar, y pide permiso para seguir viaje a Asunción, en misión diplomática. Don Carlos le autoriza a condición de que venga con un solo barco; el pacífico visitante accede a ello. El Gral. Francisco S. López es designado para negociar con el brasileño. El 27 de abril de 1855 se firma un Tratado de Amistad y la cuestión de límites se deja para otra ocasión. El Almirante mereció las más severas críticas de su gobierno y en el Congreso se calificó de cobarde su conducta. Al respecto Blás Garay escribe: “La verdad es que para obtener lo que obtuvo, holgaban los buques, los ejércitos y las amenazas”.
Agresividad del imperio. En 1862 todavía no se ha llegado a un acuerdo sobre los límites. El alto funcionario, José P. Soarez tenía el criterio: de: “que sólo la guerra podría solucionar las cuestiones con el Paraguay”. Por su parte, José María da Silva Paranhos, astuto diplomático, propuso en 1857 al Pte. de la Confederación argentina Gral. J. J. de Urquiza, una Alianza Militar contra el Paraguay, que “reportaría grandes ventajas apropiarse de territorios en disputa”. Ya unas tres décadas, en abril de 1830, el cónsul residente en Asunción Antonio M. Correa da Cámara insiste al Secretario de Estado Miguel Calmon Dupin e Ameida: “el único medio (como ya tuvo la honra de decirle) de acabar con aquel naciente coloso (Paraguay) sería el de una rápida y bien combinada invasión”. (Anais do Itamarati, Tomo IV, p.166, citado por R. A. White). Es evidente que los propósitos del Brasil y de la Argentina de despojarnos de nuestros territorios tienen larga data. Ahora nos ocupamos de los rapais rapaces.
La Guerra de la Triple Infamia (1864/70), es el nombre dado por la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirschner a la guerra genocida y de rapiña de la Triple Alianza. Tomamos como base el trabajo de Jorge Rubiani, publicado en fascículos por ABC color, hace un par de años, para referirnos a los hechos que precedieron a aquel trágico acontecimiento. Desde 1862 el Pte. del Uruguay Bernardo P. Berro denuncia el apoyo de Bartolomé Mitre a Venancio Flores en sus preparativos de invasión. En marzo de 1863 acusa al imperio del Brasil de prepararse con igual propósito. En abril de ese año V. Flores abandona la Argentina para desembarcar en costas uruguayas e iniciar la rebelión contra Berro. En junio el agente del gobierno uruguayo Andrés Lamas acreditado en la Argentina, denuncia la política imperialista de éste país, tanto como del Brasil, respecto al Uruguay. Sobre la falsedad de los kurepi, extractamos las expresiones del oriental Luís Alberto de Herrera, citadas por Rubiani: “…Esta contradicción flagrante entre sus dichos y sus hechos es la característica de la política mitrista en este luctuoso periodo…Hasta el fin se seguirá siempre así: haciendo trizas la verdad y la buena fe,…El tratado secreto y negado de la triple alianza, para “libertar” al Paraguay y que lo despedazaba,…se ofrece como testimonio clásico de tanta doblez”. En julio de 1863 arriba al Paraguay Octavio Lapido, enviado uruguayo, para pedir ayuda militar en caso de una agresión argentina. Al mes siguiente, el ministro Herrera pide a la Lapido que sugiera al gobierno paraguayo: “…que procediera rápidamente, ocupando en común la isla Martín García, lo más pronto posible”. Setiembre.: El canciller paraguayo José Berges protesta ante la Argentina por su apoyo a V. Flores. El documento expresa que el Paraguay defenderá la independencia uruguaya en beneficio del “equilibrio del Plata” El 5 de noviembre el ministro uruguayo Juan J. Herrera protesta al imperio del Brasil por “exacciones violentas de ganados y productos naturales del Uruguay”. Quince días más tarde hace lo mismo ante el ministro argentino Rufino Elizalde por: “recolección de fondos en medio de plazas públicas, hombres, vestuarios, armas, municiones, dinero, todo se reúne en Buenos Aires a favor de la invasión”.
La sombra de Ares cubre amenazante la región. Este Dios de la mitología griega y adoptada por la antigua Roma con el nombre de Marte presagiaba guerra, destrucción y muerte sobre nuestra patria. Conciente del peligro el 15.03.1864 el Pte. Gral. F. S. López envía a Cándido Bareiro a París y Londres para comprar armas modernas y contratar la construcción de acorazados. El 31 de marzo F. S. López se dirige con su Estado Mayor al campamento Cerro León. En abril el Sgto. Mayor Pedro Duarte es comisionado a Villa Encarnación para reunir 10.000 soldados. El 19 de mayo el gobierno oriental envía a Asunción a José Vázquez Sagastume para denunciar: “…el concierto del Imperio del Brasil con la Argentina para sojuzgar al Uruguay y luego al Paraguay”.
La semilla del Tratado Secreto de la Triple Alianza(1864). El desarrollo independiente y soberano iniciado por el Dr. Francia y continuado por los López sin deber un centavo a la banca inglesa, centro financiero internacional de la época, era un mal ejemplo para el imperialismo dominante, que estimuló los apetitos territoriales del Brasil y la Argentina. Así, no fue ninguna casualidad que el ministro inglés Edward Thortorn auspiciara el Pacto Militar de Puntas del Rosario, Uruguay, firmado el 18.06.1864 por el consejero José A. Saraiva (br), el ministro Rufino de Elizalde (ar), y el Gral. V. Flores (ur). El agente oriental Antonio de las Carreras insiste el 1° de agosto de ese año en el pedido de ayuda al canciller J. Berges: “…historiando los atentados de la Argentina y del imperio del Brasil contra la soberanía oriental…los excesos de mitrismo, etc.”, sugiere que el Paraguay debía “hacer pesar su poderío diplomático y militar sin pérdida de tiempo, todo retardo será fatal”. El 30 de agosto el gobierno paraguayo protesta contra el ultimátum brasileño al Uruguay, al mismo tiempo que trata desesperadamente de evitar una confrontación bélica, proponiendo un arreglo amistoso. Los acontecimientos se precipitan: El 12.10.1864 el ejército imperial bajo el mando del Gral. José L. Mena Barreto invade territorio uruguayo y se apodera de la ciudad de Melo (Cerro Largo). En el sur el buque “Recife” comandado por el almirante Joaquín Marques Lisboa, barón de Tamandaré, ataca la costa uruguaya. Se le une V. Flores que promete: “…atender las reclamaciones del imperio”. Ante estos hechos el gobierno paraguayo declara rota las relaciones con el Imperio del Brasil. El “Tacuari” captura el paquete “Marqués de Olinda”. La guerra ha comenzado
El Tratado Secreto de la Triple Alianza contra el Paraguay se firma el 1°.05.1865 en la casa particular de Bartolomé Mitre, Buenos Aires. El pacto de la infamia lo subscribieron Francisco Octaviano de Almeida, brasilero, Rufino Elizalde, argenti-no, y Carlos de Castro, uruguayo, como furgón de cola. También estuvo presente el Gral. Justo J. de Urquiza, gobernador de Entre Ríos. Un año después el texto se dio a conocer en Londres por obra y gracia del ministro inglés en Montevideo, H. G. Lettson, causando indignación y repulsa en muchos países y de la intelectualidad sana, como el poeta mejicano Juan de Dios Peza (1852-1910), entre tantos, incluidos los argentinos Juan B. Alberdi (1810-1884), Guido Spano (1827-1918) y otros. Los historiadores Atilio García Mellid (“Proceso a los falsificadores de la Historia del Paraguay”) y José María Rosas (“La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas”), ambos argentinos, y el brasileño Julio J. Chiavenato (“Genocidio Americano: A Guerra do Paraguai”), condenan la Triple Alianza.
Política perversa del Imperio del Brasil. Hemos visto es esfuerzo realizado por Mrcal. López para impedir la confrontación bélica, que chocó contra los insaciables apetitos territoriales de Pedro II. Iniciada la guerra, el Mrcal. Pte. López, luego de las batallas de Sauce y Boquerón (Julio 1866), el 10 de setiembre dirige una nota al Gral. Mitre, proponiéndole una entrevista. Después de consultar con los Grles. Polidoro y Flores, Mitre fija la reunión a las 9.00 del día 12.en Yataity Corá. El general brasileño no quiso asistir al encuentro, que duró unas 5 horas. En el acta labrada por el mayor Manuel Palacios, secretario del Mariscal, está que éste propuso el fin de la guerra: “mediante satisfacciones mutuas e igualmente honrosas y equitativas, que garantan un estado permanente de paz y sincera amistad entre los beligerantes”. Mitre cedió a la dura posición de Pedro II que exigía rendición incondicional. El rechazo de paz produjo decontentos y levantamientos en algunas provincias argentinas. El propio Mitre tuvo que regresar a su país para aplastar las rebeliones.
D¨Eu, el conde sanguinario. En agosto de 1869 las fuerzas del imperio ataca la plaza sitiada de Piribebuy. Los defensores eran en su mayoría mujeres y niños, lo que envalentonó al Gral. Mena Barreto que se pone al frente del asalto y recibe un certero y mortal balazo del cabo Gervasio León. Pero, luego del 3er. intento, los brasileños triunfan. En la batalla muere heroicamente el maestro Fermín López que comandaba a sus alumnos, niños soldados. Al enterarse de la muerte de su Gral. Mena B., el conde ordena el degüello del Cdte. Pedro Pablo Caballero y del jefe político Patricio Mareco. Sediento aún de sangre ordena la quema del hospital lleno de heridos y enfermeras. Los brasileños rapiñan piezas de oro y plata del tesoro de las iglesias. Las casas abandonadas corren igual suerte. Es la civilización que nos traían.los signatarios de la Triple Infamia.
Fin de la Guerra. Con la muerte del Mariscal López y de su hijo Panchito, coronel de 18 años que siguiendo el ejemplo de su padre, rehusó rendirse y fue ultimado a balazos el 1° de marzo de 1870 termina el holocausto paraguayo, Era el fin de nuestra patria independiente y soberana. Los kurepí nos despojan de 94.090 km2: Misiones a la margen izquierda del Paraná y la región que abarca desde el río Bermejo hsta el Pilcomayo. No contento con esto, junto con el imperio brasileño, imponen al Paraguay, desvastado por ellos, ¡una inmensa deuda de guerra! Unos 6 meses antes, las fuerzas de ocupación de Pedro II digitan un gobierno provisorio; el triunvirato compuesto por Cirilo A. Rivarola, José “Candé” Díaz de Bedoya1 y Carlos Loizaga, todos legionarios.
El tratado Loizaga-Cotegipe del 9.01.1872. Bajo la presidencia de otro legionario Salvador Jovellanos (1871-1874) se firma dicho Tratado con el Brasil, con lo que queda sellado otro despojo de nuestros territorios, la zona comprendida entre el río Blanco y el Apa y que baja hasta la cordillera del Mbaracayú. Y, además como lo escribiera Efraím Cardozo: “Salían definitivamente del dominio paraguayo las dos provincias históricas del Guairá y del Itatín…la punta de la espada, aplicada sobre la garganta del país moribundo, arranca fronteras”. La Voz de un Patriota. Cirilo Solalinde, héroe de la guerra genocida, repudia en el Congreso los términos del Tratado: ¿Por qué ha firmado el ministro Loizaga tan humillante como ignominioso documento? ¿Por qué quiere humillar al Paraguay? Créanme: los que han defendido los derechos con su sangre se levantarán de sus tumbas para maldecirnos, al ver marcada nuestra frente con el oprobio y la humillación… ¿Cómo quiere el Ministro que los que hemos regado los campos con nuestra sangre, y que hemos perdido todo…, vengamos a sancionar un tratado tan ignominioso?”. Luego se refiere a los legionarios que vinieron cual Caín a matar a sus hermanos: “El Ministro dijo que nosotros los paraguayos hemos sostenido una lucha colosal, pero ese honor no le corresponde a él, puesto que se hallaba en el campo enemigo, y de allí trajo el puñal contra sus mismos compatriotas que defendían su patria y libertad. Que mi voto conste en contra de dichos Tratados. Otro adepto a la causa del citado personaje bíblico, F. Báez, se siente obligado a negar que el Tratado fuera una traición a la patria. El diputado Emilio Gill chapotea en el estercolero de la desvergüenza cuando exclama: “El imperio ha dado una prueba más de sus simpatías y benignidad por el Paraguay”. Dolorido y avergonzado Solalinde se niega a seguir escuchando tanta ignominia y se retira del recinto. Rastreros despreciables existen todavía, como aquél General que se ofreció a ser embajador de los mamelucos de hoy. También hay politiqueros como el ladrón de galletas y el apóstol de la religión menonita que niegan el derecho a reclamar nuestro patrimonio y soberanía en Itaipú. Son los descendientes ideológicos de aquellos repugnantes legionarios.
El 6° presidente, luego de terminada la guerra del 70, Gral. Bernardino Caballero (1880/85), fundador del Partido Colorado, entrega inmensos territorios chaqueños desde el río Paraguay a empresas negreras como Carlos Casado, Pinasco, Sastre etc., que depredaron inmisericorde los quebrachales y explotaron como esclavos a los hacheros y obreros tanineros. En la región oriental cede grandes bosques y yerbales a la firma “Industrial Paraguaya SA”, de la que el general es socio principal, dando un saludable ejemplo que siguieron los sucesivos gobiernos colorados, a partir de la dictadura stronista (1954/89). Siguió la tragedia del campesino, que bajo los gobiernos del Dr. Francia y de los López, no tuvieron problemas de tierra. El primero de los nombrados, ideólogo de la independencia y fundador del estado paraguayo, expropió los latifundios de los descendientes de los encomen-deros para entregar a los agricultores. Al mismo tiempo creó las Estancias de la Patria con las tierras que pertenecían a la corona española. Para despojarnos de nuestros territorios Argentina y Brasil tuvieron que masacrar a nuestra población, la masculina fue reducida a sólo 22.000 almas, en su gran parte niños que no pasaban los 10 años de edad, según Juansilvano Godoy. Pero en el siglo XX para extender, en la práctica, sus fronteras a costa de las nuestras. Los brasileños no necesitaron dispa-rar un solo tiro, gracias a los gobiernos colorados a partir de 1963, como veremos.
La Guerra del Chaco y el Renacer del Sentimiento Nacionalista. El pueblo, obreros, estudiantes, y sobre todo campesinos, con oficiales capaces y patriotas, recuperaron gran parte de nuestras fronteras históricas ocupadas por el enemigo en la Guerra del Petróleo (1932/35). Ante la intención del Pte. Eusebio Ayala de entregar parte de las tierras reconquistadas, un grupo de oficiales superiores, coroneles en su mayoría, derrocan al gobierno liberal el 17.02.1936 para instalar como jefe de estado al “Parapití Póra”, Crnel. Rafael Franco, exiliado en la Argentina. Una de las primeras declaraciones del nuevo canciller, Dr. Juan Stefanich fue: “No entregaremos un solo centímetro de nuestras tierras recuperadas con tanto sacrificio…” Esta postura y la Reforma Agraria iniciada por Franco, fueron las causas de la contrarrevolución del 13 de agosto de 1937. Y efectivamente, el nuevo gobierno encabezado por el liberal Félix Paiva, entrega 17.225 km2 (Puesto Cazal, Hiurapitindy, Carandayty, Capirenda, D¨Orbigny y Curururendá, estos dos últimos fortines sobre el Pilcomayo), por el Acta Secreta del 9.07.1938 firmado en Buenos Aires por Cecilio Báez y Efraím Cardozo, por Paraguay, Spruille Braden (USA), y otros miembros de la Comisión de Neutrales. El Directorio del P. Liberal (Luís A. Riart y otros) decidió apoyar el Acuerdo Secreto, según el historiador norteamericano Leslie Rout2, que cita: Decimal File 72434119/N°635, Howard (As. to Dept. State 14.07.38). Sigue girando la rueda de la historia y aparece
El Gobierno vendepatria del Gral. Stroessner.Luego de varios golpes de estado entre colorados, en agosto de 1954, el también colo´o Alfredo Stroessner es puesto en el poder, en el marco de la guerra fría3. El imperio yanqui impone la Doctrina de la Seguridad Nacional en América Latina. Con ese manto protector el Gral. Tembelo cometió los crímenes más aberrantes; en primer término contra miembros del Partido Comunista Paraguayo, del Partido Liberal opositor (había liberales que apoyaron al dictador), y del pequeño grupo de colorados del MOPOCO. El general vendepatria envía en 1965 tropas paraguayas, bajo mando brasileño, a la Rpca. Dominicana para apoyar al ejército invasor norteamericano, mientras que aquí, en complicidad con el grupo liberal de Carlos y Fernando Levi Rufinelli (los primeros zoqueteros), entrega nuestras fronteras orientales y del Alto Paraguay a latifundistas brasileros que depredan nuestros bosques para enviar de contrabando maderas en bruto al Brasil. Luego del crimen ecológico, en contravención a una legislación anterior, el gobierno colo´o permite la penetración masiva de mamelucos en nuestras fronteras. En la década del ¨80 eran más de 300.000. Desde el punto de vista geopolítico, y los militares deben saberlo, aquello era una entrega de nuestra soberanía territorial. Más de un político en Brasilia aseguraba que el territorio del Brasil termina donde habita el último brasileño. Es evidente que en los planes de Itamaratí está diseñada la apropiación de nuestras fronteras, como lo hicieron con Bolivia, al que en 1903 despoja de 150.000 km2, el Acre4, rico en caucho, oro, petróleo y carbón. Hay un estudio hecho en el Brasil por el periodista Rubén Velásquez, publicado en el diario “Noticias” en julio/agosto de 1998, en el que se informa que la compra de tierras fronterizas por brasileños está financiada y apoyada por Itamaratí y el Estado Mayor bandeirante, facilitada por el vendepatria Stroessner y los sucesivos gobierno colorados. En su oportunidad el senador del P. Radical Auténtico, Dr. Carlos A. González presentó un proyecto de Ley para asegurar nuestras fronteras de apropiaciones extranjeras, pero no le dieron bolilla, ni sus propios correligionarios, por lo que consideró inútil insistir.
Aprender de la Historia. La osadía de los brasileños no tiene límites. Un par de pícaros afincados ilegalmente en el Dpto. de Kanindeyú reclamaron la propiedad de las tierras ocupadas, por usucapión, es decir, estos invasores querían obtener las tierras ¡en forma gratuita! Imagine el lector si un paraguayo tuviera la misma brillante idea en la frontera brasileña. En el Parlamento hubo diputados, neolegionarios, que ¡apoyaron a los mamelucos sinvergüenzas! Otro rapai Tranquilo Favero se vanaglo-ria de poseer unas 140.000 ha en la región oriental y occidental. Uno de sus hijos suda la gota gorda en Miami, gracias a las ganancias obtenidas aquí. A veces disparatea telefónicamente con el dueño de una radio, beneficiario de Reforma Agraria (2.000 ha/1977), diciendo que nadie quiere invertir aquí porque a su papá le quieren quitar tierras malhabidas. Este personaje es uno de los principales productores de soja transgénica, igual que el empresario Russer, esposo de Claudia, lo que significa que envenan la tierra, el aire, los ríos, arroyos, y las aguas freáticas, con toneladas de agrotóxicos. Otro pájaro de cuenta es Agustín Konrad, quien un par de años atrás fue denunciado por poseer un ejército privado al estilo de SS de la Alemania hitlerista. Estos caraduras sacaron sus maquinarias agrícolas para exigir el pago por parte del estado de sus deudas con bancos privados en octubre de 1999. Ante la pasividad policial siguieron con sus tractorazos en febrero 2001 y setiembre 2002, siempre exigiendo ventajas a costa del estado. Con el cinismo que les caracterizan ahora cerrarán otra vez las rutas, pidiendo “seguridad y trabajo para todos” ¿Dónde se ha visto tamaña desfachatez? Solamente aquí con gobiernos y políticos vendepatria al servicio de intereses extranjeros, de grandes ganaderos y terrate-nientes, y empresarios sojeros. El Estado Mayor y el gobierno nacional deben ela-borar un plan, en base a la legislación que arranca desde el gobierno de R. Franco, continuada por el del Mrcal. Estigarribia y reglamentada por Roberto L. Petit, director del Dpto. de Tierras y Colonización (Gobierno de F. Chávez 1949/54) para recuperar nuestras tierras fronterizas de manos de los descendientes de Pedro II. La franja de seguridad de fronteras, 5 leguas, que deben ser ocupadas sólo por ciu-dadanos nativos, es un deber y un derecho consagrado en la legislación de todos los países del mundo. Recuperemos nuestro territorio y sobre todo nuestra dignidad. LPB
NOTAS:
1) Díaz de Bedoya recibió el mote de “Cande” porque fue comisionado a Bs. As. Para vender las pocas joyas y candelabros de las Iglesias que se salvaon del asalto de las horadas invasoras. Con el dinero así obtenido el gobierno se haría de fondos. Pero, ya en la argentina, José Candé comunica que no volverá al país y que se queda con la plata, era una muestra inequívoca de la catadura moral de los legionarios.
2) L. Rout es un historiador de color que estudió en profundidad y amplitud las tratativas de paz entre Bolivia y Paraguay al acceder a los archivos del Department State. El fruto de su trabajo está condensado en su libro “Politics of the Chaco Peace – Conference 1935/39”.
3) Al morir F.D. Roosevelt en abril de 1945 se hacecargo del gobierno un energúmeno tenebrso, Harry S. Truman, quien ordena, innecesariamente, pués el Japón ya estaba vencido, el lanzamiento de las terribles bombas atómicas sobre Hiroshima (6.08.1945) y Nagasaki (9.08.1945). el objetivo real era polítco, una advertencia/amenaza a la URSS.
4) Acre. Aquí trabajaban 15.000 brasileños para una empresa yanqui que explotaba el caucho. Este hecho usó como pretexto el Brasil para ocuparlo militarmente. Bolivia, impotente, se avino al despojo de su territorio en 1903 con la firma de un acuerdo en Río de Janeiro.
BIBLIOGRAFÍA:
-Agüero Wagner, Luis “Fuego y Cenizas de la Memoria
-Capurro, Adán “Geografía del Paraguay”
-Cardozo, Efraím “Los Derechos del Paraguay sobre los Saltos del Guairá” (Reprod. por ABC color)
-Chiavenato, J. J. “Genocidio Americano – La Guerra del Paraguay”
-Garay, Blás “Historia del Paraguay”
-O¨Leary, Juan E. “Prosa Polémica – Los Legionarios, Apostolado Patriótico…”
-Rubiani, Jorge “La Guerra de la Triple Alianza” , publicado en fascículos por ABC color
-White, Richard Alan “La Primera Revolución Radical de América-Paraguay (1811-1840”