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lunes, 26 de noviembre de 2007

EL REY MANDA A CALLAR Y URIBE CENSURA

Por Adriana Vega

No pierdo las esperanzas pero el Rey mandó a callar y Uribe decidió censurar. Es increíble cómo estos pagados de sí mismos se sobreponen a la razón, al criterio y a la ilusión para caer en su psicópata manía de defender su mundo sin esperanza. Adelanté el resultado en mi artículo titulado “Las anchas espaldas de Chávez” en el que señalé:” Colombia acuciada, agredida y vilipendiada por la narcoparapolitica se mueve en un entorno de narcotraficantes, guerras entre grupos, para militares y fuerzas de choque cuyos crímenes son atribuidos a la guerrilla, condiciones terribles que convalidan el continuismo y perpetúan negocios que benefician al imperio.”

Evidentemente a Uribe, un dechado de “virtudes políticas y humanitarias”, no le interesan los rehenes en poder de las FARC y mucho menos abrir calabozos a los rebeldes presos y con más razón a quinientos. La excusa del presidente colombiano para terminar con la mediación a través del bolivariano Hugo Chávez, dedicado con gran voluntad en alcanzar el canje humanitario, resulta barata, banal y evidencia en sí misma su tremenda importancia y el peligro que Uribe corre si da luz a la intervención. El amo no aprueba.

El mandatario colombiano había nombrado a Córdoba para encabezar, a nombre del gobierno, las negociaciones y autorizó en agosto pasado a Chávez para facilitar las conversaciones con las FARC.

Los familiares de los retenidos y de los guerrilleros prisioneros estuvieron plenamente de acuerdo e hicieron votos porque el litigio se resolviera en el menor plazo posible. No alcanzo a imaginar cómo estarán ahora esos desdichados parientes, amigos, conocidos, aunque desde un principio se veía que desde el gobierno colombiano se ponía trabas ante los progresos, siempre con la disimulada maquinación de dilatar potenciales arreglos. Con la situación enunciada caía de su propio peso que si éste mandatario lograba el acuerdo, su perfil como conductor subiría aún más a la cúspide política latinoamericana, algo demasiado molesto para el gobierno usa americano de George W. Bush.

Si Chávez buscaba compatibilizar puntos de vista, persistentemente aparecía una réplica enérgica y negativa del régimen colombiano. Como buen comediante, y así lo traté en aquel artículo, Uribe se resistió a que Chávez trabara conversación con altos miembros de las FARC dentro de Colombia y amenazó aprehender a Manuel Marulanda, jefe del ejército guerrillero si salía de la selva colombiana para comunicarse con el Presidente Chávez.

Además Uribe trató las intenciones del bolivariano como si fuera el propio enemigo.

Cuando el colombiano autorizó los diálogos, diversas acusaciones lo ligaban a la tropa paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia, encabezadas hasta el dos mil seis por Carlos Castaño, cuyo cadáver fue encontrado e identificado en agosto, quien a su vez cometió junto a su agrupación masivos asesinatos, conocidas actividades en el narcotráfico, secuestro, extorsión, masacres y torturas, además de vínculos con reconocidos políticos colombianos y el objetivo de ganar poder político y militar en el país.

La expectativa del acuerdo con las actuaciones de Paredes y Chávez, borraron las constantes denuncias de las relaciones Uribe-Paramilitares.

Sin embargo, las conversaciones avanzaban no sólo a nivel regional, sino internacional y el presidente venezolano recibió la reválida de organizaciones mundiales y de algunos presidentes, entre ellos el francés Nicolás Sarcozy.

El substancial aliado de Estados Unidos en América Latina es el gobierno colombiano de Álvaro Uribe. Hugo Chávez es de los primordiales enemigos de la Casa Blanca, al que ésta intenta deponer por cualquier vía, incluyendo el asesinato.

Washington fiscaliza su poderío a través del Plan Colombia, que ni remotamente ha combatido el tráfico de drogas sino más bien lo ha incrementado y permite la permanencia de cantidad de militares norteamericanos en esa nación.

La decisión de suspender las negociaciones sin una consulta previa fue un acto de siniestra burla para todos los implicados justo en un momento en que las conversaciones se estaban flexibilizando. No se podía de ninguna manera permitir que Chávez profundizara sus méritos internacionales.

La orden de aliviar sus anchas espaldas no vino de una movilización colombiana ni de la solidaridad de los pueblos Latinoamericanos. Llegó rápida y directamente de Estados Unidos, funcionando Uribe como el mejor mayordomo al que puede aspirar la casa Blanca. Amigo y de fiel empeño es el perro... con su dueño.



ADRIANA VEGA

ACUJOMA