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jueves, 4 de diciembre de 2008

LA GUERRA DEL PARAGUAY. Una Visión Uruguaya


Antecedentes Históricos, mediatos e inmediatos, de un Gran Conflicto Bélico Sudamericano, conocido como la “Guerra del Paraguay” ó “Guerra de la Triple Alianza” ó “Guerra Grande Sudamericana”, acontecido en la Década de los Sesenta del siglo XIX.

Daniel Pérez Faggiani


Más de Tres Siglos de acontecimientos significativos y contribuyentes para su
concreción, desde la fundación de la ciudad de Asunción en el siglo XV en el
corazón de la región platense hasta el momento previo al desenlace.
1. Un Encuentro de Culturas en el Subcontinente Sudamericano
Pensar en el Sur es concebir un subcontinente de extensa geografía, Sudamérica, que
refleja la confluencia de tres culturas nítidamente expuestas: la cultura de los pueblos
originarios, aquella procedente de la vertiente europea, y también aquella cuyo origen se
asienta en el África negra. Culturas propias que dieron lugar al mestizaje en el
subcontinente y nuevas formas de expresión cultural. De esta forma se construyó el
complejo sistema social sudamericano, cuya extensión en territorio determinó la calidad
y la condición de poblaciones separadas por accidentes geográficos de importancia. Así
la extensión de la Cordillera de los Andes y la inmensidad de la propia cuenca del Río
Amazonas significaron “muros de separación” que influyeron sobre la conformación de
estados y nacionalidades diferenciadas. Diez países surgieron del proceso emancipador
de los imperios español y portugués, a lo que se suman dos pequeños países más (ex
colonias inglesa y holandesa) y una colonia sobreviviente (la francesa).
• Los pueblos de la Cordillera hacia el Pacífico y hacia el Caribe fueron
conformando una identidad propia en sus raíces hispanas –aunque también
recibieron olas de inmigraciones procedentes de otros orígenes diversos,
incluidos los asiáticos-, en sus raíces africanas a través de la esclavitud
introducida (en particular en el norte) y en la superviviencia de poblaciones
originarias de importancia, constituyendo una gran comunidad andina de norte a
sur.
• Los pueblos centrales metidos en el corazón del subcontinente también
conformaron una identidad propia, con mixtura de expresiones hispánicas y
originarias, lusitanas y originarias, en sufridos procesos históricos que los
“encerraron” en sus entornos sin mar.
• Los pueblos de la costa atlántica norteña y algo más al sur recibieron los aportes
mayores de negros esclavos, cuya cultura conservaron y que se terminó
integrando con la del contingente europeo y de otras procedencias -llegado en
distintas instancias de ola inmigratoria- y con la de poblaciones originarias
locales.
• Los pueblos de la costa atlántica sureña que se asentaron desde el mar hacia la
cordillera en un proceso posterior de poblamiento abarcando inmigrantes
hispanos y europeos (de diverso origen) y la convivencia con pueblos originarios
que habían prolongado por más tiempo su separación de la “civilización”
dominante europea.
Este pretendido agrupamiento en cuatro regiones debe entenderse solamente válido a
efectos de una exposición de las evoluciones culturales del subcontinente, que a su vez
presenta excepciones al norte en el caso de los pequeños territorios de las tres
Guayanas. Quizás haya alternativas de agrupamiento diferente como la sugerida por el
Prof. Ramiro Podetti , en la cual hace una clasificación según “sociedades adaptadas
...” al trópico, a las alturas y áreas desérticas, y a las llanuras. Es decir, tres zonas
geográficas diferenciadas para adaptar en cada una un modo de sociedad determinada.
El docente antes mencionado expresa al respecto: “... Si bien cada región tiene en su
seno algún predominio étnico cultural, las tres (sociedades) comparten el signo principal
de nuestra cultura: el mestizaje. América Latina representa la más importante
confluencia de diversidades del mundo moderno. En ninguna otra parte se ha vivido un
proceso equivalente, que involucró desde el siglo XVI, a las tres mayores familias
raciales del planeta: por orden de su aparición en América, mongoloides, caucasoides y
congoides. Integrar América del sur es articular las tres regiones (desafío
geoeconómico) y asumir nuestra condición mestiza (desafío geocultural). Nuestro futuro
se hará con “todas las sangres”, para usar el título de la novela de Jose María Arguedas,
o no se hará. Europeísmos, indigenismos y afroamericanismos son referencias culturales
necesarias en sociedades cuya síntesis es aun incompleta. Pero es fundamental que las
tres perspectivas sean capaces de integrarse en un sentimiento y una conciencia
comunes ...”
Lo importante en la perspectiva de este trabajo es sin duda considerar la situación del
corazón del continente, la gran extensión de la cultura “tupí guaraní” que está hoy
presente a través de distintas manifestaciones en muchos países sudamericanos, pese al
penoso y triste exterminio a que fue sometido dicho pueblo originario, que supo por
ejemplo convivir pacíficamente con los religiosos europeos en “misiones” de avanzada
organización socioeconómica para aquellas épocas .. Pero el elemento trascendente es
ponderar el proceso de colonización y del mestizaje resultante de la zona central (la que
mira más hacia la Cuenca del Plata y no la del Alto Perú), que será determinante para
comprender los hechos históricos que después sobrevendrían. La cultura guaraní y su
integración con lo español pautará comportamientos y desenlaces.
2. La Cuenca del Plata y la Costa Atlántica en el Proceso de Conquista
Habíamos considerado y expresado dos grandes áreas geográficas como la Cordillera de
los Andes y como la Cuenca del Río Amazonas para servir de “separadores” naturales
de poblaciones y culturas, a lo que deberíamos sumar otra área de trascendencia
conformada por la Cuenca del Plata al centro-sur. La hidrografía con sus grandes
ramificaciones de agua también es muy significativa para explicar los agrupamientos de
población, ya lo era en el tiempo precolombino y lo siguió siendo después. Esa región
platense y centro-sureña abarcaría un extenso territorio que se superponía con la propia
cultura guaraní antes mencionada, amén de otros pueblos locales presentes en ese
espacio. Por esta razón el corazón central subcontinental tenía tanta gravitación, e
incluso en tiempos de los inicios de la Conquista fueron los primeros focos de
colonización en el centro sur. Asunción fue ciudad pionera para asentamiento de los
primeros españoles en la región (1537), y pasó a ser el eje de una “gran Provincia” de la
Corona española en el siglo XVI. Su jurisdicción abarcaba los cuatro puntos cardinales
en referencia a ese centro:
• en particular cabe expresar la orientación “este”, hacia la zona costera atlántica
de la isla de Santa Catalina (hacia donde se instalarían sucesivas “misiones” de
padres jesuítas que la Corona española promovió a través de la Iglesia para
llevar la evangelización, extendiéndose hasta la zona del Guairá al este del Río
Paraná en la parte de los famosos Saltos), que se desarrollaba sobre la base de lo
pactado en el Tratado de Tordesillas de fines del siglo XV (también las
“misiones” se extenderían hacia el “sur-este” entre los ríos Paraná y Uruguay, y
en la parte oriental del Río Uruguay, del Alto Uruguay).
• la fundación de Santa Cruz de la Sierra (1561) también procede desde Asunción
(orientación “norte”).
• la segunda fundación de Buenos Aires (1580) -la primera en 1536 había fallado
en su intento- opera precisamente desde Asunción; también las fundaciones de
Santa Fé (1573) y de Corrientes (1588) (orientación “sur”)
• la introducción y propagación del ganado vacuno, ovino y caballar, en zonas de
abundante vegetación y agua, aconteció hacia el “sur”, hacia el “sur-este” y
hacia el “sur-oeste” por inciativa del legendario y visionario Hernandarias desde
el eje asunceño y zonas próximas (fines del siglo XVI y principios del siglo
XVII).
Pues si la ciudad de Lima en el Pacífico (fundada por Francisco Pizarro en 1535)
significaba la capital virreinal del subcontinente colonial español, Asunción como
centro en el Sur (fundada tan sólo dos años después que la capital) ejercía la
administración de esa “gran Provincia” de la Corona española con el eje puesto en la
extensa Cuenca del Plata, abarcando los innumerables ríos que la componían, en
particular el Paraná, el Uruguay, el Paraguay ... Es decir, desde el siglo XVI la ciudad
de Asunción fue conformando una gran administración territorial central que no dejó de
tener importancia a partir de la segunda fundación de Buenos Aires a fines del siglo
XVI en el propio estuario platense. Esta última creció como ciudad puerto del Atlántico
pero recién en el último cuarto del siglo XVIII fue reconocida por la Corona española
como capìtal de una nueva jurisdicción virreinal, y por ende pasó a significar mucho
más en la región (en el año 1617 se había dividido la “gran Provincia” en dos
Gobernaciones: una de la Guayrá con sede en Asunción, y la otra de Río de la Plata con
sede en Buenos Aires, a instancias del propio Hernandarias y de sus consejos a la
autoridad real y virreinal).
Esta consideración de los tiempos históricos resulta ser de suma importancia para
entender los acontecimientos posteriores de emancipación y separación de estos
territorios. “Emancipación” entendida del dominio español y “separación” entendida de
ex dominios virreinales que pretendían heredar bajo su control los actores
“independentistas” ubicados en la ciudad clave de los mismos. La Cuenca del Plata,
como consecuencia del proceso emancipador, sufrió en su conformación hispana un
proceso de desagregación, que tuvo también causa en los viejos pleitos de jurisdicción
territorial colonial entre España y Portugal. Aquella primaria delimitación del Tratado
de Tordesillas de fines del siglo XV, que extendía los dominios españoles en América
del Sur desde Asunción hasta el Atlántico (así es como acontece a mediados del siglo
XVI la fundación de la ciudad puerto de San Francisco por los españoles, al norte de la
isla de Santa Catalina), en los hechos se había transformado por un proceso de eventos
que fueron corriendo esa línea hacia el oeste. No se trataba precisamente de
colonización deliberada practicada por los portugueses para ganar territorio (por
ejemplo los portugueses no realizaron asentamiento serio de pobladores en San
Francisco hasta la segunda mitad del siglo XVII, aún cuando los españoles la habían
abandonado ya en la segunda mitad del siglo XVI), sino por incursiones de “mestizos”
que desde la fundada ciudad de Sao Paulo (algo más al norte) se introducían en el
continente en busca de un elemento muy preciado: esclavos, que capturaban entre los
pueblos originarios, a fin de aplicarlos en las grandes “fazendas” brasileñas.
Un comercio de esclavos que ya era común en Europa de los siglos anteriores y que no
necesariamente eran negros africanos sus víctimas. Esa costumbre transformada en sutil
negocio se trasladó a las costas atlánticas brasileñas, y fue avanzando hacia el sur, y
desde ahí se organizaron estos grupos de “piratas” terrestres que destruían poblados y
capturaban a sus miembros para someterlos a trabajos forzados y propios de esclavitud.
Su botín era el saqueo, eran aventureros que no pretendían “conquistar” sino transportar
mercadería humana desde el interior para comercializarla en la costa atlántica. Esas
incursiones de los famosos “mamelucos” (mestizaje de tupíes con portugueses), también
comúnmente llamados “bandeirantes” (integrantes de “bandeiras”, que podría traducirse
como “bandas” o grupos armados), generaron un clima de terror en los pueblos
originarios del interior subcontinental y fueron cambiando el equilibrio particular de una
zona muy extensa que funcionaba bajo los viejos patrones culturales de esos pueblos
precolombinos o bien se habían ido integrando estos –pacíficamente- a las referidas
“misiones” de los padres jesuítas, con su estructura de organización social y productiva
(esos religiosos que también se asentaron en las poblaciones portuguesas costeras y que
tuvieron enfrentamientos importantes con estas bandas). Los asaltos salvajes de esos
“cazadores” esclavistas produjeron en muchos casos la escapada desesperada de los
pobladores de esas zonas más hacia el oeste, incluso traspasando el propio río Paraná
donde fundaron nuevos poblados más próximos a Asunción y a su posible protección.
Esta situación va acumulando una psicología particular y una motivada aversión hacia
los aventureros que bien sabían procedían de la colonia portuguesa y actuaban en
clandestinidad. Cuando en 1580 el reino de Portugal se integró al reino de España –
situación que sobrevivió más de cincuenta años- la corona española procedió a combatir
esas clandestinidades y amenazar con castigos tales prácticas, pero los hechos eran más
fuertes que las disposiciones formales y los aventureros proseguían con sus propósitos
perversos de esclavizar hombres y mujeres entre los pueblos originarios de la región.
Madrid sufría el mismo problema que producía la institución de la “encomienda” con
los excesos cometidos por administradores coloniales (en particular en las zonas de
explotación minera y de extracción de la codiciada plata). En este caso de los
“esclavistas” paulistas los excesos se producían por lo atractivo del “negocio” y la
necesidad de mano de obra para las explotaciones extensivas brasileñas (las del azúcar),
no importando ni los límites formales impuestos por la Corona ni la realidad de las
misiones religiosas, desarrolladas sobre la base de la convivencia productiva de esos
pueblos originarios, cristianizados y organizados en verdaderas comunidades
estructuradas. Así como la “encomienda” produjo una mortandad enorme de gente
(muchas familias no aceptaban la explotación en la forma como se la imponían, y
preferían la muerte a una vida indigna), la resistencia contra los “cazadores” tuvo el
mismo triste desenlace o la desgracia del cautiverio para vivir en condiciones muy
penosas.
3. La Gran Provincia de Asunción y los Tratados del siglo XVIII
Entonces la población de la “gran Provincia” con eje en Asunción va volviéndose hostil
y aprehensiva frente a todo lo procedente de Sao Paulo y de su entorno colonial
portugués. Esa población se va transformando por su propia conciencia de situación en
los custodios de una “soberanía territorial” de la Corona española frente a incursiones
que en realidad no eran propiamente “conquistadoras” sino aplicando el criterio de la
“tabla rasa”, del saqueo y de la captura de seres humanos para la esclavitud. No
obstante, la política de arrasar esos dominios poblados -en particular la zona de las
“misiones”- podría perfectamente ir acompañado de una pretensión portuguesa de
debilitar la presencia española y afectar su economía colonial. Esto se agudizó en el
siglo XVIII y terminó en invasión cierta y directa de los portugueses a principios del
siglo XIX (la toma de los siete pueblos misioneros en la margen oriental del río
Uruguay, del “alto Uruguay”, y la presencia militar mucho más al sur en la extensa
estancia o vaquería de esa Banda Oriental, incluido el margen costero atlántico), a pesar
de los esfuerzos españoles de contención y fundación de pueblos (la acción de un
demarcador español Don Feliz de Azara junto al joven criollo y Capitán de Blandengues
Don José Artigas, recorriendo e inventariando la zona y fundando el pueblo de Batoví,
hoy Sao Gabriel). Y esto aconteció a posteriori de la decisión real de crear el nuevo
Virreinato del Río de la Plata separado del Virreinato del Perú (1776), para dar mayor
posibilidad de vigilancia y custodia de los territorios coloniales españoles en esta sureña
Cuenca del Plata, a la que se sumaba el propio Alto Perú al norte.
En ese siglo XVIII las coronas española y portuguesa habían tratado de negociar
posiciones en lo complejo de esta zona sureña, donde en 1680 se había asentado con
suma audacia y desafío un poblado fortificado y puerto portugués en la entrada del
propio Estuario del Plata y frente a Buenos Aires (la Colonia del Sacramento), hecho
que acontecía unos cuarenta años después de haberse separado definitivamente el reino
de Portugal del reino de España. Ésta reacciona encomendando a Buenos Aires la
fundación de Montevideo (en 1703 había estallado la Guerra de Secesión en Europa, ya
antes Portugal e Inglaterra habían firmado el Tratado de Methuén –origen de estrecha
alianza por largo período-, y terminada la Guerra antedicha en 1713 se firmó el Tratado
de Utrech con la cesión entre otras cosas de la Colonia del Sacramento de Portugal a
España), fundación que recién acontece a partir de 1724 (más de treinta años después de
fundarse Colonia). Y aún a pesar de asentarse poblaciones españolas en la costa platense
de la Banda Oriental (no sólo fue Montevideo sino también Maldonado más al este) la
presencia portuguesa persistió (dado la materialidad del comercio que se desarrollaba,
inclusive con Buenos Aires) y la Colonia logró seguir en sus manos por más tiempo.
Recién en 1750 España alcanzaría una negociación con Portugal para recuperar el
dominio total del Estuario del Plata (la devolución de posesión de la Colonia) mediante
la firma de un Tratado en la ciudad de Madrid, pero sacrificando dominios coloniales
que no sólo abarcaron la zona de las Misiones Orientales (es decir al oriente del río
Uruguay, del alto Uruguay) sino también otros territorios más al norte que llegaban
hasta la región del Mato Grosso. La línea de demarcación se corría más hacia el oeste
como alto precio por recuperar ese puerto estratégico platense, usando un mapa que
dejaba serias dudas de exactitud suministrado por los propios portugueses (la esposa del
rey español era portuguesa y ello parece haber incidido sobre el propio rey y los jerarcas
negociadores ...). Embajadores lusitanos que hacían valer en Madrid las incursiones de
los “bandeirantes” como si se tratara de conquistas y tomas de posesión de territorios
(criterio del “uti possidetis”). Esto afectaba zonas que eran indudablemente de una
riqueza productiva enorme, y sus pobladores –jesuítas y guaraníes e incluso otros
grupos originarios- no comprendían lo que se había pactado en Madrid a tanta distancia
y sin un conocimiento certero de lo que en ese territorio había acontecido y seguía
aconteciendo.
Si bien se produjo el fallecimiento del rey español Fernando VI casi unos diez años
después, y el nuevo monarca sucesor Carlos III terminó anulando el referido tratado con
Portugal (en 1761 por el Tratado del Pardo), el mismo había causado un enorme precio
a la región que culminó con la heroica y trágica Guerra Guaranítica en la zona norte de
la Banda Oriental, que diezmó una población originaria resistente hasta la muerte a las
condiciones de esa negociación. Incluso los mismos padres jesuitas participaron de esas
revueltas ya que no se resignaban a entregar algo que tanto esfuerzo había significado
construir y defendían la causa guaraní. Estos hechos fueron previos a la expulsión de los
jesuitas de todos los territorios coloniales españoles por una Corona que tomó la
decisión presionada por la “ola” opositora europea a esta Orden religiosa (incluida la
presión de la propia Roma), sin conservar en memoria la obra misionera desarrollada y
la importancia de los asentamientos y organizaciones para preservar los territorios para
la Corona. La expulsión acontece en un período menor a diez años desde la asunción del
nuevo monarca español, Carlos III, y antes de una década de crearse el nuevo Virreinato
del Río de la Plata, para proteger los dominios españoles en el Sur. Son momentos
decisivos para comprender el desplazamiento de las fronteras coloniales, que luego
serían antecedentes determinantes de los límites territoriales de cada país sudamericano
(como espacio libre de la dependencia colonial), y causas de muchas guerras que el
subcontinente padeció a lo largo del siglo XIX con las patrias emancipadas o en proceso
de ello.
Con la creación del nuevo Virreinato y la designación del primer Virrey del Plata
Ceballos se produciría por orden Real una estratégica expedición de éste para recuperar
territorios en manos de los portugueses. Cuando Ceballos hubo recuperado nuevamente
la isla de Santa Catalina, el puerto de Río Grande y finalmente Colonia de Sacramento,
le comunicaron sorpresivamente de la firma de un nuevo Tratado con Portugal, él de
San Ildefonso, debiendo devolver los dos puntos costeros reconquistados al norte del
Plata y conservando la Colonia que había sido frontalmente destruída. El precio de la
comunicación desfasada representó para España un revés cierto por las reconquistas
logradas, que en Madrid no llegaron a ponderar. Pero nos queda por destacar la fijación
de nuevos criterios de demarcación en estos territorios sudamericanos a través de la
firma de ese nuevo tratado entre España y Portugal (trabajos que se cumplirían unos
años después), que se tomaría como referencia posteriormente por esas patrias
emancipadas hispanosudamericanas para negociar límites con el emancipado Brasil.
Éste sin embargo adoptaría el famoso criterio del “uti possidetis”, es decir él de la
posesión de hecho, para hacerlo valer ante cada estado fronterizo (que son todos en
Sudamérica salvo Chile y Ecuador), en un proceso negociador que la diplomacia de
Itamaraty despliegaría con gran habilidad de circunstancia y en momentos oportunos a
sus intereses y situación. Ello contribuyó a provocar una verdadera “conquista del
oeste” en Sudámerica, por parte de un Imperio que seguía siendo monárquico y que era
calificado de “esclavista” persistente, en esos tiempos posteriores en que esa condición
comenzaba a desaparecer en el mundo.
Expresa J.B. Alberdi: “Confinados en la zona tórrida los brasileños ocupan un suelo
hermoso sin duda, pero que en sus inmediaciones al mar sólo puede ser habitado por
las razas de Africa, y cuyas regiones interiores son inaccesibles por falta de vías de
comunicación ... necesita salir de la zona tórrida en que está metida la casi totalidad de
su territorio ... necesita la Banda Oriental o el Estado del Uruguay, Misiones,
Corrientes, Entre Ríos y el Paraguay ... El Brasil en efecto debe esa nueva plaga del
hambre a la sed de ganancia de sus grandes propietarios, que son dueños de los 4/5 de
su suelo. En vez de consagrar una parte al cultivo de cereales y animales para la
subsistencia de su población, lo destinan todo a la producción del azúcar, del tabaco,
del café, del té, que los enriquece a ellos a expensas del pueblo trabajador que muere
de hambre ... el gobierno brasileño halla más cómodo conquistar los países vecinos ...
que obligar a sus grandes propietarios a dejar la cultura que los enriquece, por otras
más ventajosas para el pueblo ...”. Con respecto a la importancia que tiene para el
Imperio el dominio de los ríos de esta zona de la Cuenca del Plata, Alberdi expresa:
“... no tiene otro medio de asegurar la posesión de los países que hoy integran el
Imperio (en referencia a las provincias de Río Grande y Matto Grosso) ... el emperador
don Pedro tiene que saludar a las modestas banderas de esas repúblicas (en referencia
al Paraguay, a las provincias argentinas de Misiones, Corrientes y Entre Ríos, y al
Uruguay) y obtener su venia ... para pasar a ejercer su autoridad soberana en los
confines de su propio imperio ... esas provincias son las únicas capaces de aclimatar al
hombre de la Europa ... (estando en ellas ) todo el porvenir y toda la grandeza futura
del Imperio...”
4. El Paraguay de la Emancipación y su Modelo de Convivencia Social
La única zona que le resultaba más esquiva al Brasil para proceder a esa expansión
territorial lo representaba el Paraguay, el eje central de aquella “gran Provincia”
colonial española, que se había transformado en un “feudo” de difícil abordaje desde el
propio inicio del proceso de la emancipación, a pesar de su comportamiento de
autosuficiencia y aislamiento respecto a la cabeza del ex virreinato platense, Buenos
Aires.
(Es pertinente en el desarrollo del presente trabajo realizar algún comentario resumido
sobre el período de los gobiernos de Gaspar Rodriguez de Francia y de Carlos Antonio
Lopez, por sus características especiales y como preparatorios del contexto previo a la
gran contienda militar de los sesenta, bajo el gobierno de Francisco Solano Lopez)
El Paraguay era un territorio con características de “mediterraneidad” en el interior de
un subcontinente, comprendido en la llamada Cuenca del Plata y atravesado por los ríos
Paraná y Paraguay. La realidad económica y política de los “paraguayos” estuvo
determinada por esa geografía. Podemos llamar “mediterraneidad” a ese encierro del
Paraguay que tuvo como única salida de su comercio aquella red fluvial a la cual
hacíamos referencia. Las dificultades se hicieron de importancia a partir del momento
de creación del Virreinato del Río de la Plata (1776) y la constitución de Buenos Aires
como capital. El Cabildo de Asunción en 1794 reclamaba y proponía “tarifas” que
protegían a los productos del país, lo que fue desechado por el Consulado (comercial)
de Buenos Aires, como “llave económica del sistema fluvial platense”. La historia que
siguió estuvo directamente relacionada con ese enfrentamiento. Se va generando en
Asunción un marcado “sentido localista” que no sólo apunta a Buenos Aires. También
en paralelo existía la aprehensión contra el carácter destructivo de los “bandeirantes” y
la permisividad y complicidad portuguesa. Pero una clase criolla empezaba a tener
similar sentimiento contra lo español, sabedora de la imposibilidad de acceder a
determinadas posiciones reservadas para españoles de origen.
Esta triple perspectiva del sentido localista se aprecia en el desenlace del Cabildo
asunceño de julio de 1810 que no reconoce la Junta de Mayo en Buenos Aires
(predominio de posición españolista), y que luego en junio de 1811 se rebela contra el
intento de los españoles cabildantes “carlotistas” de solicitar apoyo de Portugal. El
resultado de esta rebelión fue el nombramiento de una Junta Gubernativa de criollos,
con Francia y Yegros integrándola. Se firma un tratado con Buenos Aires sobre la base
de un concepto de autonomía y confederación, designando a Gaspar Rodriguez de
Francia representante al Congreso de 1813 en la ciudad porteña. La misión a Asunción
del Dr. Nicolas Herrera (oriental al servicio del gobierno porteño), de setiembre de
1813, termina en fracaso para el gobierno de Buenos Aires. Los criollos asunceños
cambian el curso del “camino federal” y de la autonomía, hacia la “independencia y
separación”, y en Octubre de 1813 se constituye el primer Consulado (Yebros y
Francia) con la política de “cerrar puertas”. La ruptura con Buenos Aires no produce un
acercamiento al caudillo Artigas en su lucha contra el centralismo y por la autonomía
(se prefiere por parte de ese Consulado “evitar la guerra civil” y no embarcar al
territorio en esa posible guerra manteniendo equidistancias con los vecinos). Pero esa
decisión de ruptura sí ocasiona una situación real perjudicial a la zona mediterránea sin
posibilidad de salida fluvial para el comercio (el “cerrojo” de la herencia colonial se
vuelve mucho más contundente).
En 1814 el Congreso de Asunción da mayores poderes a Francia proclamando una
“dictadura” por cinco años, que en 1816 se transforma su carácter a “perpetua”... Esta
situación culmina trágicamente en 1820 con un complot contra Francia que fracasa, y en
consecuencia ocurre la ejecución de Yebros y de otros sublevados (en ese mismo año
llegaba Artigas de la Banda Oriental derrotado por los portugueses y perseguido por el
entrerriano Ramirez, solicitando asilo en un momento muy particular, y recibiendo la
exigencia de ser ubicado en una zona distante de la capital hacia el noreste, Curuguaty;
esta decisión del gobierno asunceño significó separarlo de sus fieles seguidores negros e
indios que fueron asentados en la cercana Cacupé). La política exterior de este gobierno
de no sostener ninguna clase de vínculos regionales era absoluta, como lo sería en
paralelo su despotismo y retraimiento. Había una actitud de desconfianza hacia lo
extranjero, y se tendía hacia una economía autárquica de autosuficiencia. Esa economía
se basaba en un monopolio de la actividad por parte del Estado, a través de la tenencia
mayoritaria de tierras (explotación directa o indirecta a través de arriendos), llamadas
las “estancias de la patria”. Una realidad que se diferenciaba de la situación del
latifundio y del accionar de los grandes terratenientes, como ocurría en otros ámbitos
regionales. El arrendamiento a los pobladores y pequeños productores, el pago de un
arriendo al Estado por concepto del usufructo, permitía una explotación agropecuaria
diferente, que seguía pautas económicas del propio gobierno, bajo el concepto de una
identidad nacional y soberana.
Dice Box: “... La población guaraní era el verdadero cimiento de su dictadura (la de
Francia); la aristrocracia y la burquesía española y nativa, eran sus únicas enemigas.
Se mostró implacable en aplastar a sus enemigos, que eran también los explotadores de
los campesinos guaraníes, y con una comprensión verdaderamente revolucionaria
aprehendió la importancia de la confiscación de bienes para derribar la dominación de
una clase ... “ Agrega García Mellid: “... El despotismo del doctor Francia consistía,
precisamente en preservar los módulos atávicos aborígenes de la corrosión disolvente
de los intereses extraños u abusivos. En materia agrícola conservó y afianzó el régimen
de comunidad agraria que en ese lugar y a su modo, venía desde el fondo de las edades.
Lo habían respetado los conquistadores e impuesto en sus reducciones los padres
jesuítas ...”
Fleitas, Izaguirre, Pareja y Rossi expresan: “... Ante lo inevitable, Francia pensó en
una economía autárquica de autosuficiencia. Puso el énfases en la producción agrícola
y ganadera local, cuyas técnicas eran muy primitivas. El régimen del trabajo agrícola
era el de la colonia. De todas formas el Supremo, teniendo en cuenta tales limitaciones,
fomentó esas producciones con lo que tenía a mano. Para ello monopolizó todas las
actividades económicas y las puso al servicio del Estado, tomando él mismo,
directamente, las riendas de la conducción económica. Se obligó a los agricultores a
sembrar lo que el Estado quería y necesitaba. Se controló las plantaciones de trigo y
algodón. Se estatizó la yerba mate, que era la principal producción agrícola. También
la ganadería fue controlada por el Estado, que se apoderó para ello de la mayor parte
de las tierras. Esos extensos territorios estatales ... tuvieron su origen,
fundamentalmente, en las tierras de la corona, de los jesuítas y otras ordenes religiosas
y de los enemigos políticos del régimen. En los dos primeros casos las tierras pasaron
directamente a manos del Estado. En el caso de las tierras particulares, hubo
expropiaciones ...”
Pero ese gobierno a “perpetuidad” duró hasta el fallecimiento de Francia en Setiembre
de 1940, sucediéndolo una Junta Provisoria que convivió con una puja entre “pro
francistas” y “anti francistas” (de tendencia más liberal). Habían pasado 20 años de la
ejecución de Yegros y de la llegada de Artigas ... También habían pasado 20 años para
un anciano ya de 76 años, asentado y marginado en el lejano San Isidro de Curuguaty,
que era trasladado a prisión por la comandancia del lugar -por decisión de la Junta- dos
días después del fallecimiento del Supremo ... En Enero de 1841 se produce un
levantamiento militar que apura la instalación de un Congreso, para finalmente en
Marzo de ese año nombrar un segundo Consulado por 3 años, con actuación en él de un
ascendente hacendado Carlos A. López junto al teniente de la rebelión de apellido
Alonso. El nuevo gobierno apuesta a abrir el comercio y a alcanzar la libre
navegabilidad de los ríos, sobre la base de un “proyecto de nación independiente”. En
Noviembre de 1842 se produce la Declaración de la Independencia por medio de un
documento oficial, que agrega un artículo sugestivo: “Nunca jamás será (el país) el
patrimonio de una persona o de una familia”. Y además expresando en otro artículo un
elemento trascendente y preanunciador ... que los futuros gobiernos deberán jurar ante
el Congreso “defender y conservar la integridad e independencia del territorio ...”.
El gobierno busca el reconocimiento de la independencia por los demás actores
regionales e internacionales. Sólo logra el reconocimiento por el Imperio del Brasil en
1844, teniendo el explícito rechazo de las Provincias Unidas del Plata presididas por el
bonaerense Rosas(éste considera que aquellas abarcaban al Paraguay como parte del ex
Virreinato español, y decía que “el Paraguay no puede tener vida propia ...”). En ese año
de 1844 el Congreso aprueba una Constitución presidencialista, y designa Presidente
por 10 años a Carlos A. López. En ese principio del período de gobierno se reivindica la
figura de Artigas, él que es trasladado anciano a una finca asunceña, donde viviría hasta
su muerte en 1850 .... En 1846 llega a Asunción el primer barco a vapor de origen
inglés, que había logrado sortear el bloqueo rosista en la entrada de la Cuenca del Plata.
La tensión con Rosas iba en aumento en toda la región, habiendo el Paraguay rotó
relaciones diplomáticas en 1845, y declarando la guerra a las Provincias Unidas ... En
1849 se produce la invasión paraguaya de las Misiones en el margen oriental del río
Paraná (al occidente o noroeste del alto río Uruguay), como manera de expresar la
hostilidad a Rosas y reivindicar territorios bajo su jurisdicción de la época de la Colonia
(el Congreso de Bs.As. como reacción autorizaba en ese momento al Ejecutivo la
“reincorporación de la provincia del Paraguay” a la Confederación por la vía de las
armas).
En 1850 se firma el tratado de alianza con el Brasil a fin de enfrentar al régimen rosista.
El desenlace final de la guerra regional contra Rosas se concreta en 1852 en Caseros
(con las fuerzas del Brasil, del entrerriano Urquiza y del oriental Flores), sin participar
ningún ejercito paraguayo, lo que no impidió el reconocimiento posterior de Urquiza y
de la Confederación Argentina respecto a la independencia del Paraguay, la fijación de
la frontera del río Bermejo en el oeste y la del río Paraná en el este (Lopez devuelve las
Misiones, lo que significa la pérdida estratégica de comunicación directa con el
Uruguay por el río del mismo nombre). En 1854 el Presidente Lopez es reelecto por el
Congreso por unos diez años más, mientras que su hijo Francisco Solano había partido
hacia Europa un año antes a fin de capacitarse y de estar cerca de la zona de influencia a
nivel mundial (había sido designado embajador de su país para obtener reconocimiento
de independencia en países europeos). Los destinos del país pasarían posteriormente a
sus manos al fallecer su padre en 1862. Su formación y preparación en el viejo
continente se volcó en la planificación del modelo país al que se aspiraba, generando a
su regreso obras y realizaciones concretas, pero significando al mismo tiempo malos
ánimos de sus vecinos y de quiénes veían al Paraguay una apuesta de crecimiento
soberana, no acorde a sus intereses marítimo comerciales ... Díficiles tiempos
sobrevendrían, y la concreción de una guerra fraticida que culminaría con el sacrificio
de su vida en 1870 y una situación de destrucción por siempre recordada.
A pesar de la amenaza rosista sobre el Paraguay y de la necesidad que tuvo el Presidente
Carlos Antonio Lopez de buscar un acercamiento con el Brasil, los antecedentes de las
relaciones entre ambos no eran buenos, y estaban pendientes de definición problemas
límitrofes en más de una zona, de difusa frontera en los hechos. Por excepción en el
tratamiento diplomático, Brasil prefirió no utilizar el criterio del “uti possidetis” con
Paraguay, al que le aplicaba en las exigencias de negociación el propio tratado de San
Ildefonso, por convenirle lo que allí se expresaba (ese mismo tratado que no reconocía a
los demás estados fronterizos hispanosudamericanos). Sin embargo no obtuvo
resultados exitosos en la negociación, aún cuando sabía que el Paraguay necesitaba de
su ayuda ante la amenaza de la voluntad cierta del bonaerense Rosas (de reivindicar la
anexión de su territorio para las Provincias Unidas del Río de la Plata -por el propio
antecedente virreinal- en la década del 40 del siglo XIX). Entonces, se reflejaba un
Paraguay con un manifiesto sentimiento de autonomía respecto de la ex capital virreinal
y a la vez un marcado criterio de soberanía territorial, tomando en cuenta su situación
colonial y los territorios de su jurisdicción frente al Imperio del Brasil, heredero de la ex
colonia portuguesa en Sudamérica. Las negociaciones de Paraguay con el Brasil
quedaron congeladas a mediados del siglo XIX, incluso después de la derrota de Rosas
en Caseros y el triunfo de una alianza que fue el paso preliminar de la Triple Alianza de
la década siguiente, y el desenlace fatal para el pueblo y el Estado paraguayo, en una
guerra arrasadora que culminó con una intervención brasileña de varios años, y las
consecuencias de “quita” de territorios al Este (zona actual del Mato Grosso do Sul
brasileño) y al Oeste (zona actual del Chaco argentino).
5. El Uruguay como Territorio al Sur de la extensa Banda Oriental
Pero también un triste desenlace de guerra en la región sirvió de antecedente, y
aconteció unos años después del inicio de la emancipación de las colonias españolas en
América. El Brasil aún no se había independizado, y Portugal encuentra propicio el
camino para avanzar militarmente hacia el Sur de sus posesiones coloniales en
Sudamérica. Otra vez cruzamientos de matrimonios reales peninsulares determinan que
la esposa del Rey de Portugal, Carlota Joaquina, sea la hermana del Rey español
depuesto por Napoleón, asentada desde 1808 en la ciudad de Río de Janeiro junto a su
marido Juan VI y a la propia Corte real portuguesa emigrante, lo que genera en ella la
aspiración a reinvindicar su condición de princesa e infanta española sucesora de los
dominios coloniales, y que encuentra eco favorable en autoridades españolas ubicadas
en la ciudad puerto de Montevideo. La oportunidad se hace propicia para que el ejercito
portugués invada la Banda Oriental del río Uruguay e ingrese en la parte sur costera de
la misma (1812), extendiendo su avance de principios del siglo XIX (unos once años
después de la toma militar de posesión de las Misiones Orientales, que aconteciera en
1801). Esta primer invasión no obtiene el resultado esperado para Portugal pero
significó sin embargo la constitución de nuevos asentamientos más al Sur, que se
consolidarían unos años más tarde en la segunda invasión cumplida y conocida en
Brasil como la “guerra contra Artigas” (1816), caudillo provincial enfrentado al
centralismo de Buenos Aires y al mismo tiempo a las aspiraciones portuguesas de
expansión. En 1820 el Jefe de los Orientales pierde su última batalla en Tacuarembó
frente al ejercito portugués y debe emigrar hacia la provincia vecina de Entre Ríos
donde tiene desavenencias con el caudillo Ramírez (que había pactado con Buenos
Aires), quién lo persigue hacia el norte pasando aquél a la provincia de Corrientes y
luego ingresando al Paraguay del Dr. Francia.
La Provincia Oriental se transformaba en Provincia Cisplatina y pasaba a formar parte
del Reino de Portugal hasta la independencia del Brasil unos tres años después, y
manteniendo esa denominación pasa a ser parte del nuevo Imperio sudamericano. Una
gesta libertadora organizada y financiada desde Buenos Aires en 1825 recupera el
territorio, y una asamblea de representantes de sus pueblos decide la incorporación a la
Provincias Unidas del Río de la Plata (Montevideo aún seguía en manos brasileñas). Se
declara la guerra entre el Brasil y las Provincias Unidas, determinando por parte de
aquel el bloqueo del puerto de Buenos Aires por su importante flota marítima, y por
parte de estas el envío del ejercito al territorio de la Banda Oriental a fin de avanzar
hacia el interior de esa Banda y enfrentar al ejercito brasileño en diversas batallas de
resultado exitoso. No obstante, la mediación británica en Río de Janeiro, y la aislada
invasión por su cuenta del oriental Rivera a las Misiones Orientales (hacía más de veinte
años que se encontraban en manos portuguesas y brasileñas), más la persistencia del
bloqueo marítimo a Buenos Aires, determinan el apresuramiento para llegar a una
negociación de paz. Se termina firmando en Río de Janeiro –para luego ser ratificada
por cada parte- una Convención Preliminar de Paz (1828), donde se crea el Estado
Oriental del Uruguay dando un plazo prudencial para la elaboración y jura de una
Constitución que lo rigiera. Hecho que acontece en 1830 eligiéndose su primer
presidente republicano, Rivera, y partiendo de una situación inicial inaudita sin fijación
de límites territoriales definitivos. Nunca se llegó a firmar una Convención Definitiva
por parte de los países firmantes del acuerdo “preliminar” de paz, y los límites quedaron
como asignatura pendiente a resolverse más adelante. La precaria situación hizo que en
el segundo mandato presidencial se produjera un derrocamiento apoyado desde el
exterior, lo que determinó que el Presidente depuesto, Oribe, emigrara a la zona vecina
de las Provincias Unidas.
Era la época de los federalistas rosistas contra los unitarios, que se confundían con las
dos divisas orientales – blancos contra colorados respectivamente - que se enfrentaban
desde hacía algunos años, creándose un conflicto regional mucho más complejo al
concretarse casi en simultáneo la “revolución farroupilha” en Río Grande do Sul y el
intento de emancipación contra el Imperio. La intervención de los imperios marítimos
de la época, aspirando a la libre navegabilidad de los ríos, completa el cuadro de
situación de la región concretándose la llamada “Guerra Grande” (nombre en que es
conocida por estas latitudes, que no debe confundirse con la “guerra del Paraguay” a la
que también se le llamó la “Guerra Grande Sudamericana”), que produce nuevamente el
bloqueo del puerto de Buenos Aires, ahora por las flotas de ingleses y franceses, y la
“Defensa” del Montevideo colorado y unitario por el sitio que le impone Oribe, blanco
y federal rosista. Muchos años de enfrentamiento sin dilucidación y dos gobiernos
paralelos en Uruguay en la cuarta década del siglo XIX, para culminar en una alianza de
la desesperada Montevideo de la Defensa junto al caudillo federal entrerriano Urquiza y
el propio Imperio del Brasil (que entra en escena en forma por demás oportuna),
produciendo el primer efecto de la neutralización del sitio de Oribe (la firma de la paz
de Octubre de 1851 con un engañoso título de “ni vencidos n vencedores”) y el segundo
y letal efecto de la posterior derrota de Rosas en la batalla de Caseros (1852),
produciéndose el primero y el único ingreso del ejercito brasileño a la capital de Buenos
Aires, como parte de la comitiva triunfante luego de la contienda. Montevideo también
era testigo en esos momentos de la presencia del ejercito imperial brasileño, en
circunstancias donde el gobierno uruguayo -resultante de ese período de transicióndebía
afrontar una cuantiosa deuda de guerra con un Brasil acreedor, y al mismo tiempo
en esa oportunidad, debía ratificar la negociación de límites realizada en forma por
demás coincidente por un representante oriental en Río de Janeiro...
De esta descripción surge por sí sola una manifiesta situación de presión para que el
presidente Giró terminara ratificando lo acordado por el embajador Lamas en Río de
Janeiro, en ese Tratado que disponía los límites sobre la base del criterio de separación -
en pleno dominio luso-brasileño- entre las provincias Cisplatina y Río Grande do Sul.
Al menos la fundación por Rivera -con indios tapes misioneros en 1828- de la ciudad de
Santa Rosa -hoy Bella Unión- sobre las orillas del río Cuareim (afluente del río
Uruguay) determinó que la frontera quedara un poco más al norte del Río Arapey (otro
afluente del río Uruguay) que era la aspiración brasileña (y el propio antecedente
cisplatino). Sin embargo un pequeño territorio de forma triangular que pertenecía a un
hacendado brasileño en una zona próxima al este del río Cuareim fue reservado en las
instancias de demarcación, dado la influencia del mismo como integrante del Senado
imperial (aún hoy ese territorio está en situación de protesta). Nada valieron los títulos
que surgían de lo resuelto por el Tratado de San Ildefonso de 1777 cuya demarcación
practicada por portugueses y españoles determinaba un extenso territorio mucho más al
norte de lo estipulado en este tratado firmado en 1851 (por lo menos debía llegar hasta
otro afluente del río Uruguay más al norte, el río Ibicuy, que era lo ya pactado en el
Tratado antecedente de Madrid de 1750, y que en 1777 se llevó hasta la desembocadura
del Pepirí Guazú en el Alto Uruguay incluyendo el territorio de las Misiones Orientales
–conquistadas por las armas por los portugueses en 1801 y ratificadas como posesión
brasileña en la Convención de 1828, a pesar de la acción previa recuperadora de Rivera
no reconocida en Río-).
Este Tratado de 1851 fue considerado nulo en la siguiente década por el gobierno
uruguayo del Presidente Aguirre (sucesor del gobierno de Bernardo Berro aliado con el
Paraguay) y hecho quemar en la plaza pública días previos a los desenlaces fatales de la
toma de la ciudad de Paysandú (a principios de 1865 sobre el litoral del Río Uruguay).
Sitio cumplido por el ejercito y la flota imperial brasileña junto al Gral. Flores, con el
apoyo previo del gobierno argentino de Mitre triunfante en Pavón (1861), y el resultado
final de fusilamiento de los defensores heroicos de la misma, al mando de Leandro
Gómez. En esas condiciones la caída del gobierno en Montevideo era inminente, y la
preparación del acuerdo secreto de la llamada Triple Alianza contra el gobierno
paraguayo de López abría el camino para aplastar un proyecto de país que resultaba
incómodo y peligroso a estos triples aliados que ya lo eran del tiempo de Caseros.
Dice Cárcano: “ Apenas concluye la guerra civil, Uruguay concurre a la guerra de
Paraguay ... ¿Porqué combate Flores contra Paraguay? Simplemente por retribuir al
Imperio, según contrato firmado, el socorro militar que le prestó para conquistar la
dictadura. Es la expresión del poder sin restricciones ...El Imperio facilita un préstamo
para inciar la marcha ... la antigua provincia Cisplatina se convierte en campo de
concentración de las tropas y recursos militares de Brasil. Constituye la base de
operaciones de guerra antes de contraerse la Triple Alianza ... Es la única voluntad de
un partido, es posible de un grupo, quizás de un hombre. No es obra del país. En la
naturaleza y en la vida, las pequeñas fuerzas son arrastradas por las grandes. Resulta
nominal la soberanía e independencia de Uruguay con la resignación activa del propio
pueblo, embriagado por la pompa de una situación falsa ...”
Dice L.A.. de Herrera:” ... A su calor (en referencia al gobierno argentino de Mitre
que apoya a Flores desde el momento mismo de la invasión en el año 1863) nace y
crece la anarquía en el Uruguay, prospera el agravio oficioso al Paraguay y adquiere
cuerpo la alianza con el Imperio, para renovar el delirio de 1816 ... De ahí que sea
indispensable repetir ... que el día de Pavón (en referencia al triunfo militar de Buenos
Aires sobre las provincias en el año 1861) hicieron crisis los destinos de esta región de
América .. (porque allí había sido sustituida) la política federal, amplia, de solidaridad
internacional y pacífica, por la funesta política de estirpe unitaria, helada y vengadora
...”
Expresa H. Licandro: “... La participación de Uruguay en la guerra, quizás no deba
cargarse exclusivamente sobre las espaldas del caudillo colorado (Flores). La
economía de guerra fue un estimulante formidable para la prosperidad de Montevideo
y Buenos Aires. Juan Carlos Gómez le dice a Mitre en su polémica: “Los proveedores y
mercachifles le baten palmas. Según ellos, era imposible resistir a López con nuestros
solos elementos, hubiéramos sido vencidos y arruinados, mientras hoy nadamos en oro
...”. Es de toda evidencia que la futura investigación habrá de arrojar luz sobre los
grupos que se beneficiaron, y sus vínculos con Flores ...”
6. La Dificil Construcción Nacional Argentina post Caseros y Resultado de Pavón
Las luchas civiles argentinas no habían terminado con la batalla de Caseros, al
producirse la caída de Rosas. Buenos Aires rechazaba el acuerdo emergente por el papel
conferido a Urquiza, investido con el título de Director Provisorio de la Confederación.
En mayo de 1853 se promulgaba en Santa Fé la nueva Constitución Nacional, y Buenos
Aires se separaba de la Confederación para constituirse en Estado independiente.
Dice Box: “... No es díficil ver en la confusa historia de la Argentina después de
Caseros ... la causa mediata de una lucha de clases en que estaban frente a frente, por
una parte, una burguesía urbana con un proletariado no despierto bajo sus órdenes, y
por otra, los magnates agrarios y los caudillos semifeudales de las provincias, con sus
indómitos subordinados, los gauchos, clase agraria ésta, inconsciente aún de sus
intereses especiales y lista para ir en pos de sus señores en cualquier aventura...”
Expresa L.A. de Herrera: “...Estos crudos antecedentes económicos dan la
explicación precisa de muchos conflictos y de graves rozamientos, su lógica derivación
... (ellos explican que cuando) en 1853 el general Urquiza y los plenioponteciarios de
Francia, Inglaterra y Estados Unidos suscriben tratados declarando la libertad fluvial
...y los ríos quedaban abiertos a la civilización y al comercio de todas las banderas ...
Buenos Aires ensaya su protesta. Dueña y señora del Estuario .... ha defendido –como
un tesoro- el régimen colonial, aplicado sin alivio a las provincias ...”
Agrega H.Licandro: “...Las medidas tomadas por el gobierno del Paraná (el de la
Confederación Argentina) para atraer el comercio exterior y liberarse de la tutela de
Buenos Aires no tuvieron sin embargo éxito. Luego de décadas de paulatina ruina de
las economías provinciales su deformación era tal que los comerciantes de provincia
siguieron operando a través de Buenos Aires; la guerra económica la ganaría la
antigua capital virreinal; entonces las provincias comprendieron que no podían vivir
sin Buenos Aires, pero reivindicaron la nacionalización de las rentas. En Cepeda
(octubre de 1859) es derrotado Mitre. Al mes siguiente se firma el Pacto de la Unión
que marcaba el triunfo de las provincias pues quedaba establecida la reincorporación
de Buenos Aires a la Confederación y la nacionalización de las aduanas. Triunfo sin
futuro: hábiles maniobras de Mitre devuelven a Buenos Aires el monopolio. En
setiembre de 1861, en la batalla de Pavón se termina el litigio consolidando la
preminencia de Buenos Aires y de Mitre. Urquiza comienza una conversada siesta en
San José (su estancia en Entre Ríos)...Dieciocho meses después de Pavón comienza la
revolución de Flores, el caudillo oriental había servido en las fuerzas mitristas, había
participado en la famosa batalla, junto con otros orientales ... Mitre promueve la
invasión florista, no para reconstruir el virreinato, sino como medio para retener las
provincias argentinas y para ello necesita un gobierno adicto o aliado en el estado
vecino; ese aliado es Flores o, aún, puede llegar a serlo el Brasil, si éste decidiese
anexarse el pequeño estado ... Pavón no entraña la unidad nacional, sino la
dominación de un país –Buenos Aires- sobre otro, las provincias ... ”
7. La Comprensión de Antecedentes y la Proyección de Consecuencias
Concebir este desenlace histórico que culmina en la Guerra del Paraguay requiere
comprensión de los hechos y de los antecedentes previos, incluso de aquellos previos a
la emancipación de estos territorios, que eran colonias de las Coronas española y
portuguesa. Hemos querido reunir en estas páginas los acontecimientos más
significativos, que como antecedentes mediatos o casi inmediatos contribuyeron a dar
forma a un contexto de confrontación bélica, con las consecuencias que trajo aparejado
el desenlace de la guerra para toda la región, y que quizás lleguen hasta nuestros días.
La historia previa del Paraguay y la historia previa de las distintas vertientes de los
ejercitos invasores contribuyen a entender las motivaciones de una conjunción de
voluntades políticas regionales para producir uno de los enfrentamientos armados de
mayor magnitud en el subcontinente, sino el mayor, enfrentamiento que marcaría un
desenlace definitivo sobre un modelo nacional que ya no pudo seguir siendo lo que
había sido, y que a la fuerza debió doblegarse a las nuevas condiciones internacionales
imperantes en el mundo. Fue una guerra regional porque sus actores así lo reflejaron en
los campos de batalla, pero que indirectamente estaban incidiendo los intereses
marítimos comerciales mundiales (especialmente ingleses), conscientes de la necesidad
de superar las dificultades generadas por una región y un gobierno que no se amoldaba a
las nuevas pautas imperantes, y que claramente denominaban en términos comparativos
como la “China Sudamericana”.
Carlos Real de Azuá desarrolla el siguiente análisis: “...desde que la energía expansiva
de Europa unificó el mundo, en cada rincón de él incide, amortiguado o terrible,
directo o indirecto, el juego de todas sus fuerzas. A mediados del siglo XIX tal cuadro
de incidencias está completo y en la nueva historiografía latinoamericana la atención
al fenomeno imperialista – que algunos despistados y otros no tan tontos creen el fruto
de una obsesión – no responde a otra cosa que a la emergencia de esa decisiva
realidad. Pues creo que no es lo que define mejor a esa nueva historiografía por
oposición a la tradicional (u oficial, o “heroica”, o liberal), el interés por lo
“infraestructural” respecto a lo “superestructural” (aún despojada la dualidad de todo
su peligroso esquematismo). Más radical aún es el antagonismo entre lo que cabría
llamar el “enfoque inmanente”, y lo que también podría denominarse el “enfoque
conectivo”. El primero sólo toma en cuenta la incidencia exterior a mero título
episódico, aún en el caso de “intervención” o “presión”, y más regularmente, bajo un
rubro de “relaciones internacionales”, colocado a similar nivel con los restantes. El
“enfoque conectivo” sabe, en cambio, que el margen relativo de autonomía con que
cada desarrollo histórico se cumple está en aguda oposición dialéctica con el otro,
mucho más ancho aún, de inducciones que modelan nuestros destinos, de fuerzas
universales que nos arrastran a la deriva, tal vez hacia un reencuentro o derrotero
presumible. Y si me explayo en esta antítesis es porque pienso que la presidencia de
Berro o, la intervención porteño-brasileña en el Uruguay y la posterior guerra
paraguaya es a esta luz conectiva que asumen su total relieve ...”
Ahora con respecto a los actores regionales expresa Efrain Cardozo: “... Paranhos, el
más lúcido de los estadistas brasileños, el que mejor conocía al Río de la Plata ... sabía
que eran sumamente escasas ... las posiblidades de someter por las armas al Paraguay,
si el Brasil no contaba con la alianza o la buena voluntad de la Argentina. En
consecuencia se propuso plantear de nuevo toda la estrategia imperial en el Río de la
Plata, hasta entonces basada en un supuesto fundamental: la secular rivalidad entre el
Brasil y la Argentina. Esa rivalidad había que trasmutarla en amistad y alianza ...”.
Agrega Cardozo: “...(cuando Paranhos plantea a Urquiza el problema paraguayo en
1857) Urquiza no se mostró renuente a aceptar la mano que se le tendía, pero pidió
mucho más. Dijo que una guerra contra el Paraguay encontraría ecos simpáticos en las
provincias, sólo si tuvieran como objetivo la solución de todos los problemas, entre
ellos el territorial ... El Chaco, hasta la Bahía Negra, tendría que ser de la Argentina
...”
Dice O`Leary: ” ... la independencia del Estado Oriental (para el gobierno paraguayo
de Lopez) no le era, ni podía serle indiferente ... por ser un país al cual estabamos
vinculados por razones geográficas que eran de vida o muerte para el Paraguay ...
(siguiendo a Alberdi) el interior del Brasil necesita del Paraguay para tener la libertad
de los ríos, pero esa libertad amenaza la segregación de estas provincias del Imperio;
éste quiere reternerlas, para ello busca cerrar los ríos, debe atacar la Banda Oriental y
conquistarla, entonces cerraría los ríos y el Paraguay quedaría encerrado en los
dominios imperiales, con la amenaza consiguiente a su independencia, dadas las
ambiciones territoriales brasileñas ...”
El consul de Francia en Montevideo, M. Maillefer expresaba a su gobierno: “...
Siempre me ha parecido muy díficil hacer salir a esta China americana (se refiere a
Paraguay) del sistema de aislamiento que hasta el presente le resultó tan bien a sus
gobernantes (correspondencia del 14-12-1863) ...(y en relación a la connivencia entre
Buenos Aires y Río de Janeiro) no se puede dejar de conjeturar que (para Brasil),
además del interés permanente de dividir, debilitar y dominar la República Oriental,
los armamentos del Paraguay, su íntimo enemigo, y la eterna cuestión de los límites,
han sido el punto de partida de esa alianza con la política argentina ...El Brasil puede
jactarse de reducir a Don Solano Lopez a la aceptación de los límites en litigio; el
argumento puede esperar otro tanto, y Montevideo de esta manera es una primera
etapa para llegar de común acuerdo a la Asunción (correspondencia de abril de 1864)
... Es de interés vital para la navegación y las comunicaciones internas del inmenso
Imperio brasileño el que las dos riberas del Paraguay no pertenezcan exclusivamente a
una única potencia. La Confederación Argentina y Bolivia reivindican una parte de los
desiertos del Chaco en el borde occidental del río: parece que el Brasil de buen grado
ayudaría a la Confederación a apoderarse de esos territorios en perjuicio del Paraguay
y de Bolivia, con quienes tiene perpetuas disputas de límites (correspondencia del 14-5-
1864) ... Parece más y más probable que el Paraguay, que es actualmente la tabla de
salvación del partido blanco (oriental) y el espantapájaros de sus adversarios, es el
principal objeto de la coalición porteño-brasileña y el ámbito de la situación
(correspondencia de agosto de 1864) ...”
Para Luis Alberto de Herrera el origen de la guerra radicaba, de parte de Brasil, en su
ambición territorial y en su deseo de dominar los ríos, para clausurarlos; y de parte de
Argentina, como forma eficaz de realizar la unidad nacional, matando definitivamente
la resistencia federal. Y es por estas razones que la guerra significó un momento
fundamental en la formación de la actual geografía política del Plata: había evitado que
prosperase el federalismo del litoral (con los antecedentes desde Artigas), y además
había impedido su unión con Paraguay y Uruguay en una alianza que contrapesara al
exceso de poder de las dos metrópolis, con ejes en Buenos Aires y Río de Janeiro-Sao
Paulo (ya en las decadas pasadas se había abortado por parte del Imperio el proyecto de
emancipación de la “revolución farropilha” en Río Grande do Sul). Fue necesaria una
guerra de esta magnitud y destrucción a fin de consolidar una determinada situación de
poder, dejando estabilizado un mapa político regional acorde a las “necesidades” de la
situación internacional de la época.
A partir de esta verdadera tragedia comunitaria regional se construye la “modernidad”
de nuestros estados nacionales sureños que no es otra cosa –expresado quizás en
palabras actuales- que la inserción internacional de estos países en la economía mundial
del siglo XIX, regida por nuevas pautas de comportamiento y nuevas reglas de
actuación. La “city” o metropoli londinense, las cotizaciones en bolsa y el sistema
financiero como nuevos mecanismos creados, determinaban nuevos actores en torno a la
economía mundial y a un comercio organizado entre países, que implicaba el
intercambio entre productos manufacturados producidos por las incipientes fábricas
europeas y los productos primarios de las zonas periféricas del mundo, entre las cuales
se encontraba Sudamérica.
Para ello era necesario garantizar el libre comercio y la libre circulación de las flotas
marítimas que harían viajes de ida y de vuelta, transportando aquellos productos del
intercambio antedicho, creando en los países periféricos la infraestructura necesaria para
modernizar la situación de estos acorde a los requerimientos que en aquella época eran
necesarios para los negocios varios a desarrollarse. También los sistemas educativos,
muy poco desarrollados en estas latitudes con desorden e inestabilidad social, debían
diseñarse sobre la base de modelos concordantes con la estructura de mundo que se
construía, permitiendo a las nuevas generaciones alcanzar una formación que les
permitiera integrarse al ámbito del trabajo y de las profesiones y especialidades
necesarias para el desenvolvimiento de la vida comercial y socio-económica de la
época.
Reformas educativas tienen lugar en esos años posteriores buscando por medio de
normas legales garantizar estabilidad a la aplicación de sistemas nuevos y a la
formación previa de profesores y maestros que asimilaran las nuevas pautas de
modernización. Una mentalidad positivista se abría camino en esos años, que tenía una
respuesta recelosa del lado de la iglesia católica que no aceptaba de buen grado los
cambios que el mundo material, positivista y pragmático iba imponiendo. Una etapa de
transformación cultural tenía que seguir a continuación, dentro de la planificación que el
sector dirigente se imponía, lo que a su entender tenía que superar los hechos del pasado
a fin de hacer estable la nueva situación de inserción.
También la llegada de nuevos inmigrantes determinara el aporte de un grupo social
ajeno a la realidad anterior de estas tierras y con propensión de alcanzar su progreso
individual con mentalidad europea. Nuevos tiempos se avecinaban dejando atrás los
viejos pleitos de décadas pasadas, pero la memoria colectiva de los pueblos hace
mantener vivo en cierta forma aquellos sentimientos pretéritos. Y lo hace con
expresiones que quedaron impresas y registradas, y que llegan a nuestros días para
hacernos razonar en forma crítica y lúcida, sobre hechos que hay que interpretar del
modo más justo posible. La historia siempre estará abierta a nuevos hallazgos que
permitan completar mucho mejor los detalles y certezas de acontecimientos que
ocurrieron hace muchos años.
El presente nos encuentra reflexivos y atentos a estos hechos del pasado, que mucho
tienen que ver con nuestra situación presente. No sólo los territorios nacionales
resultantes siguen hoy vigentes sino que las relaciones de fuerzas en la región persisten
en expresarse de un modo especial determinando asimetrías ciertas y perspectivas
encontradas. Será entonces tiempo de sensibilizarnos en la compresión cabal de hechos
acontecidos hace más de un siglo que por desgracia pautaron derroteros muy diferentes
a lo que pudo ser. Citando expresiones del uruguayo Carlos Roxlo (quizás exponente
histórico de esa desvalida “pequeñez territorial” resultante) terminamos el presente
trabajo escrito sobre antecedentes de la guerra del Paraguay y un intento de reflexión
sobre sus posibles repercusiones en el presente, en nuestros recuerdos colectivos y en
nuestros sentimientos ...: “Sin la Triple Alianza, sin aquella guerra ... otra hubiera sido
la política internacional del Río de la Plata. No estaríamos a merced de los colosos que
nos aprietan como una tenaza; nuestro predominio comercial se hubiera mantenido; el
Imperio hubiera durado menos de lo que duró y nuestros aliados naturales se hubieran
desenvuelto, constituyéndose como una constelación de estados autónomos a lo largo
de los ríos del sur ...”
Bibliografía manejada:
1) Podetti, Ramiro “ Una Política Sudamericana” Artículo publicado en la página
Web “Agenda de Reflexión” de Julio de 2007;
2) Cardozo, Efraim “Los Derechos del Paraguay sobre los Saltos del Guairá” Artículos
publicados en el períodico “Comunidad” en el año 1964;
3) Williman, José Claudio y Panizza, Carlos “La Banda Oriental en la Lucha de los
Imperios 1503-1810” de la “Historia Uruguaya Tomo 1” Ediciones Banda Oriental Año
1993;
4) Freitas, Heber , Izaguirre, María Julia , Pareja, Elena y Rossi, Jorge “Paraguay:
Proyecto de Nación Independiente 1808-1854” Ediciones Banda Oriental Año 1987:
5) Licandro, Hugo “La Guerra del Paraguay (Sus Orígenes y la Lucha Diplomática)”
Cuadernos de Marcha Setiembre de 1967 (Extracto del Trabajo de Curso elaborado por
el Prof. Juan .E. Pivel Devoto en el Instituto de Profesores Artigas año 1964);
6) Real de Azuá, Carlos “Bernardo Berro, el Puritano en la Tormenta” Trabajo
publicado en Cuadernos de Marcha del mes de Setiembre de 1967;
7) Consultas varias efectuados por Internet a través del buscador Google, en la
enciclopedia Wikipedia y otras webs.
Cr. Daniel Pérez Faggiani
Montevideo - Uruguay
daperfag@hotmail.com
Noviembre de 2008
Cr. Daniel Pérez Faggiani
Montevideo - Uruguay
daperfag@hotmail.com
Participante del V Encuentro Anual del CEL (Centro de Estudios Latinoamericanos) de
la Universidad Nacional de San Martín sobre “La Guerra del Paraguay:
historiografía, representaciones, contextos”, realizado en Buenos Aires del 3 al 5 de
noviembre de 2008.
Se deja constancia de que el presente trabajo no fue presentado y expuesto en el evento,
y pretende sólo ser un aporte escrito post.encuentro, desde nuestra humilde perspectiva
regional y particular, a la interpretación actual de un suceso y de sus antecedentes que
nos han dejado huellas muy significativas para nuestro posicionamiento presente.
“EL FOMENTO DE LO HISTORICO CULTURAL EN LA
REGION DE LA CUENCA PLATENSE SUDAMERICANA Y
MAS ALLÁ DE ELLA ... como lema de actuación para el
conocimiento reciproco de los pueblos de esta zona
subcontinental del mundo, y como requisito previo imprescindible
de una efectiva integración de su gente y de sus modos de vida,
del respeto entre iguales y de la complementación necesaria.”