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viernes, 23 de noviembre de 2007

ESTADOS UNIDOS IMPONE NARCOCRACIAS

tribunal de paz Ecuador

Estados Unidos es el mayor consumidor de drogas estupefacientes y sustancias psicotrópicas de todo el mundo y, también es el mayor productor de una serie de cápsulas y pastillas que inducen a la drogadicción como son: el famoso crack, anfetaminas de todos los colores y sabores, tranquilizantes y antidepresivos, y bebidas “energizantes” que exporta alegremente a nuestros países de América Latina. Igualmente es productor de miles de toneladas de marihuana, cuyos sembríos jamás han sido bombardeados con glifosato.

Al concluir la “guerra Fría”, Estados Unidos creó otros fantasmas y enemigos contra quienes guerrear y así surgió el narcotráfico y creó otras palabras para satanizar a las guerrillas y a la subversión liberadora y las llamó narcoguerrillas o narcosubversión.

Para poblar de militares yanquis a nuestra América se inventó las bases militares planificadas para combatir a la narcosubversión y para detener el narcotráfico, pero en realidad, su objetivo final es la neocolonización y neodominación total de nuestras patrias para depredar los recursos naturales, asegurar reservas hidrocarburíferas y explotar el agua y el oxígeno, junto a la biodiversidad.

Combatir el narcotráfico es un simple pretexto porque el mercado de las drogas ilegales es un gran negocio en el que participan diplomáticos norteamericanos, militares norteamericanos, policías norteamericanos, civiles norteamericanos, banqueros norteamericanos y mafias norteamericanas. Blanquear o lavar dinero del narcotráfico requiere de especialistas y éstos son norteamericanos. Comercializar al menudeo toneladas de drogas al año, requiere de una gran infraestructura, de enormes capitales, de miles y miles de vendedores, de importantes importadores y de poderosas complicidades. Pero “combatir al narcotráfico” es también un gran negocio que se promociona con shows espectaculares de por medio. Así, capturan a un gran jefe de carteles de drogas de Colombia como el último llamado “Don Diego” (Diego Montoya Sánchez) del Valle del Cauca. El despliegue mediático fue impresionante porque a ese Jefe de narcos se le atribuye ser el responsable de la introducción del 70% de la droga que se comercializa en Estados Unidos, pero cabe preguntar: ¿Han sido apresados los jefes de las mafias narcos de Estados Unidos que, además, se quedan con la mayor parte del negocio? Estados Unidos dentro de su territorio rara vez captura a uno de los grandes jefes del negocio, pero si llena las cárceles imperiales con miles de negros, asiáticos e hispanos del negocio al menudeo.

El narcotráfico es un negocio inmenso que le deja utilidades políticas y económicas a Estados Unidos y que le permite ampliar su presencia imperial en todo el mundo. ¿Recuerda usted el negocio Irán-Contras? Los militares como el famoso coronel Oliver North compraban drogas en América Latina y en Asia, las vendían dentro de Estados Unidos y con las utilidades armaban a los asesinos contras que asolaron a la Nicaragua Sandinista. Redondeaban el negocio con el tráfico de armas hacia Irán que, desde luego, eran prohibidas de comercializarlas hacia ese país.

Recientemente en nuestra América Latina instaló varias bases militares y entre ellas la de Manta del Ecuador, con el pretexto de ejecutar labores de “inteligencia” para detener el narcotráfico. En realidad, esas labores de espionaje están dirigidas a las guerrillas de las FARC-EP y del ELN.

Estados Unidos gasta miles de millones de dólares en el denominado Plan Colombia que inicialmente estaba planificado para combatir al narcotráfico, difundir el valor de los derechos humanos y reemplazar los cultivos ilícitos de coca por cultivos lícitos en favor de los campesinos colombianos. Ese Plan degeneró en el guerrerista Plan Patriota que combate a las guerrillas colombianas y siempre aspira involucrar al Ecuador, Perú, Venezuela y Brasil en el conflicto interno de la hermana República. Para ese fin diseñó el proyecto Iniciativa Regional Andina que pretende regionalizar la guerra contra la guerrilla. Las drogas ilícitas y la guerra son negocios que mueven miles y miles de millones de dólares para apuntalar la alicaída economía imperial.

A mediados de septiembre de este año, Estados Unidos dio al mundo una cabal demostración de cinismo imperial y de doble moral. El Departamento de Estado difundió su famoso Informe Anual sobre América Latina y la lucha contra el narcotráfico. Bolivia, Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Haití, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela sacaron malas calificaciones al ser identificados como países productores o que sirvieron de tránsito de narcóticos hacia Estados Unidos y Europa.

Los países que obtuvieron una dura reprimenda del patrón imperial fueron Ecuador, Bolivia y Venezuela, seguramente porque sus gobiernos son considerados peligrosos para los intereses estadounidenses o que ya entraron en la lista negra para nuevos “ejes del mal”. Con total prepotencia e irrespeto a nuestros países llamó la atención a Venezuela, dijo que el Ecuador había aumentado el envío de coca a Estados Unidos y que Bolivia, lejos de disminuir las áreas de cultivo de coca, las había incrementado. El imperio en su soberbia infinita dijo: “El Presidente (Bush) reportó al Congreso su determinación de que Birmania y Venezuela fallaron manifiestamente en los últimos doce meses en cumplir con sus obligaciones bajo los acuerdos antinarcóticos internacionales y ADOPTAR LAS MEDIDAS INDICADAS EN LA LEY ESTADOUNIDENSE”. Dijo que a pesar del Gobierno de Chávez, seguirá ayudando a Venezuela y sus instituciones es democráticas.

En otras palabras, los Estados Unidos de los Bush quieren imponer democracias al estilo norteamericano y narcodemocracias como ocurre en la Colombia de Uribe y los paramilitares y en Afganistán y su inmensa producción de opio y heroína.

LAS GUERRAS DEL PETRÓLEO Y DE LAS DROGAS

El mundo cambió radicalmente desde el 11S-01. El imperio de Bush declaró la guerra al terrorismo internacional y con ese pretexto invadió a Afganistán en donde derrocó al gobierno talibán pero nunca capturó a Osama Bin Laden quizá porque los Bush y los Bin Laden tienen profundos y fuertes lazos comerciales.

Las guerras imperiales contra Afganistán e Irak son guerras por el petróleo y por las drogas, puesto que donde existen tropas yanquis se desatan todos los vicios al aumentar sustancialmente el consumo de drogas, elevar los índices de prostitución, incrementar las violaciones sexuales, los crímenes de lesa humanidad, las violaciones sistemáticas de los derechos humanos, los genocidios y el placer de destruir los invadidos países, desde sus hondas raíces culturales.

Las guerras imperiales son de agresión para destruir regímenes y gobiernos y para apropiarse de los recursos naturales de los pueblos, pero las guerras acaban también con los valores morales de los pueblos aparentemente conquistados o derrotados.

El último informe anual del Comité Antinarcóticos de las Naciones Unidas, dado a conocer en Kabul, capital de Afganistán, referido a la situación de la producción y elaboración de opio en Afganistán, proporciona datos que refuerzan las tesis del Tribunal Dignidad, Soberanía, Paz contra la Guerra. El Informe, quizá sin proponérselo desentraña el verdadero rol de las fuerzas militares de ocupación de Estados Unidos y de la OTAN tanto en la “guerra contra el terrorismo como en la lucha contra la “narcoamenaza”

El Informe sostiene que Afganistán produce en la actualidad algo más del 90% del opio que se distribuye en el mercado planetario. Desde que el Gobierno Talibán fuera derrocado por el imperio, la superficie de las plantaciones de opio se incrementa anualmente en un 17%. La cosecha de la amapola del opio ha crecido casi en un 34 %, es decir desde 6.1 mil toneladas métricas hasta 8.2 mil toneladas métricas. Por segundo año consecutivo se ha batido el récord en las ganancias de los narcobarones afganos que, en lo que va del año 2007, vieron incrementar sus utilidades en más de tres mil millones de dólares.

En los territorios controlados por el gobierno de Karzay -impuesto y protegido por Estados Unidos- producen el 20% de amapola del opio, en tanto que el 80% restante se cultiva en las provincias sureñas cerca de la frontera con Pakistán, provincias en las que “luchan heroicamente las tropas de la OTAN” contra los terroristas talibán y de Al Qaeda.

Estados Unidos cree que con las armas y los millones de dólares puede hacer lo que quiera, pero se equivoca inclusive al consignar este año unos 100 millones de dólares para el desarrollo del pueblo ubicado en la Provincia Guelmed. Con acierto los periodistas internacionales destinados a esa zona de guerra han advertido que esa enorme suma de dólares sólo servirá para agravar la situación ya que ese dinero será apropiado por los funcionarios locales o invertido en el incremento de las áreas de cultivo de la amapola.

Otra realidad inobjetable es que el gobierno de los talibanes por razones religiosas combatió con ferocidad al cultivo de la amapola. El resultado fue que a finales del año 2001 se había disminuido notablemente ese cultivo hasta bajar de 3.27 mil toneladas métricas hasta 185. Esta situación ha sido alterada bruscamente desde los inicios de la invasión yanqui “para combatir al terrorismo internacional”.

En el año 2002 el crecimiento de la producción de opio y su consecuente heroína suministrada a Europa y Estados Unidos se elevó drásticamente hasta un 1400%, es decir un incremento de 1900 a 2700 toneladas. En el año 2003 creció en más 7.000 toneladas métricas, es decir el 87% del consumo mundial y casi el 100% del consumo en Europa. En el año 2004 el aumento llegó hasta las 12 mil toneladas métricas.

Estados Unidos que “combate tanto al narcotráfico” en teoría, se muestra complaciente con unos dos millones de afganos que están dedicados al cultivo de amapola del opio y su comercialización con el agregado heroína. Además, Afganistán no le permitió al imperio la fumigación de los campos de amapola con el famoso glifosato.
En términos económicos, el cultivo de la amapola del opio y de la heroína le reporta a Afganistán, país atrasado, mutilado, extremadamente empobrecido, la fabulosa cifra de 25 mil millones de dólares anuales, según reportan especialistas en la materia. ¿Cuánto de ese dinero va a Estados Unidos y Europa a través de sus soldados y las mafias internacionales?

Esas cifras demuestran que la “guerra santa” declarada por el gobierno títere de Hamid Karsay en septiembre de 2004, no es más que un lirismo que complace a la europea OTAN y que silencia la complicidad del Viejo Continente en la agresión a Afganistán.

No es de asombrarse de las declaraciones del Gobierno de Kabul por medio de las cuales informaron que los vendedores de narcóticos no serán perseguidos criminalmente con la condición de que inviertan sus capitales en la reconstrucción del país. El Vice ministro del interior y responsable de la lucha contra las drogas Mohammed Daud había declarado: “Nos dirigimos a ellos (narcotraficantes) con un llamamiento de cooperar con el poder para utilizar sus influencias y capitales para el apoyo de la economía del país”.

Los especialistas en asuntos de Afganistán señalan que la narcocorrupción ha contaminado todos los estamentos del Estado y del Gobierno. Los funcionarios y autoridades de Afganistán, privadamente reconocen que cerca del 80% de los empleados del Ministerio del Interior, los jefes de policía y grados superiores reciben ganancias y utilidades del tráfico de opio y heroína. Esa capacidad para asimilar dineros ilegales se observa entre las tropas desplegadas por la OTAN en el país ocupado. Pero ni los países miembros de la OTAN ni Estados Unidos asumen responsabilidades en el negocio del opio y de la heroína y tampoco sancionan a los militares involucrados en el narcotráfico.

El negocio del narcotráfico deja utilidades de miles de millones de euros y de dólares. En esta realidad se podría encontrar una respuesta a una sencilla interrogante: ¿Por qué durante todos los años de agresión y de “lucha antiterrorista” ninguna de la inmensas operaciones militares en Afganistán atacó un solo objetivo del narcotráfico y respetó toda su infraestructura contenida en laboratorios, centros de cultivo y de acopio, depósitos de productos acabados y redes de mercado?

Miles de toneladas de opio y de heroína (el 90% del total del consumo) ingresan a Europa desde Afganistán. Para que ello ocurra se requiere de una gran infraestructura que sea capaz de atravesar montañas y precipicios, cruzar el río Pyamdzh, cruzar fronteras, pasar aduanas y registros. En otras palabras se necesita de canales especiales y sin el adecuado transporte aéreo es imposible llevar la droga a Europa. Es necesario tener un verdadero ejército de gente segura y comprobada en el negocio del narcotráfico y que además cuente con complicidades en las altas esferas de gobiernos, en los grados superiores militares y policiales, en los servicios aduaneros y elevados niveles de organización de las mafias narcotraficantes.

Los servicios internacionales de prensa, incluida la latinoamericana han seguido con interés la propagandizada lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo internacional, desplegada por Estados Unidos. Recordaban que al comienzo de la invasión a Afganistán por las tropas yanquis y por las fuerzas de ocupación de la OTAN se denunció, en varios medios, que el tráfico de heroína afgana hacia Europa, se realizaba en aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y que los puntos principales de trasbordo se localizaban en las bases militares yanquis de Ramshtaine en Alemania Federal y Slatina en Kosovo.

Más aún, se informaba de los roces y disputas entre la policía alemana y los militares estadounidense sospechosos en la comercialización de narcóticos afganos y se denunció una supuesta participación de la CIA norteamericana en la creación del movimiento islamista en Afganistán. Así debe ser, porque la CIA creó, armó, entrenó a Osama Bin Laden y sus terroristas para que asesinen y combatan al Ejército Rojo de la Unión Soviética. Los hechos actuales demostrarían que la invasión afgana resuelta por Bush no estuvo motivada principalmente por el combate a los talibán y al grupo Al Qaeda de Bin Laden, sino fundamentalmente para acabar con la política antinarcóticos impuesta por el Gobierno Talibán.

Estados Unidos, antes de las guerras de agresión desatadas contra Afganistán e Irak y después de ellas, por intermedio de Bush y su secuaces proclamaba que la intención era la de imponer democracias que respeten las libertades y los derechos humanos. Derrocó con guerras genocidas a los Gobiernos Talibán de Afganistán y de Hussein en Irak y trata de imponer gobiernos al servicio de los intereses yanquis en los dos países invadidos; pero en realidad trata de imponer narcodemocracias y petrodemocracias en Afganistán y en Irak; pero sobre las intencionalidades del imperio está la realidad que no admite concesiones: El imperio y la OTAN pierden la guerra en Afganistán, el imperio y sus aliados pierden la guerra en Irak. El imperio y la OTAN están derrotados.

Lo grave y lamentable es que la guerra imperial por el petróleo que derrocó y asesinó a Hussein en Irak, ha desatado viejos odios tribales y étnico-religiosos y que mientras los iraquíes se enfrentan en una sangrienta guerra fratricida, los norteamericanos se llevan, alegremente, el petróleo de Irak, sin oposición y norteamericanos y europeos de la OTAN son felices matando afganos y haciendo pingües negocios con el opio y la heroína. La humanidad es antiimperialista y rechaza las narcodemocracias y las petrodemocracias apadrinadas por el imperio para consolidar sus objetivos de dominación mundial.

Quito, octubre de 2007

TRIBUNAL DIGNIDAD, SOBERANÍA, PAZ
CONTRA LA GUERRA

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