Por Luis Manuel Andrada Nogués
En el diario La Nación fecha 10 de diciembre, leí las siguientes declaraciones atribuidas a Monseñor Fernando Lugo: “El ex obispo de San Pedro también se refirió a su posible inhabilidad para pugnar por la presidencia de la República y reiteró que su postulación surge de una serie de consultas con renombrados juristas, quienes en su momento ratificaron que él está en condiciones legales para candidatarse en las elecciones generales del 20 de abril del 2008.”
No me puedo explicar cómo este Obispo sigue mintiendo a la opinión pública. El sabe mejor que nadie que no puede ser candidato y que está inhabilitado. “El pez cae por su boca”, dice un refrán. Y Fernando Lugo ya el 17 de junio de 2006 había manifestado al diario ABC Color lo siguiente: ”Lugo explicó que no es fácil un pedido de dispensa, que tiene su proceso. El religioso que solicita debe hacerlo a través de la Nunciatura, luego la nota pasa al Vaticano, donde tiene otro proceso y luego de dos años, como mínimo, llaman al peticionante para preguntarle si aún continúa con la decisión de reducirse al estado laical. Comentó que los pedidos de los menores de 40 años son cajoneados y ni siquiera se estudian. Otros casos tardan más de 10 años, como el de un ex sacerdote que se casa hoy.”
Fue categórica la Santa Sede cuando le respondió: “Usted cita el canon 287, 2 del Código de Derecho Canónico para poder asumir directamente el empeño político, pero la excepción a la prohibición general prevista en tal canon no es aplicable a su caso…La Santa Sede por lo tanto no ve la existencia de una justa y razonable causa, exigida por el canon 90 para conceder la dispensa por Usted solicitada... En su carta, citando el canon 187, Vuestra Excelencia “renuncia al ministerio eclesial” para “retornar a la condición de laico en la Iglesia”. Dicho canon no es congruente con su solicitud, en cuanto se refiere a la renuncia “a un oficio eclesiástico”, que es algo muy diverso del estado de vida clerical originado en la sagrada ordenación. Usted sabe bien que la sagrada ordenación una vez recibida válidamente no puede ser nunca anulada y no puede ser ni siquiera suspendida “ad tempos”, en cuanto al Sacramento del Orden imprime un carácter indeleble (canon 1008) y permanente… La reducción jurídica al estado laical viene concedida por el Papa a los diáconos por motivos graves, a los presbíteros por motivos gravísimos (cfr. can. 290, § 3), pero nunca a los Obispos, en cuanto la plenitud del sacerdocio recibido en la ordenación episcopal obliga en grado máximo a la fidelidad a Cristo y a la Iglesia por toda la vida, como también obliga a la coherencia con las obligaciones libremente asumidas en la ordenación presbiteral, y aún más en la ordenación episcopal.”
En su última homilía en Caacupé el Obispo Claudio Giménez fue claro: “Que vivamos lo que decimos y predicamos. Nuestro testimonio, el testimonio de nuestra vida debe ser lo primero, la bandera que conquiste el corazón” y refiriéndose a la actitud del Obispo Lugo expresó: “Según esa opinión, faltan objetivos precisos de la jerarquía, hay dispersión, existe confusión por la decisión tomada por alguno de sus miembros en el campo político”.
No habiendo gestionado siquiera su reducción al estado laical, “porque no es muy fácil un pedido de dispensa, que tiene su proceso” al decir de él mismo, sabe perfectamente que sigue siendo Obispo, Ministro de la Religión Católica. ¿Cómo se atreve pues a seguir mintiendo a la opinión pública”? No es cierto que no tenga impedimentos “legales” ni inhibiciones con la Constitución. Más aún, tiene también una inhibición moral. Es un desvergonzado que actúa así de puro ambicioso. ¿Qué soluciones puede traer al país uno que tiene el mismo comportamiento deleznable que los demás políticos descalificados de nuestro país? ¿Cómo se le puede tener confianza a uno que desprecia lo más sagrado que juró respetar? ¡Y pensar que existen movimientos de Iglesia, “católicos” comprometidos, curas y Obispos que le creen y por ende siguen desobedeciendo la admonición y la Suspensión a Divinis decretada por el Papa Benedicto XVI! ¡Qué sarcasmo! ¿Cómo es posible que se le crea que va a ser honesto, que va a ser distinto, que va a cambiar el país si no tiene ética, es un mistificador y tiene un desprecio absoluto hacia lo que le ha señalado la Santa Sede?
De mi consideración distinguida
Luis Manuel Andrada Nogués
(ex presidente del Partido Demócrata Cristiano de Paraguay)