
Fernando Cajías de la Vega
(UMSA, La Paz, Bolivia)
Durante el desarrollo de la Guerra del Paraguay, gobernó Bolivia el tristemente célebre general Mariano Melgarejo (1864-1870), cuyo gobierno se caracterizó por una férrea dictadura.
Sin embargo, si hay un aspecto que la actual historiografía revisa más críticamente, es su política internacional, principalmente, dirigida por su ministro de Relaciones Exteriores, Donato Muñoz.
Por mucho tiempo se ha culpado a Melgarejo de “generosas” cesiones territoriales a Chile y Brasil. A Chile, con el Tratado de 1866, por el que Bolivia perdía tres de los cinco grados geográficos que tenía en la costa del Pacífico y a Brasil, con el Tratado de 1867, todo el territorio de Matto Grosso. Además, en el caso chileno, se le reprocha la concesión monopólica a exploradores chilenos de la explotación del salitre, por quince años, sin pago de impuestos.
Pese a lo grave del asunto, ha surgido la reflexión sobre si al gobierno de Melgarejo no le quedaba otra cosa que fijar fronteras en territorios que estaban en disputa desde décadas atrás.
Más importante aún fue su política para fortalecer la unión americana, así garantizar la paz entre los pueblos americanos y su defensa ante la amenaza de portencias extranjeras como España. Es importante recordar que este país bombardeó puertos del Pacífico, lo que ocasionó una indignación general y el surgimiento de un alto espíritu americanista, especialmente en las Repúblicas del Pacífico (Ecuador, Perú, Bolivia y Chile).
En 1867, por ejemplo, el congreso boliviano, ratificó los cuatro tratados “celebrados en Lima por los diputados de la Unión Americana sobre Alianza, Unión de paz, comercio, navegación y correos. Indudablemente, ellos traerán el engrandecimiento de los Estados que los han firmado porque aseguran la Paz que es el punto principal para el progreso”(1)
Durante el gobierno de Melgarejo se consolidó el bloque de las repúblicas del Pacífico, con un especial amistad entre los gobiernos de Bolivia y Chile, que actuaron coordinadamente para ofrecer su mediación en la guerra del Paraguay.
Con los tratados de 1866 y 1867, Bolivia tenía soluciado por lo menos momentáneamente, sus problemas limítrofes con Brasil y Chile, pero quedaban pendientes las disputas territoriales con Argentina y Paraguay. Precisamente éstas últimas preocuparon al gobierno boliviano durante la guerra del Paraguay, por el temor que los aliados no tomen en cuenta los derechos bolivianos sobre el territorio del Chaco.
Estas dos razones, ofrecer la mediación y velar por los derechos de Bolivia, motivaron al gobierno boliviano, enviar al coronel Quintín Quevedo como Enviado Extraordinario de la República de Bolivia ante el Imperio del Brasil y las Repúblicas del Plata: Argentina y Uruguay.
Precisamente, las cartas e informes del coronel Quevedo, son la fuente principal para el presente trabajo. Quevedo ejerció su misión, al principio, desde Río de Janeiro, luego visitó Montevideo y , finalmente, la mayor parte del tiempo estuvo en Buenos Aires.
OFRECIMIENTO DE MEDIACIÓN
Desde el momento en el que el Coronel Quintín Quevedo, enviado extraordinario de Bolivia ante los tres países, presentó sus credenciales, ofreció la mediación de Bolivia para llegar a un acuerdo de paz con Paraguay, aún a sabiendas que la mediación ofrecida por Estados Unidos, había sido rechazada.
El 5 de febrero de 1868, Quevedo se reunió con el Ministro brasilero Paranagua, encargado accidentalmente de las relaciones exteriores; después de expresarse recíprocamente los sentimientos de amistad entre ambos países y de tratar asuntos como la demarcación de límites y las buenas relaciones entre los países del Pacífico, pasó Quevedo a “significarle en términos generales el deseo ardiente del Gobierno boliviano por ver terminada de cualquier modo pacífico y honorable la larga y dispendiosa guerra del Paraguay, cuyas calamidades lamenta, puesto que, en los dos partidos beligerantes ve pueblos amigos cuya suerte y ventura le interesa directamente; que Bolivia, absteniéndose de hacer apreciaciones de otro género, en esa guerra y respetando los motivos de ella, veía con dolor su indefinida prolongación y como vecina común se consideraba en el deber de ofrecer sus buenos oficios de mediación, en ese sentido mi gobierno me ha autorizado especialmente para interponerlos…”, con la promesa de dejar “incólume la dignidad de todos y muy especialmente la de los aliados que se creen agredidos…”(2).
El ministro del Brasil respondió que apreciaba el interés y los buenos deseos del gobierno boliviano, pero “hizo una corta reseña histórica de los esfuerzos brasileros por el cultivo de su amistad con las repúblicas vecinas, habiéndose distinguido muy especialmente con el Paraguay. Aseguró que importaba y convenía a los altos destinos continentales y a los intereses del Brasil, la existencia e integridad del Paraguay, que por tanto no se trataba de ninguna desmembración en ese país. Dijo que, en tal concepto, la guerra paraguaya, había surgido solo de “las violencias, atropellamientos y ofensas perpetradas escandalosamente por el Presidente López”.
Que la deslealtad de éste y su invasión consumada en el territorio brasilero y argentino imposibilitaban cualquier allanamiento que no satisficiera el honor y la dignidad” (3). Explicó luego que esas razones forzaron la negativa del Imperio del Brasil a la mediación de los Estados Unidos; concluyó asegurando que todo advenimiento con el presidente López era imposible “por su deslealtad” y que estaba pronta la victoria de los aliados, que la guerra no era a la República paraguaya sino a su tirano López. Por todas estas razones quedó implícito el rechazo a la mediación.
Precisamente veinte días después, Quevedo recordaba al Canciller boliviano, Donato Muñoz “la inoportunidad de mi insinuación para que se acepte la mediación o buenos oficios de Bolivia. Espero una coyuntura favorable para formularla debidamente, a fin de cumplir con las instrucciones que recibí sobre ese particular. Un cambio cualquiera en el estado de los ejércitos contendientes, puede facilitarme esa coyuntura, que no dejaré pasar infructuosamente”(4).
Pese a que tampoco el ofrecimiento de mediación fue aceptado en las charlas preliminares con los Ministros de Argentina y Uruguay, Quevedo decidió insistir en la propuesta de mediación, dada la instrucción recibida por el gobierno boliviano el 18 de junio de 1867.
En esta segunda oportunidad presentó en Buenos Aires, el 17 de Julio de 1868, un oficio con el encargado de Negocios de Chile, Guillermo Blest Gana en el que se manifestaba “nuestra insinuación conjunta de buenos oficios para la paz con el Paraguay”. Los representantes de los países aliados respondieron que “después de ponerse de acuerdo en esta capital, nos contestarán lo que resolvieren sobre la materia”.
Aún antes de recibir la respuesta, Quevedo se manifestó pesimista respecto a la posible respuesta de los aliados: “No tengo esperanzas de que nuestra interposición surta completamente sus efectos por la ocupación de Humaitá que ha dado a la guerra un carácter de vigor a favor de la alianza y ha alentado la esperanza de la pronta rendición del Mariscal López…por esto la interposición boliviano-chilena dejará de haber sido muy oportuna y honorable y que en sus efectos posteriores dejará de militar favorablemente”(5).
El gobierno del Brasil, a través del Secretario de Estado de los Negocios Extranjeros, manifestó en carta del 28 de julio de 1868:
“Los señores don Quintín Quevedo y D.G.Blest Gana, deseosos de secundar los intereses de sus respectivos gobiernos, resolvieron ofrecer conjuntamente al de SM el emperador la interposición de buenos oficios, en nombre de los dichos gobiernos, para la solución pacífica de la guerra que los aliados sostienen contra el Paraguay.
El infrascrito cumple el grato deber de llevar al conocimiento de los señores representantes de las repúblicas de Bolivia y de Chile, que el gobierno imperial aprecia con satisfacción los términos de la referida nota; más que, no pudiendo tomar en tan grave asunto una solución definitiva sino de acuerdo con sus aliados, no le es dado en esta ocasión más que agradecer, como agradece cordialmente los buenos deseos…”(6). Prometió reunirse con los aliados para dar una respuesta definitva.
El 21 de agosto de 1868, los representantes de los tres gobiernos respondieron negativamente, por separado, pero en textos calcados.
“Los gobiernos aliados son los primeros en deplorar los males y las calamidades de una guerra entre estados vecinos, pero sin tener la menor parte de responsabilidad, desde que fueron agredidos de una manera condenada por el Derecho Internacional y por los usos y prácticas de las naciones civilizadas, no podían dejar de responder, como respondieron a la cruenta provocación del gobierno paraguayo. Ellos creen, por consiguiente que las causas y los fines de esta guerra, lo mismo que los sucesos que han tenido lugar, no les permitieron aceptar el benévolo ofrecimiento de los gobiernos de Bolivia y de Chile y así lo han resuelto”(7).
El oficio de Uruguay fue firmado por Manuel Herrera, encargado de la Misión Especial del Uruguay en Buenos Aires; el del Brasil por Joaquín de Amaral, Encargado especial de la Misión Especial del Brasil en Buenos Aires y el de la Argentina por el propio Ministro de Relaciones Exteriores, Rufino de Elizalde. Los tres gobiernos agradecieron a los gobiernos de Bolivia y Chile y manifestaron su deseo de estrechar los lazos de amistad.
A los dos días de la negativa de los aliados, las legaciones de Bolivia y Chile respondieron lacónicamente a los representantes de los tres países que en vista de la no aceptación de los “benévolos ofrecimientos de los gobiernos de Bolivia y Chile” por parte de los gobiernos aliados aduciendo como argumento las causas y fines de la guerra, así “los sucesos que han tenido lugar”, “lamentan la ineficacia de su amigable interposición, cuyo resultado llevarán al conocimiento de sus respectivos gobiernos”.(8).
Los ofrecimientos de mediación trascendieron a la prensa, la que según Quintín Quevedo, “ha merecido generales simpatías y la mayoría de la prensa lo ha sostenido con empeño…” En otra nota afirma que “la prensa argentina toda, salvo “El Nacional”, que ha ostentado su predisposición para las Repúblicas del Pacífico, ha sabido estimar nuestra interposición amistosa, darnos sus agradecimientos y prestarnos su aprobación y su concurso.” (9).
Quevedo relacionó la negativa de los aliados a la ocupación de Humaitá por los Ejércitos Aliados, lo que alentó en los tres países “las operaciones de la guerra y trastornando las predisposiciones favorables a la paz que se sentían antes de ese suceso. Agregado tal acontecimiento a la rendición de los restos paraguayos de Humaitá en la península y a las constantes predisposiciones del Brasil, esencialmente dominante sobre sus aliados, nada de extraño tiene esa denegación”:
Consideraba Quevedo que la mayoría de la opinión pública de los paises aliados consideraba próximo el término de la guerra y la rendición del mariscal López, pero que también era necesario tomar en cuenta otras opiniones como la del diario “Pueblo Argentino”, que “por el contrario creen a López fuerte y juzgan la guerra interminable, bajo una nueva paz, en el terrerno de las guerrillas y las montoneras”(10).
Las legaciones de Bolivia y Chile intentaron también presentar sus buenos oficios ante el gobierno del Paraguay. Al respecto, Quevedo informó, a fines de julio de 1868, que las legaciones de Chile y Bolivia, consiguieron un “pase para un correo de gabinete con el señor Blest Gana, que haremos mañana a la Asunción remitiendo el correspondiente pliego de interposición de buenos oficios…”(11).
El correo de gabinete nunca llegó a destino por oposición del jefe de las tropas aliadas, marqués de Caxias. El 19 de agosto de 1868, el coronel Quevedo, informaba al gobierno boliviano que “el Correo de gabinete que de acuerdo con el Encargado de Negocios de Chile mandamos al Mariscal López, dirigiéndole la correspondiente interposición de buenos oficios para la paz, con previo pase del gobierno argentino y después de seguridades que nos manifestó el señor Elizalde, de que llegaría a su destino sin obstáculo, regresó contrariado por la negativa del marquez de Caxias para su continuación al campamento paraguayo”(12).
Las dos legaciones, en carta dirigida al Ministro Elizalde, pidieron explicaciones sobre “un suceso incalificable y respecto del cual esperamos la debida solución”. En esa carta Quevedo y Blest Gana afirmaron lo siguiente:
“El ministro plenipotenciario de Bolivia y el Encargado de Negocios de Chile tienen el honor de poner en conocimiento de S.E., el Ministro de Relaciones Exteriores de la República Argentina, que el correo de gabinete que con el objeto conocido por el gobierno argentino y un pase otorgado por el señor Ministro, enviaron los infrascritos al Paraguay, ha regresado a esta capital sin haber podido dar cumplimiento a su encargo, por oponerse a ello el señor General en Jefe de los Ejércitos Aliados.
El señor don Antonio Bombal que, como puede recordarlo S.E. fue la persona designada para desempeñar la comisión antedicha, ha hecho a los infrascritos la siguiente relacion de lo sucedido en el desempeño de su encargo:
A su llegada al campamento aliado puso en manos del señor general en Jefe del Ejército Argentino el pase que a solicitud de las legaciones de Bolivia y Chile se había servido otorgarle S.E. el Ministro de Relaciones Exteriores de esta República.
Impuesto de su contenido el general Gelly y Obes, manifestó al señor Bombal que encontraba irregular el pase que se le había dado, tanto por ser otorgado por el Ministro de Relaciones Exteriores, de quien el no recibía ordenes, como por venir dirigido al General en Jefe del Ejército Argentino que era un subalterno y no al Señor Marquez de Caxias, general en jefe de los Ejército Aliados. Dijo también que por su parte era de senitr que no debía concederse a persona alguna autorización para pasar al campamento enemigo porque esto podía perjudicar las operaciones de la guerra, pero que, como no era él quien debía resolver en esta materia, daría cuenta de este incidente al señor Marqués de Caxias”.
El mismo Bombal condujo la nota al Marquez de Caxias quien finalmente decidió no permitir que pase al campamento paraguayo(13).
Inmediatamente el Ministro Elizalde respondió, en coordinación con la representación del Brasil, dando las explicaciones del caso. Según la explicación del Ministro, la carta dirigida al Marqués, en la que se avalaba el pase del señor Bombal “no fue recibida sino después que este señor dejó el campamento del ejército aliado y a falta de ella y a causa también de las operaciones activas que tenían lugar entonces, el señor Marques de Caxias no creyó oportuno conceder el pase en aquellos momentos”.
“Si el señor Bombal hubiera demorado unos días más, hubiera conseguido llevar a efecto la mision que iba encargado y que había obtenido el asentimiento de este gobierno y de la legación del Brasil y que solo fue retardado por las circunstancias mencionadas”.
En la misma carta Elizalde ofreció dar un nuevo pase si las legaciones de Bolivia y Chile deseaban enviar un nuevo correo de gabinete con el mismo objeto a que fue destinado el anterior para facilitarle el tránsito por las filas aliadas (14).
La legación del Brasil explicó lo mismo, insistiendo en que las operaciones militares impidieron el pase inmediato, pero si Bombal hubiera esperado unos días habría conseguido su objeto, “como ahor podría conseguirlo si lo desasen los señores Quevedo y Blest Gana”(15).
En carta de 20 de agosto de 1868, Quevedo y Blest Gana contestaron al Ministro Elizalde repitiendo sus argumentos relacionados con las operaciones militares y la tardanza de Caxias, pero aún así “deploran esta contrariedad, pero animados de los mismos amistosos y humanitarios sentimientos que les dictaron su interposición oficiosa y confiando en la fe que les merecen la palabra de un gobierno amigo, aceptan las explicaciones del Señor Ministro, permitiéndose observarle sin embargo, que ellos, ni su correo de Gabinete, podían ni debían suponer que para que éste llegase a su destino, era menester otros requisitos que los de SE mismo creyó como únicos necesarios puesto que a suceder lo contrario debían presumir que S.E. el Señor Ministro habría enviado a estas legaciones al mismo tiempo que el pase, el oficio a cuyo retardo atribuye el malogro del viaje del señor Bombal.
Respecto al nuevo envío del Correo de Gabinete que SE ofrece, por segunda vez, los infrascritos reservan su aceptación hasta tanto que la contestación de los gobiernos de la Alianza, les coloque en el caso conveniente” (16).
La nota de Elizalde motivó al Ministro pedir a Quevedo una conferencia privada en la que le solicitó quite de la carta la frase “confiando en la fe que les merecen la palabra de un gobierno amigo” por resguardo de posibles interpretaciones. Quevedo explicó que la frase significó la aceptación de las explicaciones de los aliados y que por ello no creía conveniente retirarla. Elizalde aceptó la versión de Quevedo.
El incidente del malogrado correo al Paraguay, coincidió con la no aceptación de los aliados a la propuesta boliviano-chilena, por lo que ambas legaciones decidieron dar por terminada su interposición de mediación a fines de agosto de 1868.
INTERESES BOLIVIANOS EN EL CHACO
Una de las fronteras en disputa desde la fundación de la república fue la frontera con Paraguay, fundamentalmente por el Chaco Boreal. El internacionalista boliviano Valentín Abecia sostiene que la disputa se debía a que Bolivia sostenía que el Chaco Boreal, territorio entre los ríos Pilcomayo y Paraguay hasta Bahía Negra pertenecía a la Audiencia de Charcas, en cambio Paraguay sostenía que su límite norte era Bahía Negra.
Ambos paísesse esforzaron en demostrar sus derechos desde la colonia, pero poco hiiceron por poblar el territorio. Bolivia reconoció la independencia del Paraguay en 1843 con la seguridad que la margen derecha del río Paraguay le pertenecía. En cambio el gobierno paraguayo sostenía que tenía soberanía de costa a costa sobre el río Paraguay, aspecto que fue reconocido en el Tratado de Límites entre Argentina y Paraguay de 1852 y que originó la protesta del gobierno boliviano(17).
En esa situación de indefinición se dio la Guerra de la Triple Alianza. El 6 de julio de 1866 la Cancillería boliviana reclamó el Tratado secreto de la Triple Alianza, mediante el cual los aliados “hubiesen comprendido una gran porción del territorio boliviano”. El canciller argentino Elizalde tranquilizó al gobierno boliviano ennota de 18 de agosto de ese año, afirmando que los países aliados respetaban los derechos bolivianos y se los dejaba a salvo en los territorios que están en la margen derecha del rio Paraguay (18).
El que advirtió sobre los peligros de usurpación de los derechos bolivianos en el Chaco fue el encargado de Negocios en Argentina, Agustín Matienzo. Desde Buenos Aires, el 18 de mayo de 1865, escribía lo siguiente:
“En los momentos actuales en que a consecuencia de la Guerra con el Paraguay, tendrá tal vez la Argentina que tomar posesión de los territorios que nos usurpaba el Paraguay ha sido una estipulación oportuna y salvadora la del artículo 20 del Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navegación (firmado con Argentina el 2 de mayo de 1865, pero que faltaba su aprobación por el poder Legislativo). En el se declara que la posesión no será un título para destruir los derechos primitivos de las naciones contratantes acerca de sus territorios (19).
Sin embargo, el mismo Matienzo, fue el que alertó sobre los peligros de usurpación que significaba, el Tratado de la Triple Alianza, en carta de 9 de junio de 1866:
“Es adjunto el número 74 de la América, diario de Buenos Aires, en el que hallará VE el Tratado de Triple Alianza, celebrado entre Brasil, Argentina y el Uruguay. El artículo 16 de ese tratado contiene en su inciso 1º, una usurpación de inmensos territorios bolivianos, tanto que apenas podría considerarse en lo sucesivo como frontera boliviana los arrabales de Chuquisaca y de Santa Cruz pues que es indeterminado el límite al que aspira la triple Alianza a la margen derecha del río Paraguay.
Me parece que no solo sería imprudente, sino que hasta sería deshonroso el silencio de Bolivia ante esa usurpación anunciada en el tratado que pronto se consumara por las armas”.
Sugiere. Matienzo que inmediatamente el gobierno boliviano tome las siguientes medidas:
“1º. Hacer una protesta solemne y declarar por una ley territorio boliviano todo el comprendido entre los ríos Paraguay y Bermejo, declarando, además, que todo buque puede llegar libremente sin pagar derechos por su cargamento a cualquier punto del litoral boliviano.
2ª. Ratificar los tratados que firmé en Buenos Aires el 2 de mayo de 1865 y pedir inmediatamente su cumplimiento en lo que tiene relación con los límites”(20).
Como ya se vio, el gobierno de Melgarejo presentó las reclamaciones respectivas que dieron su resultado, pero retardó inexplicablemente la aprobación legislativa de los tratados firmados por Matienzo, lo que originó su caducidad.
Matienzo, dentro de su preocupación, llegó a sugerir que “si ni la república Argentina, ni el Brasil hacen justicia a Bolivia, es necesario y santo aliarse con el Paraguay antes de que sucumba. Algo más, tal vez sería conveniente a la causa democrática boliviana que las repúblicas del Pacífico impidan la derrota del Paraguay (21).
El gobierno boliviano envió a Quevedo con las intrucciones de ofrecer la mediación y velar por “los intereses orientales de Bolivia”.
Quevedo varias veces insistió sobre que “los intereses orientales de Bolivia merecen la más seria atención y desearía que al respecto de ellos y para los casos de solución de la guerra paraguaya me mande V.E. sus intrucciones que en anterior correo le he pedido(22)”.
Por su parte el Cónsul boliviano en Buenos Aires, Adolfo Carranza, presentó al gobierno boliviano un interesante proyecto para contribuir a la realización práctica de la navegación fluvial del río Paraguay hasta nuestras riberas y puertos orientales.
Carranza se queja de falta de respuesta e insiste en su proyecto:
“Hace años que dirigí notas a su ministerio respecto a l navegación del río Paraguay, hasta el puerto que el Supremo Gobierno determinase y hasta ahora no he tenido contestación, pues no dudo que conseguiría formar una compañía que hiciese la navegación tomando yo particularmente una parte en ella, porque comprendo la conveniencia que resultaría para ese país, y en esta virtud, repito nuevamente para que si el supremo gobierno lo tiene a bien, se me indique:
El puerto que se determine como puerto. El premio que se dará a la empresa que llegue con un vapor a él. La distancia del puerto a la primera población de la República”.
Ofreció Carranza que la empresa construiría el vapor en Buenos Aires y pidió las estadísticas de producciones que podrían traerse desde el puerto boliviano, que se construyan postas para los pasajeros, que se doten de terrenos para fomentar la migración al puerto. Sugirió también que el gobierno tome parte de la Empresa(23)
Lastimosamente el proyecto de Carranza no recibió el apoyo necesario. Más importante que demostrar los derechos en papeles, era empezar a navegar por el río.
En todo caso, el gobierno logró salvaguardar sus derechos, pero momentáneamente porque el problema de límites con Paraguay, continuó a lo largo del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX hasta originar otra terrible guerra entre países vecinos latinoamericanos.
VISION DE QUEVEDO SOBRE LOS PROTAGONISTAS DE LA GUERRA
Si bien el coronel Quevedo, como diplomático, no da largas apreciaciones sobre las causas y razones de la guerra, entre líneas muestra sus simpatías, temores o reproches.
Respecto al soldado paraguayo, coincide con muchos, sobre su valentía y heroísmo. Por ejemplo, cuando transcribe las noticias respecto a la derrota de Humaitá, dice: “Es posible, en esta virtud, que los bravos paraguayos hagan su resistencia, en delante de las breñas y de los bosques, pues el amor a la patria y a la independencia se ha desarrollado en esa heroica nación de una manera extraordinaria y hace creer que no se doblegarán sus hijos a la dominación extranjera.
Muy posible es que Bolivia tenga que abrigar en su seno a los pocos restos de los defensores de Paraguay, si es que buscan allí un asilo, como se anuncia por la prensa. El gobierno noble y caballeroso del general Melgarejo, no dudo prestará en tal caso, la debida protección a esos patriotas desgraciados, desmintiendo así la apreciación que un corresponsal brasilero se ha atrevido hacer sobre la conducta del gobierno boliviano, que supone mezquina llegado ese caso”(24).
Cuando llegaron los prisioneros de Humaitá a Buenos Aires, también Quevedo los califica de héroes, con lo que queda claro su simpatía hacia los soldados y oficiales paraguayos, aunque nada dice de su gobierno.
En cuanto a los gobiernos de la Triple Alianza, sus opiniones son contradictorias. Por un lado no deja de repetir las muestras de simpatía y amistad que ha encontrado en los tres gobiernos con respecto a Bolivia, pero por otro lado, no deja de mostrar, aunque con menos frecuencia, sus críticas y temores respecto a su política externa e interna, especialmente en relación al Brasil y su influencia sobre Uruguay y Argentina.
En carta al Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, da la siguiente apreciación:
“El Brasil es el alma de la contienda paraguaya y al mismo tiempo el que conmueve las facciones orientales.
La República Argentina que debía equilibrar esas influencias, hoy se halla arrastrada bajo de ese mismo yugo.
Se pretende aquí que la República Argentina tiene voluntad, tiene ideas propias, tiene fuerza de acción y eso no es cierto, por desgracia en la actualidad.
El gobierno Mitre-Elizalde, se ilusiona a sí mismo con las apariciones fastuosas que el Brasil le ha dado y quiere sostener aún a pesar de que la opinión pública dentro y fuera no le reconoce. La prensa misma de Rio de Janeiro, eco fiel de su gobierno, ha dejado los miramientos y acusa y ridiculiza a la República Argentina y al mismo Mitre.
Este, entretanto, proclama la lealtad y la armonía de la alianza. Su mensaje así lo pregona, pero la prensa que ve las cosas sin ofuscamiento, lo desmiente”.
En la misma carta evalúa a los tres candidatos para la presidencia en la Argentina de esta manera:
“Elizalde representa los intereses brasileros y la continuidad de la guerra; Urquiza representa la conciliación de ellos con vislumbres de una solución favorable a la paz y a los intereses paraguayos. Sarmiento (el más popular) representa las exageraciones republicanas y las utopías políticas, con esa misma tendencia de paz con el Paraguay”(25).
En otra carta, de 20 de mayo de 1868, opina que Bolivia no puede esperar mucho de la política brasilera y que es el Brasil, el país que sostiene la Guerra del Paraguay:
“Juzgo concluyente mi convicción de que el Brasil tiene y tendrá las más marcadas tendencias absorbentes, en sus miras para con las repúblicas vecinas, resintiéndose de devío y egoísmo.
Esos instintos son los que sostienen la colosal y dispendiosa guerra del Paraguay, por más que su prensa y sus aseveraciones lo quieran desmentir. Ellos son los que alimentan las agitaciones y descontentos del Estado Oriental del Uruguay que hoy se encuentra envuelto en una escandalosa e impropia situación interior…Por todas estas causas temo mucho por la República Oriental, que venga a parar en la situación de protectorado brasilero…
Con estos precedentes y volviendo a lo que toca a Bolivia, en todas sus relaciones y aún en su tratado vigente de marzo, ha sido consecuente y no ha tenido en mira otra cosa que sus conveniencias, estando muy distante de la reciprocidad y de los intereses bolivianos. Sus halagos, sus promesas y su misma legación de López Netto (hoy constituida en espionaje) han sido diplomacias falsas adormideras para entretenernos mientras se sostiene la guerra con el Paraguay. Entre tanto y aún con la cuestión paraguaya pendiente, nos ha explotado en sus concesiones fluviales, ha mantenido en cierta especie de tutela nuestro comercio oriental y ha ganado en sus fronteras”(26).
Su poca simpatía hacia los brasileros se refleja también en un informe sobre los fracasados intentos de tomar Humaitá en 16 y 18 de julio de 1968, pese a alabar la valentía del general brasilero Osorio, acusa a las armas brasileras de no haber apoyado a los argentinos.
En el mismo informe interpreta que el Congreso Argentino no “está por la guerra, pero se abstiene de tomar parte directamente en ello, por falta de valor civil. Los hombres de aquí (Argentina) son individualmente osados, pero en el terreno de la prensa y en el parlamento son tímidos. Las facciones dominantes de dos cortos círculos, amigos de la guerra y de los intereses locales bonaerenses, han acobardado al resto de la sociedad.
En el mismo informe insiste que la República del Uruguay “vive bajo la tutela brasilera”. También consideraba que tampoco en el propio Brasil, la opinión sobre la guerra era uniforme, que su propia Asamblea estaba agitada y dividida y que se daban constantes ataques por la mala conducción de la guerra(27).
CONCLUSIONES
Como se ha podido ver a través de la acción y los informes de Quintín Quevedo, el gobierno boliviano no fue indiferente ante las consecuencias de la guerra. Intentó, conjuntamente con el gobierno de Chile, por lo menos en 1868, mediar en el conflicto. También estuvo preocupado por las repercusiones de la guerra en sus intereses en el Chaco.
Es cierto que no se puede sacar conclusiones absolutas, con base en fuentes de un año de misión y la interpretación de los acontecimientos por parte de un boliviano en Buenos Aires, pero sin duda sus informes y apreciaciones constituyen una fuente importante para conocer una parte de una visión boliviana, un tanto periférica, sobre la terrible guerra del Paraguay, país con el que desgraciadamente Bolivia, se enfrentó posteriormente.