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martes, 7 de junio de 2011

Milicos y tupas un nuevo libro de Leonardo Haberkorn.

Publicado en la revista SURda

Nuestra opinión

La interna militar se rige por un caos organizado a través de las jerarquías en función. Siempre ha servido a los poderosos, y seguirá sirviéndolos hasta que sea destruido militarmente. Eso hay que tenerlo claro y no olvidarlo nunca.
Para desgracia de Alvaro Rico y otros prominentes intelectuales comunistas la bibliografía sobre los tupamaros crece. Ellos harán sus esfuerzos y construirán los equipos de investigadores de una nueva generación de universitarios capaces de dar vuelta esa situación que creen no refleja la realidad histórica nacional. Pero están un poco como la tortuga y Aquiles, por mas que la tortuga camine, el semi-dios de los “pies ligeros” siempre la aventajará. No comprendieron el “potencial del nacionalismo revolucionario” dirá (como dijo) Vladimir Turianski.
Tomar las armas contra el gobierno está entre los platos fuertes del imaginario popular. Lo hizo Artigas, lo hizo Timoteo Aparicio, lo volvió a hacer Aparicio Saravia. Todos ellos fueron derrotados pero su gesta vive y pervive en “la otra historia” que no es la oficial que hacen los gobiernos ganadores. Todos ellos, además de derrotados, fueron traicionados. Artigas por la oligarquía de comerciantes “fuertes” de la plaza de Montevideo y los grandes latifundistas coloniales. Los otros por los “doctores”.
El denominado “Honorable Directorio” de cierto partido sigue siendo la cueva desde la cual reaccionarios notorios con titulo universitario y políticos aspirantes a la corrupción que los enriquezca se atrincheran. Todos ellos tienen que rendir homenaje a los caudillos populares que traicionaron (ellos, sus padres y otros entenados) y así se verá a un Lacalle Herrera y otros ponerse una golilla blanca para fungir de populares ante las masas a las cuales después desde el gobierno condenan a la miseria mientras ellos con sus políticas de ventas y privatizaciones se enriquecen ilegalmente. En el otro partido burgués del Uruguay, el gubernista colorado, sus iconos son el Gral. Rivera o un Venancio Flores que en materia de volteretas y entregas, de malas administraciones, de robos al erario público, con creces les llevan la delantera. Solo una persona de ese partido se levanta sobre ese marasmo de políticos corruptos, doctores idem y una serie de administradores públicos que deberían estar en la cárcel y sus bienes mal habidos confiscados: Jose Batlle y Ordoñez. Fue un hombre que hizo su época, un liberal burgués, y fue un triunfador, pero no por eso dejó de acecharlo la traición de sus mismos correligionarios de partido.
El Ejército nacional que no es heredero del “pueblo en armas” es el reducto de los profesionales de las armas que nace con el estado moderno. Ha sido siempre sostén del “orden” injusto que perdura. Su “interna” se dice se rige por otras reglas que “también se dice” son un misterio para los civiles o ciudadanos de a pie. Todo eso son pamplinas. La interna militar se rige por un caos organizado a través de las jerarquías en función. Siempre ha servido a los poderosos, y seguirá sirviéndolos hasta que sea destruido militarmente. Eso hay que tenerlo claro y no olvidarlo nunca. El que crea que estas observaciones son el producto del “ideologismo” no tiene más que hacer que ir a las profusas “memorias” de los oficiales y comprobarlo. En los últimos tiempos y producto del caos que introdujeron con su dictadura, esas memorias, testimonios y entrevistas forman un cuerpo nada despreciable que ilustra claramente esta perspectiva que hemos pretendido sintetizar más arriba.
“Milicos y tupas” refleja ese sustrato histórico que hemos esbozado, pero su tema principal, la preocupación que lo originó es otra. En su origen esta una cuestión central, más que encomiable: la des-mitificación del fenómeno del viejo MLN-T.(1)
Una parte notable de la juventud uruguaya decidió en determinado momento tomar las armas. Se volvía a intentar el ciclo de las rebeliones populares armadas que había sido “solucionado” en Masoller. Y eso siempre ha sido un grave peligro para los que a la sombra de la “legalidad” no pueden demostrar “dignidad arriba”. Sus privilegios, sus robos, sus latrocinios cotidianos, quedan expuestos y no hay como salir del brete. Hay que reconocer los problemas sociales acuciantes que nunca se solucionan, pero que intentan disfrazarse bajo el genérico membrete de “estado de derecho”, la comedia democrática de las “elecciones regulares” y ese parlamentarismo de mentiras y mentirosos que son mantenidos a cuerpo de rey por el país entero.
Cuba indudablemente inspiró aquel esfuerzo generacional y , particularmente, dentro de Cuba un extranjero Ernesto “Che” Guevara fue una figura de una integridad moral indiscutible y de una valentía personal capaz de compararse con los grandes héroes de la historia latinoamericana que hicieron la guerra contra el poder colonial español. Siendo además un intelectual, que abrazaba la causa de los explotados, se sintetizaban en él una combinación social más que peligrosa para el orden instituido. La inteligencia y las masas pueden constituir un polo que derrumbe el orden capitalista dependiente establecido.
En Uruguay aquel primer esfuerzo se saldó con una derrota. Y es de lo que pasó antes de esa derrota e inmediatamente después que trata el libro de Haberkorn. Un militar y dos civiles son los testigos principales del autor. Pero circulan en él otros, que estuvieron en los mismos lugares y que son por lo tanto testigos de que lo que allí se afirma no son inventos de periodista, ni salen de la fantasía. El libro es un clavo más en el ataúd de las mistificaciones con respecto a aquella gesta. Mistificaciones que han sido propagadas por algunos de los jefes tupamaros más notorios para la opinión pública y mantenidos en el candelero, como si lo siguieran siendo, cuando evidentemente no lo son.
Tanto Armando Miraldi como Carlos Koncke pueden caracterizarse como militantes de la base de la organización. Representan por tanto la voz de los que en el debate público no se escuchan, ni se oyen. A esos “servidores” modernos, que no son los “fogoneros” o “negritos” que levantan otros ,hay que tratar de sumergirlos en el silencio. Esa gente “no existió”, no deben existir porque si hablan se viene abajo todo el castillo de naipes de mentiras establecidas. Sin embargo son cientos, sino miles, y por suerte viven todavía. Es el drama personal del Eleuterio Fernández, de Julio Marenales, de José Mujica las figuras más notables del fraude oficial instituido. Ellos han promocionado a otros: una delatora reconocida por muchos es hoy senadora de la República, un alcahuete es el depositario de un archivo documental aportado por los militantes y del cual él se apoderó y lleva el nombre de “fondo” documental con su nombre. Un cierto diputado que también fue delator y compro con dineros comunes su libertad es el “salvador del gobierno y del presidente” en el reciente debate parlamentario del 19 de mayo. Otros figuran como comparsas periodísticas editorialistas en el diario de Fassano. Y podríamos continuar con la lista de la infamia. Son los héroes oficiales del sistema y su séquito de escuderos y palafreneros. Todos saben que sostienen mentiras pero están unidos por esa extraña mezcla de la complicidad, la sumisión y la comodidad.
Desde el otro lado (no vamos a hablar de trinchera, porque seria solo una muletilla y un exceso) está un hoy coronel retirado Agosto. El también conoce la historia, la vivió y conoce muy bien la “interna” militar. En consecuencia esta calificado para dar su testimonio. Es…”un torturador” dice cierto editorialista-escudero de cierto senador renunciante. Es cierto, pero también es cierto que no todos los oficiales eran sádicos torturadores. Ni ellos ni los milicos. Y más de uno de ellos se comportó decentemente. O ahora solo Mujica tiene derecho a decir que alguna vez “comió un huevo” y hasta tomó “una grapa”? El problema no esta en estos oficiales, clases y soldados decentes, el problema está en la institución militar. En la jerarquía de los Cristi, los Vadora, los Alvarez, los Ballestrino y las bestias menores a los que soltaron de la correa para que campearan en el sadismo, las crueldades las violaciones y los asesinatos. En los “pajarito” Silveira, en los Gavazzo y otros miserables .(2). Todos ellos además “se desataron” después de la derrota nuestra. Son los “guapos” de la impunidad.
Todos ellos estuvieron ligados en la fase muy corta que vá desde el 14 de Abril de 1972 a los meses previos al fin de ese año 8 meses escasos de campaña. Todos ellos tienen un denominador común: se les desmitificaron las jerarquías y en cambio vieron surgir resplandecientes el coraje, la valentía, la inteligencia y la hombría de los militantes. Hombres y mujeres. El drama del viejo MLN-T es que tantos hayan sido dirigidos por un puñado miserable de jefes ineptos. Los mismos que con malas artes siguen ocupando los cargos de jerarquía de los sellos tras el cual se parapetan.
A Armando Miralles le pidieron su equipo de buceo (para comenzar) para supuestos planes que nunca se concretaron. A Carlos Concke lo fueron a buscar a Perú para “aportes” en el tema reforma agraria que nunca se concretarían y el mismo que lo fue a buscar contribuyo eficazmente a su delación. Esos eran los laderos de los jefes. Así hicieron con todo, automóviles legales que “quemaban” irresponsablemente (el veterinario Gigena), locales que ocupaban para después arruinar con sus liberalismos particulares. Recursos que otros conseguían al precio de arriesgar sus vidas y que ellos dilapidaban alegremente. Contactos que sacrificaban por puro irresponsabilidad violando las mismas reglas de seguridad y compartimentación que ellos habían impuesto. Delaciones sin cuento de todos los responsables que ellos coaptaban e imponían sobre los grupos sin consultar a los mandados.
El relato de todos esos desaguisados los jefes los conocieron siempre. Les hablaron confidencialmente muchos que tenían su confianza particular. Se escribió en informes. Se registró de mil maneras y del mismo modo se silenció celosamente. Era material que los involucraba, que los juzgaba y que los condenaba a todos ellos. El coronel torturador Agosto puede referirse a los sadismos particulares del hoy general retirado Pereira que hacia venir a los cadetes corriendo para que se estrellaran contra el vidrio transparente tras el cual él estaba. Pereira era el responsable del bienestar de esos cadetes, de su correcta formación y la dilapidaba de esa forma ejerciendo su despotismo particular de jerarca. Es el mismo que ha negado que la fotografía de este año de Caras y Caretas (febrero del 2011) lo involucre como lo muestra gráficamente la fotografía como un fascista y un nazi confeso a las órdenes de Balestrino. Pero… eso que hace Agosto, cuando se ha escuchado que lo digan los Tupamaros? Que lo reconozcan?
En los momentos previos a su renuncia del Senado (e inmediatamente después cuando vinieron los periodistas) el senador (entonces) Eleuterio Fernández mencionaba las llamadas telefónicas que le hacían miembros individuales de las logias militares a su despacho. Pero cuando Jorge Zabalza publicó su libro “Cero a la izquierda” lo tratá de “buchon” y al escritor que lo hizo de “agente policial”. Decían lo mismo que él después alegremente reconoció públicamente. La prensa burguesa y la oficialista mantuvieron un comprometido silencio. A sus sirvientes los protegen …con el silencio piadoso. Lo mismo puede decirse de José Mujica que ahora dice que lo hizo porque había que “conocer” a los que se desconfiaba. Esos son los “jefes” que condujeron al despeñadero a miles!!!!
Un capítulo aparte merece el episodio de Roque Arteche. Fue un ajusticiamiento y a la vez un crimen. No se analiza sin embargo, como un delincuente común se promovía dentro de la organización revolucionaria ni por orden de quién. Son misterios que aún ocultan ciertas jerarquías. Una parte muy importante de las fechorías innumerables que los acriminan y que también hay que negar y ocultar mientras se pueda. Lo usaron (o los usó) y después lo ajusticiaron, cuando se había acordado sacarlo del país. Otro es el del “responsable” que se entregó con colchón y todo en la Jefatura de Policía y desde allí lo enviaron a solicitar lugar en Artillería 1 y allí marchó el hombre de colchón al hombro!!!! Otro la gestión miserable de Cámpora en las negociaciones. Otro la participación (dice que como observador) de Eleuterio Fernández en las torturas a otros detenidos en el Florida por ilícitos económicos. Son episodios que pertenecen al archivo de la miseria humana representada por los mismos jefes que condujeron las negociaciones.
Leonardo Haberkorn con este y su libro anterior hace una contribución a la desmitificación de lo que realmente sucedió. Apunta indirectamente a las bases militantes que aún están en el MPP y también a la masa de jóvenes de las nuevas generaciones. Deben saber todas estas cosas –narradas por sus mismos protagonistas- porque mañana podrán estar envueltos en estos mismos problemas y hay que estar preparado física y mentalmente para superarlos.

(1)Decimos des-mitificación y decimos del “viejo” MLN-Tupamaros por motivos que hemos expuesto mucho últimamente en estas páginas de surda.se. La mistificación ha estado a cargo de algunos de los más notorios jefes tupamaros que sustituyeron a Raul Sendic. Fue posible, además, luego de su desaparición física. Eleuterio Fernandez es el principal de esos mistificadores. Julio Marenales se ha incorporado a esa mentira “jefaturial”. Y algún “referente” que nunca fue jefe, el actual presidente José “Pepe” Mujica, es su intérprete político que mas lejos ha llegado. La burguesía uruguaya sabe perfectamente que son falsos los libros que escriben, sabe además –por otras fuentes- que mienten totalmente, pero los apoya, les dá prensa y les concede espacios en la televisión porque les sirven. Nunca ha sometido –y vaya si tienen intelectuales que podrían hacerlo!!!- sus afirmaciones a la acción crítica del análisis. Nadie vaya a creer que es una casualidad. Lo importante para la burguesía es aplastar el hecho de que civiles se hayan levantado en armas contra gobiernos civiles corruptos. Esa es la raíz revolucionaria que hay que extirpar del imaginario popular. Ese es el ejemplo del militante social Raul Sendic, que opinan no hay que seguir porque amenaza sus posiciones, sus riquezas, los robos que han hecho durante múltiples generaciones. Ahí esta el peligro y no en estos “epígonos” lamentables, que en realidad son traidores a la causa de la emancipación de la clase obrera y el pueblo trabajador.
(2) Ilustra muy claramente lo que estamos afirmando, porque las cosas están concatenadas, el esfuerzo periodístico de “La República” (que todos saben dirige Fassano) de hacer la comedia del sensacionalismo de la entrevista de Zaffaroni (la victima) con el “pajarito” Silveira en los momentos previos a la votación parlamentaria del 19 de mayo. Surda.se se ha referido al tema en algún editorial pasado, pero las razones de espacio impidieron señalar lo que es obvio: la impostura del sensacionalismo que es parte del esfuerzo por bagatelizar todo, contribuir al esfuerzo gubernamental de que no haya justicia y embrutecer la cabeza de los ciudadanos. Que “La República” ha incorporado a su plantel redaccional a Eleuterio Fernández no es un hecho menor. Todos ellos están jugados a “quemarnos la cabeza” a todos. Ha tratar de imponernos la mentira oficial como verdad indiscutida.