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viernes, 7 de diciembre de 2007

BUSCANDO LA PERSONALIDAD TRASCENDENTE

POR JUAN G. GRANADA

Sin ánimo de ubicarnos dentro de la teoría de Carlile, podemos afirmar que en las sociedades humanas aparecen variaciones en el curso de la historia por la importancia o por la transcendencia de los hechos que protagonizan algunos genios y otros como simples héroes civiles o militares. Lo importante es que ellos marcan nuevos derroteros a la historia.
Mirabeau interviene en la Revolución Francesa y en una alocución dirigida a la monarquía pasa a convertirse en el exponente revolucionario de un tercer Estado tímido y temeroso que desde entonces ronca el himno de la revolución. El conde rebelde dio proyección histórica a la convención que reunía a los tres Estados y desembocó en una llamarada que encendió el alma de los “Sanz Culotes” de Francia y de los pueblos de Europa. Lo fueron también Robespierre, Daton y Marat, quienes dejaron huellas de sus personalidades en el volcán de Francia al anunciar el nacimiento de un mundo nuevo donde vivimos nosotros con los cánones dictados por la Convención Revolucionaria, sin poder agregarle nada importante ni mejor que los recibidos por esos superhombres.

Bolívar fue trascendente porque se lanzó a la aventura de la emancipación americana con la idea fija de expulsar a los españoles de América y entregar a los pueblos liberados de la sujeción europea, el gobierno de sus capitanías. Bolívar conoció el triunfo, la gloria, la decepción y la amargura de la traición de sus compañeros de armas y de gobierno. Cambió la historia.

San Martín siguió casi el mismo derrotero, pero voluntariamente renunció a la gloria y se retiró a vivir una solitaria existencia repasando las horas de triunfo y nadie logró apartarle de su destierro silencioso.

Rodríguez de Francia en 1811 sigilosamente entró en la conjura contra el gobernador Velazco y llegó a modelar el espilo y la dimensión de la causa paraguaya para lograr la independencia. Su personalidad se asemeja a la de un avaro y aunque trascendente en la historia nacional, adolecía de mentalidad provinciana al guardar en su bolsillo los límites territoriales del país que dirigía. Si se hubiera contagiado de las ideas de Artigas o de cualquier otro caudillo vigente entonces en las soledades de la provincia o de las Misiones Jesuíticas solamente, otra sería la extensión de nuestra Patria.

José Segundo Decoud con ser el talento más brillante de su época, no fue trascendente porque su figura se opacó con la presencia de Bernardino Caballero. Cecilio Báez, otro intelectual de raza, no detuvo ni aceleró el reloj de la historia nacional. Demasiado ocupado en acumular doctrinas y teorías de Derecho, se olvidó de tomar las riendas del país con la musculatura de sus años mozos.

Manuel Gondra es un espejo en el que quisieran mirarse todos los políticos paraguayos, porque se presentaba como maestro de conocimientos, modales, historia, literatura, etc., etc. Influyó sobre los acontecimientos nacionales.

¿Caballero y Escobar fueron trascendentes en el Paraguay? Fueron caudillos que manejaron los acontecimientos políticos de una época sin grandezas, caracterizada por la aparición de caudillos dispuestos a alquilar, vender o hipotecar el país por pocas monedas y los mencionados generales, aunque gozando de prestigio, no abrieron la ruta de dignidad y de respetabilidad al Gobierno del país. Más bien, disputaron con los enanos políticos la ventaja de gozar por una temporada el sabor del poder.

Eligio Ayala sí que fue trascendente porque dictó cátedra de honestidad a un país lleno de comanditarios con los hombres del poder.

Su partido lo resistía; los militares no se atrevían a presionarle; no tenían socios comerciales y vivía aislándose del ruido y las fiestas.

La escuela de su vida ejemplar se clausuró por falta de seguidores. Un atrevido quiso mancillar su dormitorio y pagó con su vida semejante temeridad.

José Félix Estigarribia participó de hechos importantes como conductor de la guerra. Prudente y cauteloso, estaba animado por un sentido de no exponer la suerte del país en una batalla.

Rafael Franco fue personalidad que actuó siempre como una figura singular. Desde su PC en el norte ordenó la expulsión de invasores bolivianos en territorio nacional. Hizo quemar el fortín Vanguardia para que no quede vestigio de la invasión. El Gobierno pidió disculpas al invasor, como expresión de no sentirse dueño del territorio ultrajado.

A Franco le ofrecen una beca para estudiar en el exterior y él rechaza, señalado al Gobierno que en vísperas de una guerra el Ejército debe organizarse e instalarse en el Chaco, en vez de becar a los jefes a centros de olvido del drama nacional.

Lo retiran del Ejército y en Boquerón le piden al Presidente de la Rpca. el reintegro del mayor Franco al Ejército. Al poco tiempo libró batallas con la unidad a su mando y llega a Campo Vía, donde sorprende al enemigo y captura 12.000 prisioneros con sus armas. Meses después, asediado por Toro en audaz y temeraria acción, se lanza a tomar los pozos de Yrendague y siempre en la senda de éxitos, cruza el río Parapití, llega a Charagua. Llega a la Presidencia de la Rpca. y vive de su sueldo de militar y muere en un garaje, renunciando a todas las tentaciones humanas. Vivió como un espartano y falleció rodeado del cariño de su pueblo.

Los que le negaron trascendencia o se opusieron a su designio, qué poca cosa hicieron por el Paraguay frente a su portentosa obra de patriotismo.

Juan G. Granada